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Full text of "1975: Año De La Orientalidad"

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ISABELA COSSE • VANIA MARRARIAN 


1975: AÑO DE LA 



historia 

ra 


Identidad , memo 
en una dic 



Isabela Cosse • Vania Marearían 


1975 : Año de la Orientaudad 

Identidad, memoria e historia 
en una dictadura 


Ediciones 

TRILCE 


Contenido 


Ilustración de carátula: 

variaciones sobre Juramento de los Treinta y Tres Orientales 
Juan Manuel Blanes. 1877. 


C 1996. Ediciones Trilce 
Casilla de Correos 12203 
11300 Montevideo. Uruguay 

Durazno 1888 

leí. fax 159821 42 77 22 y 42 76 62 
Email: lr1lcc®chasquc.apc.org. 

Catálogo: htpp: //www.chasquc .apc.org/ trilce 


ISDN 9974 32 142-5 


INTRODUCCIÓN .7 

i. El poder de la historia.—. 10 

1. La patria en debate .10 

2. La clausura del debate .14 

3. Las festejos históricos . 18 

4. La ~orientaltdad m .21 

II. La historia en la vida cotidiana.26 

1. Golpistas y publicistas.26 

La campaña de la CNH5. 28 

Las campabas militares .31 

2. De mano en mano .34 

3. Recorridos y paisajes históricos .38 

Treinta y tres Individuos en el paisaje .39 

La conservación del pasado.41 

Un lugar en el mapa.44 

El sitial del Compadre.. ..48 

Los héroes de la década.52 

Un legado de cemento.54 

III. La historia en su lugar ...56 

1. Vitrinas y anaqueles para el pasado ..56 

2. Una nación expuesta .58 

3. Los despojos del héroe .63 

IV. En busca de apoto».69 

L. El pueblo oriental .69 

2. Redes locales .74 

3. COn ánimo folclórico . 78 

V. Cívicos t militares .84 

1. Glorias militares ~ .84 

El espejo del coronel Latorre. 84 

"Sangre fresca". 91 

De los cuarteles al gobierno.94 

2. Un asalto a la cultura .99 

Armas doctrinarias.99 

Libros, músicos e historiadores.104 

Entre lineas.107 

Las letras nacionales.110 

VI Loh baldos de un Aflo histórico ...114 


Motil .• i® 

Bibliografía ... 131 

Puenirn ....133 












































AgmrteCemoH: 


A (h'rttrdoCactcmo. con quien pensamos y discutimos este proyecto. 
F» mi t nqflonza y apoyo. 

A Jonfi Pedro Burrán. Ana Fregó. Esther Ruiz, Lucia Sala y Carlos 
/n iHllugn que examinaron con atención versiones anteriores de este 
itulMifo y nos ojrccieron sus valiosas opiniones 

luí ayuda de Cortos Demasi que comentó esta investigación y 
rescAvió Innumerables problemas. 

txi paciencia de Hugo Achugar que nos ayudó a mirar. 

A Femando Devoto por sus opiniones críticas y sus recomendado 
nos. 

Et impulso y los sugerencias de Pablo ¡tararí. 

A César Aguiar. Pómulo Cosse. Juan Grompone. Selva López y 
Alvaro Rico por su buena disposición para dilucidar las más diversas 
iludas y preguntas. 

A Leandro Delgado por leer atentamente estas páginas, por haberlas 
hecho más comprensibles y precisas. 

A (ocios losjúncíonartos de la Biblioteca Nocional y de la Biblioteca 
de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. A los 
funcionarios del Conseja de Educación Secundaria. 

Al Centro de Estudios InlerdíscípUnaríOS del Uruguay (FHCEf por 
ftermUinxos acceder a su valtosa documentación. A Norali y Silvia. 

A Jamiliares y amigos, por ayudarnos a salir de 1975. 



A Gustauo, Leny. Roberto y Silvia. 

nuestros padres 






Introducción 




Durante la transición y sobre todo en las primeros años de democra¬ 
cia. el interés por la dictadura conmovió a la sociedad uruguaya En 
aquel momento predominaba la necesidad de compartir públicamente el 
sufrimiento y los dolorosos testimonios de una década de autoritarismo 
Esa necesidad se reconocía romo un tema de profunda proyección 
política para la restauraeión democrática. La validación electoral de la 
impunidad para las crímenes cometidos por el gobierno dictatorial abrió 
una época de silencio. En efecto, durante los años posteriores a 1989. 
prácticamente se dejó de hablar de la dictadura. En los últimos años, a 
dos décadas del golpe de Estado, los uruguayos volvimos a mirar hacia 
esos tiempos difíciles. Una vez más. el imperativo de la memoria hizo del 
pasado dictatorial una preocupación para la colectividad toda En cierto 
sentido, la historia de las períodos cercanos se construye siempre bajo 
la presión de la memoria Pero esto se agudiza cuando se trata de sucesos 
que marcaron hondamente la vida personal y social. 

En agosto de 1993, realizamos una investigación sobre la relación de 
los montevideanos con la historia nacional en base a una encuesta de 
hogares y varias entrevistas colectivas En ese entonces, la dictadura fue 
mencionada espontáneamente como el peor momento del pasado propio 
por la mayoría délos entrevistados, argumentando que habla atacado los 
valores sociales más apreciados. 1 A parUr de estos resultados, comenza¬ 
mos a interesamos por la visión de los uruguayos que no vivieron las 
experiencias más dramáticas del autoritarismo. Pensábamos que las 
“fracturas de memoria" de las que hablan Maren y Marcelo Vinar no se 
relacionaban solamente con las violaciones de los derechos humanos. 2 
Se vinculaban también ron gestos cotidianos que afectaron, entre otras 
muchas cosas, la relación de la comunidad con su pasado. 

Esta percepción nos condujo a preguntamos por la escena pública 
durante la dictadura, por las medidas que afectaron a los habitantes del 
pais más alia de su posición frente al régimen. Desde una preocupación 
por la memoria social, nos centramos en las políticas de celebración 
histórica del gobierno instaurado en 1973. Más precisamente, estudia¬ 
mos el programa de conmemoraciones de los ciento cincuenta anos de 


7 


la Cruzada Libertadora* •• rr.dlmdo durante 1975bajoel rótulo de“Añc de 

la «>i in d.illdul •* 

A lo lar 40 ti»* lo* meses dr investigación. recibimos tantas interpreta 
• del período ( fimo personas supieron del Lema. Sucede que los 

nía di , <*liirnv> autoritario siguen gravitando en la memoria personal 
y mlr< Itva Aunque seguramente no significan lo mismo para quienes 
mUi» m « uulU i me*de recordar con precisión que para quienes asocian 
ral. «n 1 ecuerdo* a la historia de sus mayores Erlc Hobsbawm sostiene 
que litiy una zona de penumbra entre la historia y la memoria: entre el 
luí?» \tk> como un registro general abierto a un examen más o menos 
Impar* lal y H pasado como parte recordada o experiencia de nuestras 
vltliiH. Paro los seres humano» individuales esa zona se extiende desde 
el punto donde comienzan las tradiciones u memorias familiares [...| 
hasta el Un de la infamia, cuando se reconoce que los destinos público 
y privado son inseparables y se determinan mutuamente (...) siempre 
existe esa tierra-de-nadie en el tiempo. Es la parte de la historia cuya 
comprensión es más ardua para los historiadores, o para quien quiera 
que sea ”. 3 Para quienes escribimos este trabajo, la dictadura pertenece 
inequívocamente a esa ‘zona de penumbra". Seguramente, este libro es 
también un intento de dar sentido a lo vivido en nuestra infancia. 

Las páginas que siguen describen la parafemalia patriótica que 
saturó la escena publica y analizan el uso político de la historia durante 
1975. En esc año, desfiles, actos y arengas nacionalistas fueron promo¬ 
vidos como instancias de comunión en sustitución de los lazos sociales 
abolidos. Al disolver las formas tradicionales de organización política y 
social, el gobierno dictatorial buscó durante sus primeros arios confor¬ 
mar espacios alternativos de ratificación. En esc contexto, las conmemo¬ 
raciones históricas contribuyeron a encauzar la búsqueda de apoyos y 
la necesidad de controlar las manifestaciones públicas. En ese mismo 
sentido, las diferencias en la interna gubernamental encontraron en la 
historia un medio de expresión. Más específicamente, la pulseada entre 
los mandos militares y el presidente Juan María Bordaberry —resuelta 
con su deposición en junio de 1976— estuvo continuamente presente 
tras los festejos históricos. 

Pero este enfoque busca trascender una lectura demasiado apegada 
a los avalares políticos coyunturales. Intenta inscribirse en la más larga 


duración de las tradiciones nacionales, en sus continuidades y rupturas 
a nivel historiográfico y político. 

En la primera parte, se presenta una introducción a las modalidades 
de relación con el pasado que caracterizaron al país hasta y durante la 
dictadura y se describen globalmente las medidas de celebración histó¬ 
rica de 1975. A continuación se muestra la presencia de la historia en 
la vida diaria: las modalidades publicitarias, los objetos de uso cotidiano 
y las modificaciones del entorna físico. En un tercer capitulo se presen¬ 
tan las políticas destinadas a los ámbitos de conservación y exhibición 
del patrimonio histórico nacional. Por último, se abordan las proyeccio¬ 
nes que las celebraciones tuvieron en actores y sectores sociales, 
prestando especial atención a las iniciativas locales, las relacionadas con 
las Fuerzas Armadas y los espacios de la cultura. 

En resumen, esta investigación Indaga en los esfuerzos de los 
sectores dictatoriales por reformular los contenidos y modalidades de la 
identidad nacional De este modo, quisiéramos contribuir a estudios 
posteriores que atiendan al proceso mucho más complejo de relación de 
la sociedad con su pasado cercana. Intentamos evitar la simple valora¬ 
ción demoníaca del período y empezar a preguntarnos por el Uruguay en 
que fue posible el golpe de Estado. Con esa intención, nos propusimos 
acercarnos a una época que conocíamos desde una perspectiva familiar. 
No sabemos si hoy es posible un relato del pasado que Integre esos años 
difíciles a la memoria colectiva, que los vuelva parte del pasado que el 
grupo identifica como propio En cualquier caso, la narrativa histórica 
es sólo una forma tangencial de asimilar el impacto de un pasado 
traumático. 


• Cruzada Libertadora: movimiento encabezado por Juan Antonio Lavalleja contra el 
Imperto de Brasil; los •patriólas’ partieron de Buenos Aires y desembarcaron en el actual 
departamento de Soria no el 19 de abril de 1B25. desde donde Iniciaron la campada 
milItur que puso fin n la dotrJnnclón brasileña 

•• Originalmente. este trabajo fue realizado para cumplir oon las exigencias currlcularc» 
|mi .1 la aprobar uki del curso de Historia del Uniguay III y del Seminarlo de Historia de 
Ir Historiografía dedicado al estudio de la 'Historiografía uruguaya dd incdlo siglo 
111)40 19901“ ararRorielosproíesare»EstherRulzyCariosZuMILag<i.te*|»ertlvamrrite. 


V 


a 


I. El poder de la historia 


I Jm patria rn debate 

i i . u* micción de toda identificación colectiva supone el señala 
mi» uto ti»■ i k ilos momentos especiales que condensan las razones de 

• *.t oí |iiiv La elección de esos "tiempos fuertes - refleja una valora- 
non sobre rl plisado que la colectividad reconoce como propio y 
li unían*' A través de esta operación de selección, la memoria de un 
1*1 i| " ilumina ciertas zonas y olvida otras. La liturgia patriótica expresa 
rl *ii nUmlrnlo nacional <{ue id Estado requiere como sustento tic su 
ui iid.i I poUticu. Poi eso. los festejos y símbolos nacionales representan 

1.1 < omurvlón entre gobernantes y gobernados. A su vez. esta "religión 
Ion . 1 " vitualla a las personas con una serie de valores trascendentes que 

proponen como fundamento de la existencia colectiva. Pero, además. 

1.1 propia modalidad de institución del calendario de celebraciones puede 
•M-r indicio de la sociedad que en él busca proyectarse. 

En el Uruguay de comienzos de siglo, los trámites de definición de 
i hiis fechas parerieron caricaturizar formas usuales de construcción de 
I »'% t eferentes de identificación nacional. Al aproximarse el centenario del 
25 de agosto de 1825. se asistió a la controversia sobre el hito que debía 
simbolizar el nacimiento del pais independiente.• Las definiciones y 
expectativas que se pusieron en juego en esta discusión derivan, al 
menos en parte, de las propias conmemoraciones nacionales. Fierre 
Nora explica que ellas "ofrecen el registro completo de las tensiones y de 
las contradicciones que habitan toda conmemoración, tensionadas 
entre la conciencia de la distancia y la voluntad de aboliría, entre Ih 
espontaneidad festiva y la institución que la regla, entre la conservación 
anquilosante y la apertura al porvenir, entre la fidelidad al mensaje y su 
adaptación al presente". 4 

En el país de los años veinte la discusión se instaló en el ámbito 
legislativo. Las cámaras, soslayando la definición oficial de una única 
fecha, terminaron votando resoluciones contrapuestas. De este modo, al 
mismo tiempo que se propiciaba la conmemoración del 25 de agosto de 
IH25 y la del 18 de Julio de 1830, se dejaba abierto el debate sobre su 
significación en la historia nacional.** En esta polémica se manifestaron 
< lile r rn tes valoraciones del proceso independentista y de sus protagonis - 
las m función de las perspectivas de los partidos políticos. 5 

• J*> fie ikkwI'i r le 1825 mmkni de tu Asointiteu de Representantes en la Florida, donde 

•• aprobaron Ins Arta* de declaración de la independencia, de unión y de iuscj del 
|i*lirllmi dr tai» l*rovlmln‘» Unida* 

•* iM.lff/iWfcul* IH¿Mi iiiramento déla primera Cana murtón uruguaya en ta Iglesia Matriz 
• Ir Mmievlcleo. el trato Imbuí sido redactado por la Asamblea Constituyente constituida 
m I ftiM y aprobado par brasil y Argentina cf 27 de mayo de 1830, según k» establecido 
|m>» i,* i i nvriu lón Preliminar de Par que diera nacimiento al nuevo Estado. 


Pero la divergencia de opiniones permeó las implicancias partidarias 
del tema, revelando el antagonismo entre tesis historlográficas. En líneas 
generales se puede distinguir dos corrientes de opinión: la llamada 
postura " nacionalista" o “independentista clásica" y la denominada 
"unionista" o “disidente". La primera sostenía la existencia completa de 
un sentimiento nacional hacia 1825. forjado desde tiempos coloniales y 
afianzado durante el artiguismo La segunda descreía de la predestinada 
independencia de un territorio cuya configuración estatal se explicaba 
por una diversidad de factores, enfatizando en el federalismo artiguista 
y en la concluyente influenc ia inglesa. Sin embargo, la escisión partida¬ 
ria y la lustonográfica no necesariamente determinaron la superposición 
de los bandos en disputa. De este modo, en 1923 hubo colorados 
afiliados a la tesis “nacionalista", así como más tarde no pocos blancos 
se adhirieron a postulados de la “disidencia ". 0 

Tales discrepancias correspondían ciertamente a legados culturales 
y partidarios disimiles que se expresaron, según Carlos Real de Azúa. en 
“una causalidad de coyuntura' que no puede desglosarse, empero, de un 
ánimo general, colectivo, de peculiar seguridad y confianza en las 
posibilidades del pais virtualmente desconocida por las generaciones 
orientales de la centuria anterior ". 7 En otras palabras, la polémica surgió 
en un pais que disfrutaba una estabilidad inédita. Se vivía el afianza¬ 
miento de la modernización política y social que ambos partidos habían 
colaborado a consolidar Y no es menos cierto que esas vertientes 
continuaron modelando las perspectivas de la historia nacional y 
contribuyendo a renovar los interrogantes aJ respecto. 

La distancia entre la discusión parlamentaria de esa época satisfecha 
y la vía que se asumió oficialmente al conmemorar el “Sesqulcentenario 
de los Hechos Históricos de 1825", evidencia hasta qué punto el pais 
había cambiado sus formas de dirimir los pleitos. Pero muestra también 
la perdurabilidad de ciertos dilemas que. en contextos muy distintos, 
volvieron a instalarse en la sociedad uruguaya. Este es el caso de la fuerte 
incidencia de los ámbitos políticos en la consolidación de una narrativa 
histórica, relación que atraviesa y signa ambos momentos. Mientras en 
el Uruguay democrático, la polémica involucró los diferendos partidanos 
sobre los contenidos de la historia nacional, el pais de la dictadura 
aproveclió el calendario para intentar una fundamentación histórica. 

Entre d centenario y eJ sesquicentenario de 1825. la controversia 
sobre los orígenes de la nación y la consolidación del Estado nacional no 
estuvo ausente. Aunque los festejos oficiales de 1930 mostraron la 
decisión gubernamental de prionzar el 18 de julio, d 25 de agosto fue 
progresivamente afianzándose en el espacio oficial mediante la inmode¬ 
rada insistencia de manuales, monumentos y discursos. Al mismo 
tiempo, se afianzaba una representación dd pais que Gerardo Cuctano 
denomina “imaginario integrador". es decir, una autoperccpción cuyos 
contenidos fundamentales «man “una matriz democrático pluralista ih* 


I I 


H) 


I .i • |m 1 i l« nuil ». iiiiíi rrtvtmlir arlan del camino reformista que se 
«■* • i • in Im lu n -i i- a la antinomia conservación-revolución; la 
i i iiimi iu iiiImiiii rl c (miñopo]iUsmo de perfil eurocéntnco. el culta a la 
. > • . |m i. nuli Im I ni i ignava' m el concierto Internad onal y fundamental 
i■ u nir -i» iiim de America I-atina; la exaltación del legalismo. entendido 

• "in • rl i rn|;rio ui rstruio a las reglas cié juego (contenido y forma del 

... i 11 n I.iiI.ii in|. el tono optimista de la convivencia y el destaque 

■I'* Ion valorra ilr seguridad |...]". d En consonancia con esla imagen, se 

il> i p« lul’.i el posado nacional, realizando una lectura que sólo se 

• i upóla de los acontecimientos y personajes para dar cuenta del 
l»n igirstvii avance del país hada tal situación de bienestar y confianza. 

El teníanlo Intentó promover una ruptura en esta representación 
mediante lo que Caetano llama una "ofensiva antibatllista". El asedio 

< mili.» lu ‘identidad simbólica del proyecto innovador" fue articulado en 
tiu no .1 dos grandes ejes. Por un lado, se reivindicó el “destino rural" del 
p ün. n través de una recurrente invocación al concepta de “Patria" y al 
ai tlguismo. Por otro, se atacó la visión cosmopolita del periodo anterior 

< < ni una "c .imparta de odio contra el extranjero" de difícil difusión en una 
*«w i edad con tan alto porcentaje de inmigración reciente. 8 Como plantea 
r.slhrr Rute, el gobierno tenista estimuló un “nuevo patriotismo’ me¬ 
díanle la “celebración de las efemérides con grandes concentraciones 
cívico militares". Esos eventos buscaban dar popularidad ai régimen e 
imponer una concepción conservadora de la nacionalidad frente a la 
tradición batlllsta. 10 

A pesar de su virulencia, la prédica del tonismo no logró desmontar 
totalmente la imagen del país consolidada en las décadas anteriores. Sin 
embargo, puede afirmarse que el impacto de la nueva conjunción de 
patriotismo y xenofobia contribuyó a afianzar una concepción de la 
nacionalidad que descalificaba la disidencia. De allí en más cada época 
impuso sus tonos distintivos pero la parafemalia estatal mantuvo una 
insoslayable presencia en las conmemoraciones patrióticas Al tiempo 
que se instituía la celebración periódica, se uniformizaban los progra¬ 
mas y se iba diluyendo el tono festivo que habían tenido en las primeras 
décadas del siglo. 

Consolidado el calendario oficial de celebraciones, la discordia histó¬ 
rica sr fue desplazando desde la puntualidad de las fechas hacia la 
reflexión sobre las circunstancias globales del nacimiento del pais 
Independiente. En este sentido, durante las décadas de los cincuenta y 
sesenta rulos interrogantes asumieron el carácter de preocupación 
milltunlr pura la generación llamada “del 45" o “de Marcha". Para esta 
generación, el señalamiento de la crisis se convirtió en el detonante del 
i ueiUonamicnto de la viabilidad del pais. Asi. una percepción critica del 
i i espine y una revisión del pasado derivaron en una propuesta removedora 

• ir las |nrHnpur»tos del Uruguay anterior al cincuenta. 

Mientras los sectores populares y la intelectualidad latinoamericana 


eran conmovidos por la derrota poli tica de las experiencias nacionalistas 
y por el triunfo de la revolución cubana, se comenzó a perciba la crisis 
de un modelo que hasta entonces habla parecido exitoso. La conilictividad 
sindical, el descontento social, el descenso de los precios internacionales 
de loa productos uruguayos, las dificultades en los mercados extranje¬ 
ros. los primeros signos del estancamiento industrial y las denuncias de 
corrupción de la dirigencia política fueron algunos de los sintonías del 
ocaso de “la Suiza de América". 

En la Introducción a su Antología del ensayo uruguayo contemporá 
neo. Real de Aziia transmite los estilos y acentos de la promoción que 
vivió en medio de esos acontecimientos "La postura de inconformidad 
|...| ante la versión rasada y optimista de lo uruguayo, el desdén, y hasta 
la animadversión, hacia las superestructuras políticas y culturales con 
que. en la aparente adhesión de todos, el pais se expedía, la sensación 
de crisis —de crisis de perención, de agotamiento irremediable— de 
todos los supuestos (económicos, sociales, culturales, internacionales) 
sobre los que la existencia oriental, en forma apacible, confiada —y al 
parecer unánime— creía descansar." n 

Percibir la crisis significó, entonces, descubrir una dimensión de lo 
latinoamericano centrada ya no en las diferencias, sino en las similitu¬ 
des. en las problemáticas comunes, en los diagnósticos de una realidad 
ahora compartida. La proyección latinoamericana de Uruguay nc sus¬ 
tentó en una relectura historiográfica que partía desde el presente para 
llegar hasta lo que Pablo Blanco Acevcdo —portavoz de la “tesis 
indepcndentlsta clásica’— había denominado "orígenes de la naciona 
lidad". Los protagonistas de esta embestida arremetieron contra las 
versiones fundadas en causalidades endógenas, utilizando postulados 
de raíz "unionista" y destacando el papel de los factores exógenos 
especialmente la injerencia inglesa. 

Pero esta mirada tuvo también puntos de contacto con las versiones 
más tradicionales de la histona. En esta nueva síntesis, la valoración de 
la herencia hispánica y del federalismo arüguista contribuyó a forjar la 
conciencia de perspectivas semejantes c incluso el ideal de "un" porvenir 
latinoamericano Artiguismo e hispanismo fueron eximidos de la diatil 
ba revisionista que. según Carlos Demasi. hubiera tenido “una oportu¬ 
nidad para iniciar una revisión a fondo, sí no se hubiera visto atrapada 
en la misma lógica del relato que quería sustituir. Si la versión dominante 
se había construido sobre la base de la negación de las disidencias y el 
ocultamientoo la disculpa de los aspectos más criticables de la actuación 
de los ‘héroes’, la versión ‘contestataria’ adoleció de defectos similares 
se apoyó solamente en los aspectos negativos, manteniendo un discurso 
uniformizador que resultaba una especie de negativo fotográfico del 
relato tradicional". 12 

Este replanteo de la trayectoria histórica del pais se produjo en un 
clima de creciente polarización ideológica, social y política. Mientras una 


l'J 


13 



P* "**"»< 1 dr lnl«’lrctuifc* vinculaba rl proyecto nacional al pagado y al 
hiiun *|r| ronUnmte. lo*» sectores conservadores veian una nación 
.n oí <l.i ti mi* frmilci n territoriales. amenazada desde afuera Sí bien es 
riri 1 «»m<<- tu opima lón nnnonnl-extranjero articuló propuestas ideclógi- 
i ai «Ir iliv# ino signo. no siempre fueron los limites geográficos los que 
(IrfMtlnoii I* «paróme tros de inclusión o exclusión. Solia ocurrir que las 
'•> •‘.rrespondian con los mapas, sino que se trazaban sobre 

mi pl.mn ulrologjro Por eso. los reales diferendos entre las partes 
riilrentiwUi ni» pasaban por el empleo de conceptos como "patria" o 
' »ii«Ulerteante* sino por el sentido que estos términos adquirieron en 
Im« onlroiitaclón política. 

lleude el análisis de las versiones más radicales de ambas posiciones. 
I i ¡un tico Panlzza muestra esta particular configuración de los discur- 
■Mi*» políticos de loe años sesenta. Enfatizando el papel del enfrentamien¬ 
to mire las FFAA y los Tupamaros, sostiene que “la lucha ideológica de 
la mal rJ discurso militar fue parte se desarrollo no tanto a través de la 
presentación de elementos ideológicos contrapuestas sino en cuanto 
intentos de articular cadenas de sentidos opuestas a elementos Ideoló¬ 
gicos comunes - . 13 De este modo, quienes sostenían una prédica en pro 
de la unidad latinoamericana la unían a una enérgica defensa de los 
valores "nacionales" ante lo que creían un "avance imperialista". Asi 
(amblen, quienes se asignaban la salvaguardia de las tradiciones 
vernáculas, enmarcaban la tarea en d fortalecimiento de los "principios 
de lu civilización occidental’. 


2. La clausura del debate 

Al comenzar la década del setenta, se había configurado un panorama 
social y político polarizado por prédicas que utilizaban una lógica de 
descalificación de la contraparte política en términos de exclusión 
nacional Este mecanismo de invalidación del oponente ha sido usado 
mn frecuencia por aquellas corrientes que ven en la nación un “alma 
colectiva" o una "totalidad inclusiva". 14 Esta vertiente predominó en la 
"tesis clásica" de la historia nacional que. al decir de Real de Azúa. "se 
caiga éneamente de acentos normativos y valorattvos: quienes asi 
plantean rl tema parecen pensar que su condición de buenos uruguayos 
no les permite concebir otra alternativa y, aun. que seria ddictuoso 
hacerlo". 15 Sin embargo, los rasgos democráticos del proceso político 
nnrlonal habían impedido que esta corriente convirtiera el debate 
histórico en un monólogo autoritario. No está demás recordar, empero. 
l‘" m »s postulados mantuvieran una vigencia prolongada en los progra¬ 
mas oficiales de rememoraciones y en las versiones emanadas desde las 
liiNtitUCtonea estatales. 

I*er° lúe n jwrttr del golpe de Estado de 1973 que el gobierno canceló 


por la vía de la fuerza la discusión pública sobre la concepción que unía 
la vertiente nacionalista tradicional a la Doctrina de la Seguridad 
Nacionul (DSN). Una posición que estigmatizaba al disidente dominaba 
ahora al aparato estatal. Desde esta situación privilegiada se Instrumentó 
arbitrariamente una política dirigida a reprimir para persuadir. 

La expresión máxima del süenciannento del debate fue. sin duda, el 
Proyecto de Ley del Poder Ejecutivo del 27 de setiembre de 1974 
disponiendo la conmemoración del “Sesquicentenario de los Hechos 
Históricos de 1825". La iniciativa manifestaba la voluntad de no abnr la 
discusión que en 1923 había centrado la atención del Parlamento y que 
aún en 1974 había suscitado la argumentación del presidente del 
Consejo de Estado. El 25 de agosto de ese año. Alberto Demkhell había 
explicado categóricamente que: Eramos argentinos antes de la domina¬ 
ción lusitana, y seguimos siendo argentinos después de la liberación de 
1825. El Uruguay no existía entonces nijamás había existido ante s como 
país independiente f...¡. De todos modos, el orador reconocía una perfecta 
conexum de hechos y decisiones entre el artiguismo, el acontecer de J 82 5 
y el jubiloso desenlace de 1830. ,s 4 

En 1975 la ausencia de la polémica se debió más a su clausura 
autoritaria que al desconocimiento o ignorancia de su existencia. Por el 
contrario, el propio proyecto reconocía el carácter controversial de las 
fechas a celebrar, al mismo tiempo que relegaba la discusión aun pasado 
definitivamente cerrado. Se consideraba perimida la disputa 
historiográfica. fundamentando que el tiempo transcurrido evidenciaba 
el sentido fundador de la nacionalidad tanto de los acontecimientos de 
1825 como de los ocurridos en 1830 Ante la ferviente aprobación de la 
consejera María L. Coolighan Sanguinetti. Demicheli volvió a manifestar 
sus discrepancias aunque sin la contundencia del arto anterior. Su 
mesura estuvo en consonancia con un proyecto donde se expresaba sin 
tapujos que el real significado de estos hechos no se media en parámetros 
historiográficos sino en términos de exaltación nacionalista. 

La atribución al pasado de un papel legitimador en la consolidación 
de un Estado nacional no fue. por supuesto, una innovación de la 
dictadura uruguaya. Pero en sus discursos la pretensión de fundación 
histórica aparece como una necesidad perentoria de la supervivencia 
nacional. La utilización del pasado, que suele subyacer a toda actuación 
poliüca. se hizo explícita en el discurso autoritario, organizando su 
proyección de la historia en el presente. En este sentido, el mensaje del 
Poder Ejecutivo sostenía que era oportuno I...J conmemorar estos hechos, 
exponerlos a la veneración pública durante el año del sesquicentenario. 
enseñándolos a las generaciones nuevas para que aprendan en ellos a 
conocer, admirar y amar sus orígenes y sus héroes y recordarlos a las 


Lo» iodo* en cursiva corresponden a citas de documentos y fuentes. 


IS 


14 


qtrru’nu iiífii’s nutdurax. para que su exaltación y su recuerdo les de 
inspiración y fumen. l/ 

Es n< »t cirio que pitra el gobierno su función no consistía en dirimir la 
”vnclinl htninviisino en establecer de una vez y para siempre los 
MUHirnnm stmbólk os de la colectividad nacional La propia redacción del 
iiirtiHa|r<iur ucvmpaAaba al Proyecto de Ley aclaraba que: Nocs materia 
'/» hi tutti’u: Ufftü tcrcuir en la polémica, ya histórica, sobre la exacta 
r. /•' i fii»u 1 1.1 ir le* aquellasfechas de 182 5 y si tíki marcó el inicio de nuestra 
h»!> i ¡encía. Asi lo han entendido los representantes ilustres del 
pensrnn/rnlo nacional y estudiosos de nuestra historia, en tardo oíros, de 
nn rumor autoridad han señalado que tal acontecimiento ocurnti con la 
■ im mirla Constitución de 1630.I. f Por encima de las discrepancias y de 
tu interpretación histórica, es. sin embargo, un hecho incontrovertible que 
fu voluntad expresada por el pueblo en ambas fechas es afirmación de la 
Independencia /.../. ,8 

Para los redactores de este texto, la conmemoración del nacimiento 
dr Uruguay como un país independiente no admitía cuestionamientos 
los discrepancias y la interpretación histórica eran cosa del pasado y sus 
protagonistas se hablan convertido en representantes ilustres delpensa 
miento nacional. Se postulaba una relación emotiva con el pasado, donde 
el sentimiento patriótico importaba más que el análisis del recorrido 
histórico de la colectividad. Esta argumentación recurría, además, a la 
sanción inaprensible de la voluntad expresada por el pueblo De hecho, 
nada indicaba que llegada la ocasión de celebrar el sesquicentenario de 
los "hechos históricos" de 1830 el Estado no volviera a desplegar el 
mismo afán celebratorio. 

A este respecto resulta interesante la coincidencia entre el aniver sario 
de la Jura de la Constitución y la convocatoria al plebiscito de reforma 
constitucional realizada por la dictadura en 1980. Una vez más. el 
calendario superpuso a la encrucijada política una ocasión conmemora¬ 
tiva. Para esta oportunidad, se programó un torneo de fútbol en el 
Estadio Centenario, buscando reeditar el triunfo celeste de 1930. Sin 
embargo, el campeonato no pudo realizarse en julio, ni celebrar la nueva 
constitución. Debió postergarse hasta el receso de invierno de los 
equipos europeos. El 10 de enero de 1981 la selección obtuvo otra copa, 
pero H plebiscito de noviembre había señalado el comienzo de la apertura 
democrática. Contra las previsiones gubernamentales, las tribunas 
festejaron el rechazo del proyecto de la dictadura junto al triunfo 
deportivo 

Muy distinta era la situación política en 1975 El régimen dictatorial 
« (Hitaba recién con dos años de establecido y habla recrudecido su 
imlitlta represiva, al tiempo que intensificaba la ofensiva propagandis¬ 
ta .i Durante este periodo, se gestaron discrepancias en la interna de las 
íurr/as gol pistas que tomaron estado público a mediados de 1976 con 
i l« | osi. ion dr. Juan María Bordaberry. Hasta ese momento, el horizon¬ 


te electora] de noviembre había dilatado una definición sobre el futuro 
político nacional pero su proximidad pareció demandar una declaración 
oficial. 

Finalmente, en junio de ese año. el Poder Ejecutivo decretó que no 
habría elecciones y sentó las bases del reordenamientn institucional. En 
setiembre se dieron nuevos pasos. Se prohibió por el término de quince 
años el ejercicio de todas las actividades de carácter político a la plana 
completa de los representantes partidarios . 10 Para Luis Eduardo González, 
este momento señala el fin de la etapa de “dictadura comisarial" y el 
comienzo del "ensayo fundacional". Según César Agular, hasta ese 
momento “unas Fuerzas Armadas de amplia tradición ‘civilista', pudie¬ 
ron minimizar sus cundidos internos y maximizar sus apoyos externos 
con una doble promesa de ‘tranquilidad' y ‘programa’”. Al decir de 
González, la intención se limitaba a "poner la casa en orden", o por lo 
menos asi lo manifestaban los documentos oficiales y asi lo veia la 
oposición . 20 

Hacia fines de 1974. cuando se aprobó la celebración del 
sesquitentenario de 1825. los distintos actores políticos sabían que el 
siguiente seria un año de definiciones Gerardo Caetano y José KJIIa 
sostienen que, aunque el énfasis del régimen era todavía id cumplimiento 
de un papel “comisarial". ya se perfilaban propuestas "fundacionales ". 31 
El tema de una posible reforma constitucional había estado presente en 
la escena política, a través de la difusión de un documento de la Junta 
de Comandantes y de un proyecto presentado por Demicheli. presidente 
del Consejo de Estado. Sin embargo, ningún portavoz oficial había 
mencionado plazos u propuesto algún tipo de cronograma. En este 
contexto, el I o de setiembre un conjunto importante de personalidades 
envió a la prensa una "Carta abierta al gobierno", en la cual reivindicaba 
el pleno funcionamiento de los partidos políticos democráticos, inscribien¬ 
do su actuación en los planes de reforma constitucional anunciados 
desde el Poder Ejecutivo. El presidente Bordaberry respondió en forma 
Inmediata a estas demandas calificando de desubicados a sus firmantes 
y sosteniendo que no puede concebirse que en noviembre de J 976 se 
convoque a elecciones dentro del sistema político e institucional perimido 
el 27 de Junio de I973. 22 

La decisión del gobierno de realizar un ambicioso plan de celebracio¬ 
nes históricas se inscribió en este ambiente de preocupación sobre el 
ulterior desarrollo del proceso político iniciado hacia más de un año 
Cuando la estridencia histnricista llegó a su apogeo, en la Interna 
gubernamental todavía no se había tomado la decisión definitiva sobre 
qué camino liabria de seguirse. Las tensiones producidas por el enfren¬ 
tamiento dé opiniones c intereses no fueron ajenas al montaje celebratorio. 
Por el contrario, aunque el Proyecto de Ley establecía ciertos cauces o 
lecturas, durante su propio despliegue se fueron Incorporando otras. En 
ellos, turno se verá más adelante, es pasible visualizar la pugna por rl 


sentido y la apropiación de figura*, personajes y símbolos, tensión que 
atravesó tanto les objetos como las modalidades de rememoracián. 


3. Los festejas históricos 

Ly* festejos históricos de 1975 son inteligibles no sólo en el contexto 
de un gobierno dictatorial sino en la historia más larga de una narrativa 
Jj '• orígenes nacionales. 23 En ese sentido, la "operación 
wsqulrentenarlo* interpela las modalidades de conmemoración asumí - 
<l.w rn el Uruguay anterior. Así. por ejemplo la intención de extenderlos 
fe» tejo* duran te todo el arto no contaba con antecedentes. El proyecto de] 
Poder Ejecutivo establecía que la celebración no se reduciría a la 
Declinatoria de la Independencia sino que se incluirían todos aquellos 
acontecimientos de 1825 que señalaron la etapa de mayor trascendencia 
en el largo procesa de nuestra formación nocional. En un principio, d 
articulado aprobado por el Consejo de Estado precisaba que las fechas 
a conmemorar serian: 19 de abril (Desembarco de la Agraciada), 25 de 
agosto (Declaratoria de la Independencia). 24 de setiembre (Batalla del 
Rincón] y 12 de octubre (Batalla de Sarandí).' 

En vista de las dificultades que tan apretada agenda ocasionaría a las 
Instituciones públicas y privadas, el propio proyecto original preveía la 
constitución de un organismo ad hoc. Por estas y otras razones se creó, 
en el mismo trámite, la "Comisión Nacional de Homenaje al 
Sesquícentenario de los Hechos Históricos de 1825" (CNHS), con la no 
desdeñable responsabilidad de programar, organizar y coordinar la 
multitud de festividades. A poco de asumir, esta Comisión realizo un 
estudio del año de nuestra independencia para crear un cronograma /.../ 
y establecer las Jechos de los actos oficiales para los festejos. Así 
finalmente se añadieron a las fechas oficiales los aniversarios del Abrazo 
del Monzón (29 de abril), del Sitio de Montevideo (7 de mayo), de la 
declaración de Libertad de Vientres (7 de setiembre) y de la Toma de la 
Fortaleza de Santa Teresa (31 de diciembre!.•• De este modo. 1975 
sumaba a las habituales fechas, seis ocasiones más. de suerte que el 
resultado fue un abigarrado calendario de conmemoraciones. 34 

Batafla del Rincón. enfrentamiento donde las fuerzas ‘patriotas- comandadas por 
Fructuoso Rivera vencieron al ejército brasileño al mando de los coroneles JardlnTv 
Mena Barmoen el Rincón de Haedo. actual departamento de Rio Negro Batalla de 
f”ü fue £®* al mando de Juan Antonio Lavalleja frente al 

rirruto brasileño comandado por Bentos Manuel Ribctro en Saranri. Grande, actual 
departamento de Florida. 

¿Uraxo M Monsón: denominación que refiere a la controvertida incorporación de 
i íT' rB lq , ue '“«mentó respondía al gobierno brasileño) atmovtméen 

to comandado por Juun Anlonto LavaHeja. Sillo de Montmtideo: fuerzas revoluciona- 
ru% Intelut(«i et sitio a la ciudad gobernuda por el Imperio de Brasil bajo la autoridad 
«H i uptan general Corto» Federico Lecor. Ubrrtud de Vientres refiere a la uprobactón 
í < ** rl báflco de esclavos y <Jp llxitad de vientres en la 

AsamNea de la Florida. Toma de la Fartalejn de Santa Teresa: victoria militar de las 
Ittersas rrvaliictonurta» al mando de l^onardo Olivera 


Por otra parte, el Proyecto autorizaba al Poder Ejecutivo a tomar dd 
Tesoro Nacional el dinero paira solventar los gastos y le encomendaba 
designar a los integrantes de la Comisión. Los elegidos fueron d general 
Esteban R. Cristi IComandante de la División Ejército 1) y los profesores 
Femando O. Assun^ao y Alfonso Llambias de Azevedo para los cargos de 
presidente, vicepresidente y secretario, respectivamente. 1.a CNHS fue 
dotada de amplias potestades en la Instrumentación del programa de 
festejos, aunque el Proyecto resolvía de antemano la acuñación de una 
sene de monedas conmemorativas del ScsquicenLenario y la realización 
dd Mausoleo de Artigas 

Esta última disposición resultaba especialmente significativa ya que 
enlazaba la Declaratoria de la Independencia con la figura del procer 
nacional estableciendo de hecho una continuidad en d relato de la 
fundación dd Estado. Además, las vicisitudes de la construcción dd 
Mausoleo ocuparon, como se verá posteriormente, un lugar destacado 
en d conjunto de las conmemoraciones. Estos avatares permiten detec¬ 
tar los diferentes acentos y propósitos de las decisiones de los actores 
poli ticos Aunque acallado el dcbaLc publico propio de las conmemora¬ 
ciones nacionales, las tensiones y discrepancias subyadan a la aparente 
unanimidad de las políticas oficiales. 

Cuando d Proyecto llegó por los canales habituales al Consejo de 
Estado, sus integrantes ya habían sido informados de su contenido por 
la prensa. Enterados por este intermedio, resolvieron crear una Comi 
sión Especial que presentó un informe, tratado conjuntamente con la 
iniciativa dd Ejecutivo en la sesión dd 24 de setiembre de 1974. El 
órgano legislativo aprobó el original con la incorporación de modificacio¬ 
nes menores, ronsustanciadas con el espíritu de exaltación patriótica 
del texto. El informe de la Comisión recalcaba que: Estas celebraciones, 
estimularon y estimulan la unión nacional y hacen afloraren cada hombre 
y mujer, ese ideal eterno, que nos une y nunca nos separa, pese a las 
diferentes corrientes políticas en que tes hombres se ubican de acuerdo a 
su perspectiva, individual y colectiva. De estas palabras se desprende 
una valoración de las celebraciones históricas en tanto ceremonias de 
comunión entre pasado, presente y futuro, en una dimensión trascen¬ 
dente a las coordenadas temporales. Así. se aludía a una serie de actos 
litúrgicos que enlazaban nuestro Año Santo, las dianas de Rincón y 
Sarandl y el alma de los 33 orientales con el deseo de todo auténtico 
oriental |de| que nuestro país alcance en el siglo XXI. sin escepticismos, 
despojado de mitos, la maduración plena, que lo coloque, como diría 
nuestro Artigas, inspirador de la revolución de 182 5. entre tes países "ya 
que no de los más poderosos, de los más dignos de la tierra’ 

En ninguno de estos trámites se había hecho mención alguna al 
nombre con que 1975 perduró en la memoria de los uruguayos. "Año de 
ln Ortcntalldad". Tal perdurabilidad se debe a su repetida inscripción en 
el encabezamiento del amplio espectro de papeles que entraron en la 


10 


categoría de cioaimeTíios oficíales. Ya a comienzos de lo que seria el "Año 
de la Oriental idad*, el Poder Ejecutivo advirtió, con lucidez, que Ario de! 
Sesquá-titíiruirío de las Hechos Históricos de ¡825 era ciertamente una 
denominación incómoda para uso cotidiano. Decidió por eso que, para 
cumplir con lo resucito por Ley. era comer.tente disponer que todos los 
organismos estatales encabecen sus disposiciones y comunicaciones con 
¡u mención “Año de la Oricrttalidad'’ que además de su profundo stgnifi 
cade patrúuico facilita y asegura una eficaz aplicación de aquella dispo 
sicíón» 

Lo cierto es que mí “Sesquicentenario" había permitido apelar a las 
figuras de la independencia y al artlguismo. bajo la leyenda "Arto de la 
Orícntalidad” fue posible inscribir los más variados acontecimientos. De 
este modo, la disputa a la interna del gobierno por la apropiación del 
sustento histórico se desplazó liada otros personales desligados del 
proceso índependentista. En esa obsesiva búsqueda de sustento al papel 
que habían asumido. Jas FFAA repatriaron los restos del coronel Lorenzo 
Latorre. Por otra parte, el Poder Ejecutivo dispuso denominar a 1975, 
“Arto Cívico-Literario" en honor al centenario del nacimiento de María 
Eugenia Vaz Ferrcira, Julio 1 terrera y Reissig y Florencio Sánchez. Este 
ultimo festejo, si bien no pasó desapercibido, tuvo una importancia 
menor dentro de la supcrpobladón de fechas celebradas. Por el contra 
rio. el homenaje a Latorre adquirió por si mismo la envergadura de los 
festejos del 25 de agosto. La repatriación fracturó el ordenado calendario 
que seguía al itinerario de los hechos desencadenados por la Cruzada 
Libertadora. Mientras la 'Inspiración" artiguista se había integrado 
exitosamente a las mnmemoraclones. la incorporación de Latorre care¬ 
ció de una fundamcnlación histórica que lo uniera con el eje del "Arto de 
la Orientalidad”. 

La diversíficaeión de loa objetos conmemorados, mediante una deno 
mi nación de tan versátiles limites como “orientalidad". derivo en una 
epidemia celebratoria que alcanzo a todos quienes quisieron c ontagiarse 
del espíritu patriótico. Ciudades, empresas, instituciones de beneficen¬ 
cia. escuelas y otros organismos oficiales, colectividades de inmigrantes 
y barrios inscribieron sus propias celebraciones en los fastos previstos 
para honrar y fortalecer el sentimiento nacionalista. Asimismo, este 
conjunto variado de instituciones públicas y particulares adhirió a los 
homenajes históricos oficiales colaborando con el culto nacionalista. A 
estos fines, se aprovecharon las fechas del calendario oficial, se encon¬ 
traron otras y se hizo de cualquier momento una ocasión propicia. Los 
doce meses se poblaron de bailes, torneos, conferencias, obras de teatro, 
drsfilrs y actos que. en los rincones más recóndito» y en cualquier 
oportunidad, recordaban a los uruguayos que 1975 era el ‘Año de la 
Orientalidad". 

El homenaje al "Sesquicentenano de los Hechos Históricos de 1825" 
derivó en una confusa y abigarrada sucesión de actividades. En la 


mayoría de los casos, estos festejos sólo estuvieron vinculados por la 
voluntad de sus organizadores de acogerse al Animo oficial de veneración 
histórica. De todos modos, la CNHS cumplía ei papel de centralizar, 
coordinar y también vigilar el desarrollo y contenido de las actividades 
particulares que ella misma alentaba. Se produjo asi un doble movimien¬ 
to de centralización y dispersión, una tensión entre el auspicio de. las 
iniciativas no oficiales y la represión de concepciones ajenas a la 
voluntad gubernamental. F. O. Assuncao explicó que. a pesar del 
apretado almanaque, existirá un margen de libertad para realizar actos 
complementarios lya que cl| espíritu de convocatoria amplia [supone) 
/...| el deseo de que todos participen con sus ideas y que todos participen 
activamente y uiixm las Jomadas. 27 


4. La ** orientalidad" 

Hada 1975 el proceso de aniquilamiento de todas las formas tradicio¬ 
nales de participación e intercambio estaba ya en etapas avanzadas. 
Luego de la disolución de las Cámaras y las Juntas Departamental»!, las 
medidas restrictivas de la actividad periodística, la ilegalización de la 
central obrera y de los partidos de izquierda, la Intervención del sector 
educativo y las detenciones masivas evidenciaban el aumento del control 
autoritario sobre el aparato estatal y la sociedad Perú todavía no se sabia 
qué habría de pasar con las elecciones previstas constituclonalmente 
par a noviembre de 1976y los dirigentes de los par I idos tradicionales aun 
no estaban proscriptos. 

De esta torma. un ambiente signado por el silencio y la represión 
amplificó la resonancia de los festejos históricos oficiales. Abolidas las 
modalidades usuales de participación social y ciudadana, los nuevos 
actores políticas, nliora en el poder, buscaron sustituir la viejas formas 
de procesar las demandas sociales Para ello, el espacio público fue 
saturado por las voces de militares y civiles gulpistas que redefinieron 
antiguas modalidades e instituyeron otras. Un signo incuestionable de 
ch« voluntad de controlar la escena publica fue la creación de la 
I) i moción Nacional de Relaciones Publicas (DINARP). en febrero de 1975. 
I un unte ese arto, entonces, el gobierno dictatorial se sirvió de los festejos 
lUMúneos en sus variadas manifestaciones para rcíormular los lazos 
MMlnlcs suprimidos y replantear lus referentes identitarios 

1 .a estricta delimitación de los contenidos de la identidad nacional 
derivó en la elaboración de un inventario cerrado de rasgos resumidos 
m el manido término de "orientalidad" A pesar de su insistente uso. esta 
(tatabra fue poco empleada en los discursos y documentos oficiales Sin 
. mlxiign, la expresión condensaba todos los significados de la naciona¬ 
lidad asimilándolos a lo que se consideraba su “esencia". La "orientalidad" 
ae rxtnblrcia en base a parámetros morales que emanaban de uhh 



'naturaleza humana** definida apriorísticaniente Desde este modelo se 
discernía entre aquellas acciones que fortalecían o debilitaban la -esen¬ 
cia’ nacional Erna Ma^ra explica que tal concepción postulaba la 
búsqueda de ese modelo mediante “la acrión racional voluntaria, 
responsable del Individuoconvenientemente educado y coaccionado por 
la sociedad". Según esta idea, la naturaleza humana "determina y genera 
rl orden social como instrumente» de su realización Para su propia 
eficacia, el orden social es un orden supralndi vidual. independiente de 
los individuos, cuya función es complementarlos, corregirlas 
coaccionarlos y «conducirlo* en la senda de su perfeccionamiento". 2 *’ 
Desde esta percepción del ser humano y del orden 9 ocnal. se miraba 
el curso de la historia como ero de un dilema más profundo entre el "bien" 
y el "mal". Asi. el Interrogante se centraba en el senüdo de la vida de los 
hombres en una dimensión temporal. Los avalares concretos de la 
trayectoria nacional se valoraban en función de su contribución al 
verdadero’ camino de la historia: positivos si lo reconocían y colabora¬ 
ban con él. negativos si no lo hacían o iban en su contra. Resultaba, de 
este modo, una ordenación de la historia en dos niveles, donde el estadio 
más profundo determinaba la superficie de los sucesos que. a su vez 
podían acercarse o distanciarse del arquetipo. Estas ideas subyacian a 
las concepciones propias de los voceros de la dictadura, aunque era 
posible advertir líneas de pensamiento diferentes entre civiles y milita 


Por una parte, los militares tendían a presentar un cuerpo hotnogé- 
h®®. re,lexlor * s m ,anto representantes de una institución cuya 
unidad corporativa era puesta por encima de las perspectivas persona¬ 
les. Eso mismo hacía que bajo un cauce común se apreciaran los tonos 
y matices individuales y las tendencias al interior de las FFAA. Por otro 
lado, las posturas de los civiles no correspondían a un actor politlco 
constituido, sino a imprecisas posiciones que confluyeron en la adhesión 
al regimen. En este contexto, sobresalió, obviamente, la-figura de J. M. 
Bordaherry quien durante este año buscó marcar un perfil propio e 
imponer ciertas direcciones al proceso político. Estas peculiaridades 
dieron a la visión presidencial una apuriencia más sistemática y cerrada 
Las conmemoraciones siempre fueron momentos propicios para 
comunicar a la población la posición oficial sobre las temáticas más 
importantes de la escena pública. Además, han sido instancias privilc- 
gtadas donde expresar las distintas opiniones al interior del sistema 
político. Durante la dictadura, estas ocasiones tuvieron una relevancia 
especial ya que otorgaban un marco tradicional a la comunicación de las 
posturas oficiales En su discurso del 25 de agosto. Bordabcrry expuso 
claramente las relaciones entre el nivel Ideal, rector de la historia y sus 
uvulares concretos, afirmando que: Sólo la existencia de un espíritu 
xupcrtot y permanente, capaz de impregnar siempre y en la misma forma 
a hombres des finios y en tiempos distintos, puede explicar esa extraña 


¡mulad de dilección, esa sorprendente coincidencia en el nimbo, que 
caracteriza los más dispares episodios de nuestra historia /.../. Esc 
espíritu superior, compatriotas, es la Patria y quien no lo entienda asi. 
como un hecho real quien piense qt be sólo se traía de una ficción alegórica. 
no podrá entender jamás nuestra historia, no podrá cntendemosjamás a 
nosotros. Y se lanzará seguramente a llenar ese vacio con mutiles 
ejercidos teóricos sobre nuestro destino, sin advertir que éi está marcado 
desde el inido de los tiempos y no es otro que el de ser libres c 
independ ientes 28 

Esta roñeeptualrzacíón de la “nación" la asimilaba a la idea de 
"patria'. concebida en tanto “alma colectiva" en armonia con un medio 
natural. Se sostenía que los condicionantes geográficos y climáticos 
habían modelado una inconfundible tradición expresada a lo largo de la 
historia. En palabras de Bordabcrry. la “patria" nació cuando la Provi 
delicia. trazó sus rasgos, cuando delineó sus grandes ríos para delimitarla 
y darle vida, cuando la bañó con un mar de profundas aguas, cuando la 
cubrió con una tierra rica y fértil, cuando la libró de accidentes geográficos 
hostiles La Patria nació entonces, porque allí quedaron Jyodos para 
siempre los elementos que habrían de conformar ei espirita oriental 30 En 
esta visión, la explicación providenciábala ocupaba un lugar destacado, 
a partir del cual cobraba sentido toda la histona nacional. 51 

Era a la luz de esta mística divina que la tradición hispánica confluía 
a vertebrar una identidad propia. O. como afirmaba el presidente: Sobre 
ei noble legado hispánico, la historia heroica de Montevideo y la gesta 
fundacional del Oral. Artigas, se fue formando la orlentaluiad con tradi¬ 
ciones de gloria y hacia un destino de perpetuación . 3a De este modo, el 
concepto de hispanidad estaba asociado a una herencia espiritual que 
anidaba en los valores inspiradores de la acción de los "verdaderos" 
orientales, desde la gesta independentisia hasta el presente. A estos 
efectos, según Erna Masseray Niurka Sala. “Es creado un nuevo término, 
‘otlenlalidad'. como resumen de esas cualidades espirituales, especifi¬ 
can de la nación uruguaya. Recordemos que en Esparta ese resumen se 
llama hispanidad y aparecen en los setenta la argentinidad. la chilenidad. 

• i' itera, exaltadas por las respectivas dictaduras".® 

El término “orientalidad" retomaba la tradicional denominación de 
••mentales" que la Constitución asignaba a los habitantes de Uruguay 
•».-gnu explica Demasi. este apelativo era usado ya en la época colonial 
la capital virreinal, donde este territorio era considerado “la otra 
ImikU" o la "Banda Oriental". Durante el periodo ariiguista. la denomi¬ 
na» ióii «le "Provincia Oriental" expresó la nueva situación política Si en 
l>i limpio remitió a la vinculación del artiguismo con Buenos Aires. 

i<aiilente identificó al proyecto federal. Pero siempre mantuvo un 
n« ntldo adverso al dominio montevideano . 34 En 1825 se retomó este 
•ñutido |m titileo de la voz •orientales", pero en oposición al dominio 
l.i Mdleñti V asumiendo una incorporación "Incondicional" a la Argentina 


23 


22 


que Artigas había rechazado Real de Azúa señala que "el desembarco de 
los Treinta y Tres orientales se realizó expiirilándose mediante un 
manifiesto que comenzaba dirigiéndose a los ‘Argentinos Orientales' (sin 
gu ión y sin conjunción) iniciándose después cada párrafo de la proclama 
con la expresión Orientales; compatriotas ". El "acta de unión" de la 
Asamblea de la Florida prolongaba "esta tesitura de absoluta identifica¬ 
ción que el elenco de la F*ravtncia Oriental decidió sin duda (...| como linea 
política sistemática". 35 

En la Asamblea Constituyente de 1830. la definición del nombre para 
el país reveló las tensiones propias de la creación de un Estado sobre 
legados políticos y sociales divergentes En esta ocasión plantea Demasi 
la opción por "Estado Oriental" o "Estado de Montevideo" Implicaba 
"tomas de posición antagónicas respecto al rol de la capital, ya sea como 
centro dominantr |romo es el caso de la última), ya como espacio 
subordinado fEslado Oriental! La tradición 'oriental' muestra a Mon¬ 
tevideo como un fuco de tenaz oposición al resto del país (centro 
españoleta primero, apoyo de los portugueses y brasileños después) y 
siempre contrarío a la independencia si ésta implicaba el predominio 
rural" 36 

La solución “República Oriental del Uruguay" pareció una “victoria 
completa* de la perspectiva rural, aunque rápidamente el predominio de 
Montevideo convirtió al pais simplemente en “Uruguay". U difusión de 
este término fue facilitada por su adopción en Europa, donde “oriental" 
remilia a otras coordenadas geográficas. Como señala Demasi la capital 
‘logró reslgnificar la historia de Uruguay*, utilizándola para hacer 
•olvidar' su pasado y justificar su centralidad". 37 Sin embargo, a partir de 
la segunda mitad del siglo XIX. la connotación rural del calificativo 
“oriental" y el sentido urbana del apelativo “uruguayo" confluyeron a 
modelai los perfiles de los partidos tradicionales. Asi. progresivamente, 
la apelación “oriental" evocaría una visión blanca, mientras el uso de 
“uruguayo" remitiría a una perspectiva colorada. Durante los gobiernos 
colorados, se oficializó una concepción de la identidad nacional con un 
perfil netamente capitalino, cosmopolita y europeizante. En ese proceso, 
la expresión “oriental" adquirió un tono defensivo de la imagen rural, 
autóctona y americanista del pais. 

El discurso de la dictadura, entonces, se inscribió en esa sinuosa 
trayectoria, resignificando el término "oriental" mediante el empleo de 
"orientaliriad". Esta expresión referia a la conservación de las "verdade¬ 
ras" tradiciones, al mantenimiento de la "esencia" nacional para prote¬ 
gerla déla contaminación “foránea". Los militares fundaban su interven¬ 
ción política en este rol tutelar de los valores nacionales, concibiendo, al 
decir de F. Panizza. una "Nación de la cual las FFAA son a la vez parte y 
guardianes Ambas constituyen una realidad esencial, definida en 
términos de un orden que se caracteriza por sus Intereses permanentes 
ahistorieosy no conflictivos. |...J Por su capacidad de identificarse ron lo¿ 


24 


Intereses permanentes de la Nación, las FFAA se transforman de agentes 
suprahistóricos en los únicos actores legítimos de la coyuntura publi¬ 
ca". 38 

En la celebración realizada en la Escuela dd Estado Mayor del 
Ejército peruano en ocasión del 25 de agosto, el teniente coronel Daniel 
García se refino a ese papel de las Fuerzas Armadas, sosteniendo que: 
En este Sesquécentenarlo. quizá na .sea irreverencia q/írmar que como 
nuncaJamás, los orientales estarnos fanatizados en lo nuestro, perseguí 
mos un gran fin nacional que se alimenta en tradición histórica ij se 
muestra descolante en su proyección de futuro. Con el orgullo que cuadra 
a toda decisión auténtica, desdeñamos mentores o inspiradores/áremeos. 
Nuestra revolución, la Revolución Nacional, será nacional o no será nada. 
frustrando entonces el ímpetu de un pueblo profundamente tradicionalis- 
ta. pero con lúcida visión de su problemática acluuL 3 * A este proyecto 
político se asociaba una percepción de los factores que lo amenazaban 
desde el exterior. Tal asociación fue característica de la Doctrina de la 
Seguridad Nacional, que sostenía la existencia de una "guerra" entre los 
sectores que socavaban los valores nacionales y quienes encamaban su 
defensa. Como se ha dicho anteriormente, se trataba de una lucha que 
traspasaba las fronteras tcrritonales y cuyos limites estaban demarca¬ 
dos a partir de un mapa ideológico. De este modo, la DSN permitió unir 
la mística nacionalisla con una interpretación del curso universal de la 
historia. 

Mientras en la lectura del presidente la identidad nacional estaba 
estrechamente unida a los designios divinos, las FFAA propugnaban una 
mística laica. Veinte años después. Bordaberry declaró haber percibido 
cala divergencia a la Interna gubernamental: cuando el general Prantl 
recalcó que la Patria nació con la vocación de libertad del general Artigas. 
el presidente pensó que oslaba refutando su interpretación 
providencialista. 40 Esa afirmación de Prantl integraba una extensa 
plegaria dedicada a Artigas, en medio de las honras fúnebres que las 
FFAA le tributaron a 125 años de su muerte Esta ceremonia expresó 
acabadamente la hturgia laica que la institución rástrense propugnó 
romo modelo de la celebración patriótica. Tal liturgia permitía la 
comunión del Pueblo Oriental con un conjunto de valores atemporales 
enramados en las ocasiones y personajes mas relevantes de su historia 

La "fiebre histuncista" de 1975. entonces, reflejó la pretensión oficial 
de apelar al sentimiento nacional y redefinirlo ron contenidos acordes con 
la Ideología del gobierno dictatorial. Para ello se intentó crear o reforzar 
lu identificación con un Ideal abstracto, intangible y supremo que se 
na parteaba en los “Hechos Históricos de 1825" y en los acontecimientos 
anteriores y posteriores que frieron festejados ese año. La improvisación 
V la superposición de diferentes posiciones políticas e Ideológicas fueron 
Mlgnr* distintivos de esos festejos En ellos confluyeron pretensiones c 
iiilrtiillvas que no buscaban necesariamente la legitimación histórica del 


autanlansmo. Estono resta proyección política al “Añode laOn^taiidad" 
Un tiempo después en su libro a Proceso político. las FFAA lucieron 
pública una evaluación de la acción de la CNHS. Allí sostuvieron que la 
labor de esta Comisión había sido fundamental en la tarca de crear y 
consolidar en la totalidad de los uruguayos la mística de la orientalidad. 
prevista en d Comunicado 7. al que consideraban un hito de su 
conducción del Estado. 41 


II. La historia en la vida cotidiana 

I. Golpistas y publicistas 

Efímeras y perecederas por definición las campanas publicitarias de 
los festejos históricos de L975 no han dejado rastros en los medios de 
comunicación, con la excepción de la prensa periódica. 43 No debe 
desconocerse, empero, d impacto de una ofensiva ideológica televisiva 
que lograba introducirse en los ámbitos más íntimos del hogar. El intento 
gubernamental de ocupar una escena despoblada de sus actores ante¬ 
riores coincidió con una renovación del diseño gráfico y las estrategias 
publicitarias. Este cruce azaroso de golpistas y publicistas dio como 
resultado extensas iniciativas propagandísticas. Series enteras a toda 
página y seguramente a bajo costo fueron una forma importante de 
difundir la prédica oficial Estas campañas combinaban los métodos 
persuasivos de los especialistas en comunicación masiva con la densi 
dad de los contenidos ideológicos del régimen. 

En un pais cuyas identificaciones nacionales se han fundado más en 
la palabra escrita que en las imágenes, la apuesta de la dictadura resultó 
innovadora en su énfasis visual De hecho, los gobiernos anteriores a la 
dictadura no habían utilizado sistemáticamente la comunicación publi¬ 
citaria para exaltar el sentimiento patriótico y difundir la^actividadrs 
conmemorativas. En esa dirección, es significativo que el Estado uru¬ 
guayo. a diferencia de otros países latinoamericanos, incursionasc 
tardíamente en la producción televisiva y careciera de una normativa 
estimulando la producción cinematográfica hasta la década de los 
noventa. 43 

Néstor García Canclinl ha señalado el "predominio de la cultura 
escrita sobre la visual en los países que llegaron primero a una ta« 
discreta de alfabetización, o donde la formación de la modernidad estuvo 
en manos de élites que sobres timaron la escritura". 44 En el caso 
uruguayo, tal afirmación se refiere más a recalcar la preponderancia de 
los contenidos creados y difundidos por medio de la escritura, que a 
negar la existencia de un conjunto limitado de imágenes referen dales 
En el mismo sentido cabe destacar el papel del sistema educativo en la 


26 


tntemalizarión de ciertas versiones escritas que conformaron interpre¬ 
taciones homogéneas sobre la historia nacional. 

A lo largo de 1975. dos campañas publicitarias oficiales ocuparon un 
espacio central en las páginas de El Pais. Desde abril hasta diciembre se 
publicaron cuarenta y ocho avisos firmados por la CNHS y una cantidad 
igual emanada de ámbitos militares. AI telón de fondo de estas dos 
propuestas se sumó la iniciativa privada y la ck* otros organismos 
oficiales. Estos avisos aunque no de menor caudal, eran publicados en 
las ocasiones puntuales de las conmemoraciones y carecieron, obvia¬ 
mente. de un diseño que los unificara. Sin embargo, tanto los contenidos 
transmitidos como las palabras empleadas estuvieron fuertemente 
teñidas de la “mística" nacionalista, otorgándoles unidad A diferencia de 
las campañas oficiales, la publicidad empresarial pública y privada 
contaba con amplios antecedentes en la tradición celebratoria nacional. 
Ya en los festejos de los centenarios de 1825 y 1830. firmas comerciales. 
Industriales y organismos estatales habían ocupado numerosas páginas 
de la prensa oficialista y opositora Esta costumbre se mantuvo hasta las 
décadas previas al golpe de Estado de. 1973. En muchos casos, incluso, 
los anunciantes reiteraban el mismo aviso en las sucesivas efemérides. 
Tales manifestaciones de patriutismo no respondían a medidas estatales 
coercitivas sino a un animo conmemorativo voluntario. 

En 1975. en cambio, la CNHS pretendió unificar toda la publicidad 
sugiriendo la incorporación de su logo a los avisos de organismos 
públicos y privados. De esa forma, el simbólico gesto de la obligatoriedad 
de usar la inscripción "Año de la Orientalidad" se trasladó también al 
espacio publicitario A comienzos del año. la CNHS anunció que el sol que 
liabia ilustrado las primeras monedas uruguayas habia sido elegido para 
simbolizar el "Año de la Orientalidad". Mediante un aviso aparecido en 
la prensa, recomendaba u los anunciantes la utilización de este símbolo. 
A pesar del formato publicitario, el tono preceptivo establecía claramente 
rl sentido opositor que tendría no observar la recomendación. Bajo la 
presentación del logo, el texto utilizaba el modo imperativo para señalar 
que Este es el símbolo del Año de la Orientalidad. Utilícelo en su 
/mblhulud. Solicite reproducciones de este logotipo en la Asociación de 
Miarlos del Uruguay. ANDEBU. Asociación de Impresores del Uruguay y 
Asociación Uruguaya de Agencias de Publicidad. Incorpore el símbob del 
Ano de la Orientalidad en todos los avisos y promociones de su empresa 49 

Kstn disposición es un ejemplo paradigmático de las formas propias 
del autoritarismo de demandar la adhesión a su proyecto. Por un lado, 
tu mrrrltlvidad de la medida trasuntaba la Intención de lograr una 
I ..|||, rmldacl aparente, más allá de las convicciones reales. De cate modo. 
I.i prriirnc lu masiva del logo del sesquicentcnario en las publicidades de 
!'•/», rrllc|it más la forma autoritaria de buscar la aprobación de los 
goliM mullí» que la adhesión efectiva de los anunciantes. A su vez. la 
Vw <iirUlulación*’ revelaba la pretcnsión de reducir a una frase o logo la 


27 




multiplicidad de significados del ser nacional. Esta reducción operaba 
mediante la asociación automática del símbolo con los contenido» que 
la dictadura imprimió a su concepción de la nacionalidad. La insistencia 
repetitiva de uiui adhesión formal vaciada por su carácter coactivo 
caracterizó los míenlos tlk tai únales de crear un sustento legitimador. 

La campada de la CPíHS 

Corno ya se ha planteado. 1a CNHS realizó su propia campaba 
publicitaria sobre el sesquicentenario. A pesar de depender directamen¬ 
te dd Ejecutiva y de. ser presidida por el Comandante de la División 
Ejército I. enviaba a la DINARP torios los antecedentes que puedan tener 
relación con la publicidad y propaganda conectada ron los acontecimien¬ 
tos a celebrar.* 0 Con su visto bueno, los avisos difundían las actividades 
oficiales y referían a los hechos conmemorados. 

La campaña acompañó el calendario de celebraciones con informa¬ 
ción historien, al tiempo que divulgaba las actividades en curso. Cada 
aviso proporcionaba un relato minucioso, al que se agregaba la trans¬ 
cripción de algún documento o frase alusiva a la fecha. Mediante 
entr ecomillados, notas a pie de página y coplas tacsimilares. el mensaje 
asumía los mecanismos propios del discurso autorizado sobre el pasado. 

Se publicó un aviso de este Upo para cada uno de los "Hechos 
Históricos de 1825". con la significativa excepción de la resolución sobre 
la abolición de la esclavitud.* 7 Con esos rasgos se publicaron también 
avisos conmemorativos para las fechas de la Batalla de las Piedras, el 
Natalicio de Artigas y la Jura de la Constitución. 4 * Además, se 
seleccionó otra serie de fechas menores que mantenían vivo el ánimo 
celebratorio en el lapso transcurrido entre un "Hecho histórico" y otro. 
De esta forma, una proclama de Lavallcja, la campaña de Rivera, el 
mensaje de Lavalleja a los Cabildos y su convocatoria al Uoblemo 
Provisorio, la primera declaración de éste, el natalicio de lavalleja y una 
carta de Hlanes. merecieron un aviso especial. Es notorio que estos 
acontecimientos eran celebrados por su vinculación directa o indirecta 
con el año 1825 49 

Las imágenes y el diseño utilizados en la campaña de la CNHS poseen 
algunos rasgos que la unifican. Sin embargo, es posible percibir la 
existencia de varias lincas diferentes. Asi. por ejemplo, un conjunto de 
avisos estaba ilustrado solamente con el logo del Sesquicentenario. 
explotando sus posibilidades gráficas. Otros anuncios presentaban un 
diseño más complejo. La mayona de las propagandas de la Comisión 
nivelaban sobre las páginas del diario objetas e imágenes pertenecientes 
a las épocas más diversas. De esta forma, la reproducción facsímil de las 
firmas de documentos, asi como las imágenes de cuadros de pintares 
nacionales y las fotograbas de grabados y objetos antiguos evidenciaron 

• Batiilld «Ir tas Piedras: primer triunfo de las fuerzas revolurInflarlas rnmaiidado» por 

Josr Gervasio Artigas frt.nte al rjértflo español al mando de Gervasio Posadas. c| ISdr 

man» df IAII 


la intención de apropiarse del legado cultural nacional. La sola combi¬ 
nación de objetos e imágenes ya instalados en la memoria social Junto 
con nuevas formas de difusión y diseño producía la ilación automática 
entre el presente y el pasado. 

En este sentido, el uso del "Juramento de losTnnnta y Tres Orienta¬ 
les" de Blanes constituyó el rasgo más significativo de la propuesta visual 
de la CNHS. Su inclusión en las publicidades ejemplifica adecuadamente 
el tipo de presentación gráfica que la Comisión concibió para sus 
campañas. El empleo de loque generalmente se pensaba como "una obra 
de arte" colgada en un musro implicó una resigníficación para transfor¬ 
marla en imagen publicitaria En este proceso, se reconvirtió su bagage 
simbólico anterior no solamente por su presentación bajo nuevos 
procedimientos formales, sino poique se asociaron los contenidos 
ideológicos de la dictadura a una estampa que siempre había represen¬ 
tado la "esencia nacional". 

Asi. el cuadro de Blanes unía el arenal de la Patria con su presente y 
también ron la época en que se retrató a sus héroes. Este cuadro 
constituía el vinculo visual entre el presente, los patriotas de 1825 y la 
época en que fueron retratadas. 

Un día antes del sesquicentenario del Desembarco de la Agraciada, 
la CNHS publicó un aviso que presentaba un Fragmento de un tema 
finalista del amor Ramón Racedo en el l er.fesiltxil Fulcloiico Oriental de 
•Canciones a mi Patria'. Bajo las estrofas de Y eum 33 nomos.... se erguía 
ri torso de Lavallcja dd cuadro de Blanes. rodeado por una borrosa 
multitud ditnijada a lápiz. Asi. se unía el canto patriótico promocionado 
por la dictadura con el sentimiento nacional que inspiró la Cruzada. La 
aprobación popular envolvía ambos momentos y los equiparaba. Por su 
parte, las obras de Blanes transportaban a los héroes de la independen 
da hasta un presente que volvía a demandar el sacrificio. Eran el 
vehículo que unía la cultura ilustradacon las armas, lantoen 1825 como 
dentó cincuenta años después. La presencia publicitaria de los enaltecidos 
valores nacionales convertidos en imágenes por Blanes. evocaba tam¬ 
bién el gesto patriótico dd artista. 50 

Ante la posibilidad de que estas cadenas de representaciones pasaran 
desapercibidas para el público, la Comisión decidió hacerlas explícitas. 
Piar eso. la voluntad dd pintor dr honrar se ti adujo también en sus 
textos. Si los cuadros no bastaban para probar la prolundidad dd 
sentimiento nacionalista, sus escritos certificaban la obvia 
litimritmaltdad La rúbrica de Blanes al pie del aviso confirmaba la 
tntciiHa emoción que lo embargaba al dar cuerpo y cara a los héroes 
inte lonulcs Y'o. que pinto la acción memorable de Saranrh continuamente 
> &nock*i<uta. religiosamente, por las rejfcwiones que me sugiere el secreto 
tAttnom sentir de rada uno de los actores- yo que temo profanar ¡as 
imóycruN i; siento temblar mi mano cuando acerco mi pincel a un 
ÜWflUrK un y.ufnuteyuL un del Pino, un Orí be. un í3emabé Rivera, un 


28 


29 


Fructuoso Rivera, un Leonardo Olivera, un Andrés La torre, un Velazco un 
Arcuicho. un Lenguas, un Irisarle, un Pozzotto un Freire, y muchos otros; 
yo que intento con ese cuadro sacar de i olvido en que hun caído, por 
preferencia de la moda, las verdaderas glorias uruguayas 

Los lincamientos propagandísticos de la CNHS exhibían algunos de 
los rasgos que marcaron globalmente al montaje histórico de la dictadu¬ 
ra. Además de la obvia uniformidad de contenidos las características 
formales de la campaba coincidieron can otras modalidades de exalta¬ 
ción historíetela al aprovechar medios tradidonaimente no usados para 
esos ñnes. La innovación, entonces, radicó más en el aprovechamiento 
de las estrategias publicitarias, que en la capacidad para promover 
referencias visuales nuevas. No existió una propuesta sistemática de 
reformulación de imágenes identi tartas. 

En este sentido, el referido uso del cuadro de Blanes constituye una 
clara muestra del alcance renovador de la campaba, al conjugar un viejo 
referente con contenidos y símbolos nuevos. Resulta interesante tam¬ 
bién que este mismo cuadro participara del resurgimiento de: una de las 
formas más antiguas de espectáculo. La realización de “cuadros vivos" 
era. hacia 1975. una costumbre usual en las instancias de conmemora¬ 
ción religiosa o las fiestas familiares y escolares. Estas representaciones 
escenificaban un episodio conocido, partiendo de un conjunto más o 
menos limitado de referencias visuales Pero la draniatizadón de una 
obra pictórica suponía la intención de reproducir fielmente un único 
modelo original En Uruguay, el "Juramento de los Treinta y Tres" había 
sido fuente frecuente de este tipo de recreación teatral en los populares 
"circos criollos". De hecho, como señala Emilio Irigoyen. el propio 
"cuadro de Blanes es una muy cuidadosa composición donde los 33 
personajes, perfectamente identificados e individualizados, se ordenan 
casi semlcircularmente en tomo a Lavallcja, que ocupa el centro de la 
tela. [...) Blanes obtuvo a la vez un sólido equilibrio compositivo y una 
convincente teatralidad". 53 *. 

Sin embargo, en 1975 el cuadro ya no se usaba corno inspirador de 
teatralizackmes. aunque pocas décadas atrás había sido anualmente 
representado en la Playa de la Agraciada. En 1975 la famosa teja fue 
usualinentc fragmentada para su inclusión en composiciones abigarra¬ 
das de objetos y símbolos de diferentes épocas y lugares. Asi. por 
ejemplo, el rostro de I-avalleJa se separó del coro de "patriotas" y adquinó 
una relevancia propia. La utilización de pequeños recuadros desmerecía 
la natural teatralidad del lienzo que fuera reafirmada, empero, por su 
puesta en escena. La dramati 2 ación del “Juramento" no fue una inicia¬ 
tiva menor en el marco de los festejos, constituyéndose en atracción 
central en todo el país, a partir de su estreno el 18 de abril. Ese día. el 
Servicio de Teatros Municipales presentó la propuesta usando el Obelis¬ 
co a los Constituyentes como simbólico marco para los Treinta y Tres*. 53 
Las crónicas de El País no permiten reconstruir exactamente un montaje 


escénico donde participaban 75 actores no profesionales, representando 
momentos culminantes de la inolvidable gesta, sobre un texto que 
g pmtterhñ fas explicaciones que el propio Blanes hizo de su cuadro y 
utilizó la preciosa carta que al pintor le enviara el autor riel'Martín Fierro’. 
En forma inexplicable. 75 personas representaban 33 personajes, 
logrando un cuidadoso ensamble entre el movimiento de los actores y la 
voz de los integrantes de la Comedia Nocional (que había sido grabada en 
play-back) 

Se ha Intentado describir una propuesta visual que pretendía innovar 
medíante una recuperación asistemática de viejos símbolos, explotando 
medios técnicos todavía bastante inusuales en la comunicación política. 
Una notoria improvisación y la confluencia de diseños disímiles carac¬ 
terizaron la modalidades de la CNHS Dentro del propio elenco oficialista 
estuvo presente la preocupación de que se perdieran los objetivos de la 
campaña patriótica en el entusiasmo suscitado por las novedades 
formales En este sentido, un editorial de El País sostuvo: No basta con 
acudir a afiches publicitarios: hay que inculcarlos acudiendo a las 
técnicas promocionales. Ven esta materia, toda cautela es poca porque la 
improvisarían o el manejo inexperto de esta delicada cuestión puede 
conducir a resultados contraproducentes, las etapas del proceso de 
recuperación no pueden precipitarse.™ 

Las campañas militares 

Dentro de las campañas publicitarias realizadas desde órbilas min¬ 
iares puede distinguirse tres lineas fundamentales A diferencia de lo 
que ocurría con las propagandas de la CNHS. estas tres vertientes 
mantuvieron una identidad definida. En orden cronológico, se encuentra 
uiui primera serie de avisos sobre la repatriación de los restos de Latorre. 
Como se analizará en detalle más adelante, estos anuncios se enmarcaban 
i*n una propuesta más amplia que buscaba enraizar en el pasado lejano 
e| nuevo rol político de las FFAA. Posteriormente, se difundieron dos 
rnmpañas que referían a las actitudes de la población en sus ocupaclo- 
ih'h cotidianas. Por último, apareció un conjunto de publicidades que 
trataban específicamente sobre los diferentes servicios militares y su 
painel en la sociedad. 

Una de las series estuvo identificada por un logo donde cuatro manos 
mlreln/adas simbolizaban el trabajo conjunto que demandaba la nueva 
*11 unción política. La siguiente campaña utilizó por logo una flor de 
p» i «loa superpuestos en forma de escarapela con un sol en el centro. La 
•rué de "cuatro manos" fue ilustrada por dibujos y en la otra se recurrió 
a In fotografía Mientras la técnica fotográfica crea la ilusión de fijar la 
u .didad mecánicamente, d dibujo es la “manifestación máxima de la 
Ino i,. |oimlklrid"del cmisor.en palabras de Elíseo Verán w Ya mediante 
ilil 'lijo* o fotografías, ninguna de estas campañas distinguía el mensaje 
vt»inil| drl trunsniitido por d texto. En ambos rasos, las imágenes 
mi 'Imii los contenidos expresados en palabras. 


30 



Además de las diferencias gráficas, ambas series publicitarias 
retomaban algunas de las ideas transí nítidas en la reivindicación del 
coronel Latorre. En aquella oportunidad se había equiparado la relación 
de las Fuerzas Annadas con el “pueblo" durante el pasado militarista y 
en el presente dictatorial. Para dio. se definían en forma a Lempo ral los 
vínculos que unían a la comunidad militar con la socíaL afirmando: En 
cumplúrriento de sus misiones especificas, esas FFAA han convivido con 
el pueblo hasta en los más apartados confutes de la Patria y su Cuadro 
de Oftc ¡ales puede pulsar mejor que nadie, las verdaderas necesidades de 
ese pueblo, poique vive can él en toda la superficie de nuestro territorio. 57 
Tal forma de concebir la inserción social de las Fuerzas Armadas refiere 
directamente a lo que Canua PerellJ llama un “concepto especial de 
democracia". La autora sostiene que para la corporación militar "La 
soberanía y. por tanto, la fuente última de legitimidad, no se recuesta en 
el concepto dcmollberal de ciudadana ni siquiera se refiere a la muy 
romana coricrpfiiahzaclón de populas. Por el contrario, descansa en el 
concepto de pueblo estructurado como nadán, con una fuerte nota de 
territorialidad". 5 * 

En base a esta noción, las Fuerzas Armadas proclamaban defender 
a la colectividad nacional reprcsenlada en su propia institución. Esos 
vínculos se sostenían en su capacidad de interpretación, sin reconocer 
mecanismo alguno de ratificación. Tal articulación de "pueblo" y "na¬ 
ción" no preveía la manifestación del consentimiento, pero hacia de su 
comunión el Juez y destinatario de toda acción política. C. Perellí afirma: 

Es a esta nación a quien debe rendírsele cuenta; es ante ella que deben 
dirimirse las contiendas ideológicas, puesto que es ella la que hará 
inclinar la balanza en favor de uno u otro adversario". 55 ' Por eso, las FFAA 
se preocuparon por publicitar y difundir su misión. 

Las dos campañas mencionadas se dirigieron, precisamente, a refor¬ 
zar el vinculo entre la institución castrense y su “pueblo" y a ilustrar las 
virtudes del régimen militar. Estos avisos enfafizaban el papel que debía 
cumplir cada habitante del territorio. El quiebre del eje temporal se daba 
por sobreentendido en las referencias a un ayer y un hoy. definidos por 
el golpe de Estado. El presente se convertía en un momento histórico 
crucial que demandaba el esfuerzo y sacrificio individual por la colecti 
vidad. Así. uno de los recuadros propagandísticos de la serie "cuatro 
manos" interpelaba personalmente al lector para recordarle que* Cual 
quiera sea su función en la saciedad. Usted está llamado a cumplir un 
papel decisivo en la obra que ya está en marcha. El árbol comienza a dar 
sus fulos porque las metas que nos hemos propuesto cuentan con el 
apoyo de todos los orientales. Siga entregándose en cuerpo y abría, a la 
tarca más importante, la más impostergable, la más hermosa, la suya: 
continuar reconstrmjendo nuestra patria . w De este modo, se Instituía un 
mecanismo de ratificación de la acción gubernamental que consistía en 
el mero cumplimiento de las actividades cotidianas. Esta concepción se 


32 


relacionaba directamente con el menosprecio por las tormas de decisión 
propias del sistema político democrático. 

En la linea publicitaria identificada por el logo en forma de flor, las 
Imágenes apoyaban estas mismas Ideas al incorporar fotos de individuos 
cumpliendo gustosamente con sus obligaciones diarias. Un médico 
auscultando a un niño, una maestra con sus alumnos, investigadores en 
el laboratorio, un peón arreando vacas, un carpintero y su aprendiz y una 
pareja en la iglesia sancionaban con sus sonrisas las virtudes de la nueva 
época Sin mencionar el corte de 1973. se proclamaba: El nuevo Uruguay 
que está creciendo no acepta diferencias de clases ni abismos entre 
padres e hijas parque el Uruguay somos todos . 61 

La corporación militar identificó la última campaña publicitaria con 
un logo que representaba a un Integrante de cada una de las Armas. En 
esta ocasión, la serie de avisos se unificó en la consigna Seguridad para 
el Desarrollo. Por un lado, se publiutaban las tareas propiamente 
militares y aquellas que involucraban la relación con la población. Con 
respecto a esta vinculación, los avisos detallaban el conjunto de servicios 
brindados por la institución a la comunidad. La labor de la pobeia 
adquirió un reheve significativo ya que la campaña coincidió con la 
celebración de su "día". También es posible percibir un énfasis especial 
en la cooperación de los establecimientos de las FFAA con los habitantes 
próximos a ellos, puesto que: Proteicamente todas las unidades militares 
del país apoyan de una u otra manera las esc ue las de sus respectivas 
zonas. Va sea suministrando transporte o mano de obm para la repara¬ 
ción de locales escalares o bien construyendo nuevas aulas y nuevos 
comedores en colaboración con las comisiones vecinales. a2 

Por otra parte, se realizó una campaña explícita sobre las ventajas de 
la dictadura, difundiendo la Seguridad paru la vivienda, la Seguridad 
para el ingreso de capitales y asi sucesivamente hasta abarcar la 
Seguridad para la Integración regional y la Seguridad para nuestra 
pesca.* 3 En este sentido, el quiebre temporal, que los avisos anteriores 
sólo sugerían, era datado ahora con precisión. La diferencia entre ayer 
y hoy era tan inmensa que cuando d 27 de Junio de 1973, de los 
escombros de la vúja República nació el nuevo Uruguay, un gran suspiro 
de alivio recorrió el País de un extremo al otro. A parta de ese vístante 
tuvimos la certeza de haber recobrado la seguridad perdida a lo largo de 
tantos años de luchas estériles, de escándalos, de retórica vacía. 04 

En muchos de estos avisos se privilegiáis* la descripción positiva de 
la nueva época, refiriendo difusamente a un pasado negativo. Sin 
embargo, en otras ocasiones se expusieron morbosamente las “desgra¬ 
cias" de los años previos al golpe de Estado. La D1NARP publicó un 
suplemento especial en El País, contraponiendo dos largas columnas de 
hitos bajo los rótulos de AVERy HOY. Las imágenes presentaban al mismo 
país, la misma gente. Dos Instantes que sólo separ an escasos tres años 
Uta textos al pie pautaban la mirada con seríes de conceptos claves: 


33 


AYEK: Túedo. pánico. destrucción, locura, demagogia, mentira, odio, 
intriga, terror confítelos, confusión, negatwismo. incertidumbre. HOY: 
paz. seguridad, desarrollo, un puebla qte camina seguro hacia ima era de 
prosperidad. Además, se abundaba en la exhibición de los “horrores" del 
pasado, enumerando minuciosamente las acciones de! enemigo: Ma¬ 
sacre: cobarde asesinato de cuatro soldados por la espalda Locura: el 
codúuer de Dan Mitrícne fusilado ron un tiro en la nuca - Cobardía: sets 
hombres pam asesinar un policía previamente maniatado -Inhumana: 
inocente peón asesinado y desfigurado porque sin querer demasía 
río’"® 

l’cro en una comparta dedicada a la difusión de los principios de la 
Doctrina de la Seguridad Nacional. la promesa de! futuro borraba las 
amenazas del pasado. El lema de Seguridad para el Desaíra lio contenía 
los dos conceptos centrales de la referida vertiente ideológica. Según 
plantea N. Sala, la idea de -desarrollo para la seguridad’ fue enunciada 
por primera vez en Montreal en el arto 1967. De acuerdo a esta idea, el 
desarrollo económico aparecía eximo condición de la seguridad . 06 Resul¬ 
ta Interesante que en esta serie de avisos se invirtiera el orden de los 
términos de la consigna, postulando que la "seguridad era la condición 
para el desarrollo". Dr esta forma, se establecían dos etapas del régimen 
político instaurado en 1973. En un primer momento, era necesario 
consolidar la "seguridad", es decir, reprimir los signos del conflicto 
político y social Recién una vez superada esta etapa, se podría empren¬ 
der un periodo de progreso y crecimiento económico. 

Era ésta la propuesta política que el gobierno intentaba enraizar en 
el pasado a lo largo del "Arto de la OrientalidacT. Los militares declaraban 
que. habiendo i-umplído la etapa de "poner la casa en orden", se 
comenzaba el segundo paso hacía el desarrollo. La publicidad eludía 
cualquier definición de futuro que desplazara del rol protagónico de la 
escena publica a las Fueizas Armadas. Por el contrarío, en los avisos de 
prensa la institución castrense aparecía como artífice y Sostén de un 
proyecto económico y social de largo alcance. 


2. De mano en mano 

Las imágenes y personajes reproducidos en monedas y sellos repiten 
ante la vista desatenta de los usuarios las efemérides, los héroes y los 
símbolos de una colectividad. Billetes y monedas son el soporte material 
de la riqueza guardada en las míticas arcas del “Tesoro Nacional", 
mientras la imperiosa necesidad de su uso reproduce las fronteras 
territoriales de la nación. La elección de sus Ilustraciones refleja la 
intencionalidad oficial de c nmponer un bagage simbólico. Su presencia 
muchas veces inadvertida, inntribuye a matrizar una detenninada 
visión del pasado propio Así. los valores abstractas de la nación toman 
cuerpo en objetos tangibles de uso diario. 


En medio de una situación internacional de graves repercusiones en 
la economía nacional, el proyecto del Ejecutivo sobre el sesquicenlenario 
.Irsimaba 192 naílones de pesos (cerca de USD 150.000) a la acuñación 
<Jc monedas conmemorativas de oro y plata con pleno poder cancelatorio 
pat a toda clase de obligaciones publicas o privadas. Este fue el punto del 
proyecto más debatido por el Consejo de Estado Las discusiones se 
centraron en el peligru de poner en circulación una considerable suma 
del respalde metálico depositado en el Banco Central. El consejero 
Eduardo Praderi opinó con insistencia que la acuñación era un problema 
sumamente delicado, fundamentalmente en una economía con un régi¬ 
men de inflación y. simultáneamente con una situación de inestabilidad 
en moneda y en metales en el mercado internacional Este planteo no fue 
una preocupación exclusiva de ciertos consejeros sino que el temor 
parecía provenir de grupos empresariales. El consejero Labadle Abadie, 
fundamentando los cambios introducidos por la Comisión Especial, 
argumentaba que: A todos los niveles hubo una verdadera alarma |ya 
qu<*| /.../ en esta materia se mueren intereses prtixuios muy significad 
vos. 67 

Estos planteos se inscribieron en un panorama signado por la 
Implementación de una política económica de corte neoliberal. Se estaba 
cumpliendo con los lincamientos del Plan Nacional de Desarrollo 1973- 
1977. elaborado en 1972 por la oficina de Planeamiento y Presupuesto. 
Ln asunción de Altgandro Vegh Villegas al frente del Ministerio de 
Economía y Finanzas en junio de 1974 fue decisiva en la cfeclivízación 
tic esas medidas. Bajo la dirección de este técnico reconocido por los 
« nitros financieros internacionales se produjo un crecimiento del pro¬ 
ducto bruto interno y del sector terciario, se reíormuló el comercio 
exterior y se agudizó la desigualdad social, con una tuerte caída del 
salario real. 68 En medio de esa reestructuración de la economía, en 1975 
se creó el "nuevo peso". 

Todas las disposiciones referidas a la acuñación de monedas conme¬ 
moro! Ivas evidenciaron improvisación y premura. Desde el inicio mismo 

• Jrl trámite se percibió la prescindencia del mínimo asesoramiento 
técnico necesario. Labadie Abadie confesó que la Comisión había descu 
trtrrio errores graves en la actuación del Poder Ejecutivo. Al presentar el 
liilonnr señaló. La verdad es que hecha la investigación nos encontramos 
fon que el proyecto inicial ni siquiera había sido consultado a las 
antoriflules dd Banco Central ni a sus funcionónos técnicos más dístin- 
•fiiiiios /.../. w Una vez que el Consejo hubo aprobado con modificaciones 
U Iniciativa del Ejecutivo, el Banco Central asumió la tarea de llamar al 
rancurso de bocetos y poma' en circulación las monedas Con una 
tvforma monetaria pur delante, el Ministerio de Economía recibió las 

• inrjíift de los Consejeros por el atraso en la emisión 70 

Afirmas de las modificaciones técnicas, el Consejo de Estado incor- 
|miiÓ una serie de criterios sobre las ilustraciones que ostentarían las 




monedas. Por un lado decidió que una de ellas incluyese d retrato de 
Artiga» en su versión conocida rumo "carbón de Blanca". Por oirá parte, 
dispuso que Mel>cn »n contener la leyenda “Sesqui centenario de los 
Hechos Hbit arte a» de 1825" o “Sesquiccntenaric de 1825“ y que la 
palabra Uruguay sustituirla al "República Oriental del Uruguay" pro¬ 
puesto por el Ejecutivo. 71 

Resulta Interesante constatar que las únicas dos ferinas concretas de 
«■rlrbrarlón legisladas de antemano tu vieron a .Artigas como protagonis- 
i Ui inclusión del mausoleo y de monedas con su imagen entre los 
festejo» riel srsqufcentenario resaltaban la Importancia de la relación 
entre Artigas y los acontecimientos de 1825 en la lectura oficial. Aunque 
debatida en el Consejo de Estado, la filiación artigulsta de la Cruzada fue 
una Interpretación asumida de hecho en todas las modalidades 
celrbratorias Con el rostro de Artigas como motivo central las monedas 
del scsquicentenarto unían material y simbólicamente dos procesos 
cuya tnterrclación centraba, todavia. una polémica hisloringráfica Las 
imágenes y leyendas reproducidas en la única moneda finalmente 
acuitada simplificaban el proceso indcpendendsta. Su circulación gra¬ 
baba en la solidez del metal a 1825 como arto de concreción de la 
independencia y a ésta como realización de la voluntad de Artigas. De 
este modo, se desdibujaba toda una 'faceta del ideario artiguista. 
extensamente difundida antes de la dictadura por la confluencia de la 
investigación hlstonográftca y la prédica política. Pero además, las 
ilaciones con el artiguismo permitían enraizar la nacionalidad en tiem¬ 
pos aun más antiguos que la Cruzada Libertadora, clausurando toda 
discusión sobre fechas posteriores. 

En el mamo de las tradiciones celebra lonas oficiales, las monedas dd 
sesquicentenano mostraron signos de continuidad y también de ruptura 
con respecto a los contenidos y modalidades anteriores En el primer 
sentido, se recuperaba una representación del heme nacional que 
colgaba de las paredes de las oficinas públicas desde 1923. Efectlvamen 
te. en octubre de ese ario, el "carbón de Blanes". junto con las obras de 
Bonpland. Herrera. Blanes Víale y Zanelli. había sido oficializado como 
retrato del héroe nacional. 72 La emisión monetaria de 1975 elegía uno de 
estos rostros, volviendo a otorgar a Blanes el título de “pintor de la 
patria", distinción merecida por había- logrado “poco menos que materia¬ 
liza! un autorretrato nacional", en palahras de Gabriel Peluffo. 73 

Por su parte, las señales de innovación referían a cuestiones más de 
londo. alíñenles a las formas de construcción de las imágenes leprcscn- 
tativas del ser nacional En este sentido, se impone una vez más la 
comparación con las decisiones tomadas a pnnclpios de siglo. En esa 
oportunidad, la invitación a participar en el concurso de bocetos del 
monumento a Artigas fue expresamente abierta a escultores de “fama 
mundial". Uirgo de una primera ronda, la Comisión encargada de la 
« le» clón decidió efectuar un nuevo llamado entre el italiano Angel Zanelli 


y el connacional Juan M. Ferrari, expresando su aspiración de que la 
obra definitiva contemplase tanto el aspecto "artístico" como el “históri¬ 
co". Finalmente, en marzo de 1915. el artista Italiano resultó ganadur y 
"el Artigas de Ferrari fue descalificado, al entenderse que tenia una 
branca inclinación nativista' [...|, lo cual le restaba —a criterio del 
jurado— dimensión heroica y contenido universal". 74 

Estos tramites de elección de una estatua para el héroe muestran 
claramente las tensiones, implícitas a toda representación nacional, 
entre los valores universalistas por una parte y la afirmación de las 
particularidades por la otra. 78 En este sentido, la opción de 1915 habla 
de una concepción "abierta" de la identidad que se definía en su 
asimilación al mundo. En 1975. por el conlrario. el consejero Labadie 
Abadie explicaba que la Comisión Especial había querido mantener el 
tono de conmemor anón patriótica y sobre todo nacional [yj por eso limitó 
el boceto de las monetlas y del mausoleo a artistas nacionales 76 Tal 
decisión ejemplifica adecuadamente la manera propia de la dictadura de 
concebir las relaciones entre el "adentro" y el "afuera”. Se trataba de una 
linea de pensamiento que reunía la advertencia sobre la influencia 
externa con un relato del pasado que remarcaba el carácter autosuficiente 
de los orígenes nacionales y de todo el acontecer posterior. 

Si las monedas circulan entre los miembros de la colectividad, la 
emisión de sellos busca proyectar una imagen oficial del país hacia el 
exterior. Como otros tantos elementos de uso cotidiano, los sellos han 
adquirido un nuevo significado desde que dejaron de ser imprescindi¬ 
bles. La posibilidad de sustituirlos por otros medios redefinió su condi¬ 
ción. argumentando su pervivencia en el mantenimiento de una tradi¬ 
ción. Asi. la elección de las estampas transmitidas en los sellos permite 
analizar las imágenes nacionales que se quería difundir desde el poder. 

Entre la multitud de acontecimientos conmemorados durante 1975, 
el gobierno eligió algunos para ilustrar sellos postales. La Dirección 
Nacional de Correos fue autorizada a imprimir 450.000 unidades 
relativas a la Inada festejada por el “Año Cívico-Literario" y a los “I lechos 
Históricos", exceptuando sin razones aparentes d encuentro del Monzón, 
el sitio de Montevideo y la declaración de “Libertad de Vientres". Claro 
está que el héroe nacional mereció un sello propio, en ocasión del 50° 
Aniversaria de la Fundación de la Escuela del Solar de Artigas en el 
Paraguay. 77 

Resulta notorio que la colección de sellos de 1975 reproducía las 
grandes lineas de las conmemoraciones oficiales. En este sentido, no 
innovaba demasiado en su propuesta de figuras representativas del ser 
nacional, aunque mostraba ciertos énfasis particulares. Por supuesto, 
la imagen postal del Desembarco de la Agraciada correspondía al manido 
óleo de Blanes.™ Meses después, con audacia innovadora, la Dirección 
de Correos se permitió poner en circulación otra versión de los Treinta 
y Tres Orientales, esta vez dd pincel del autor nacional Angel Medula 
Medina, tradicional ilustrador de los sellos uruguayos. 79 


36 


37 


Cuando el desprestigio internacional era hasta tal punto una preocu- 
paiácn dri gobierno que el pre-ddente comento públicamente las rriticas 
de un uruLrrsitano canadiense, todas las iniciativas de apoyo exterior 
eran ampliamente publicitadas.* 5 El scsquicemenario fue una ocasión 
propicia para que algunos países manifestaran su adhesión a un 
régimen cuestionado en los foros internacionales. En este contexto, la 
España de Franco y la Argentina de Isabel Perón emitieron sellos 
conmemorativos de las fechas uruguayas. La Comisión Argentina de 
Homenaje al Sesquicentrnario propició la edición de un millón de 
ejemplares con el cuadro de Blanes En ocasión de los feste|os dd 12 de 
octubre, la f abrirá Nacional de Moneda y Timbre española, por su parte 
emitió una serie denominada "Hispanidad 1975". con motivos de edifi¬ 
cios históricos nacionales. 81 

La utilización de elementos de uso cotidiano para la difusión de una 
prédica histórica enlazaba las conmemoraciones del sesqu(centenario 
curi los mecanismos más comunes de veneración al pasado. De esta 
forma, los contenidos polémicos de la lectura histórica dictatorial se 
servían de los canales tradicionales para imponer sus imágenes 
referenciales. Ixjs acontecimientos y personajes reproducidos por las 
monedas y los sellos perduraron junto con el recuerdo de su propia 
exaltación oficialista. , 


3. Recorridos y paisajes históricos 

Us <*statuas y las plazas, los nombres de las calles, las rutas y los 
puentes reproducen una visión de la historia que convive con los 
individuos. Aunque oscurecido por el trajín cotidiano, este panorama 
refleja ciertas decisiones sobre el pasado nacional. Las nuevas señales 
se incorporan en forma perdurable al paisaje provocando cada vez menos 
estrañeza hasta convertirse m un escenario aparentemente despojado 
de significado histórico. De igual forma, se van olvidando progi calva¬ 
mente las intenciones políticas y las controversias históricas suscitadas 
al modificar el entorno físico. En ese sentido, d plano de la ciudad revela 
los énfasis de las políticas oficiales, pero expresa también las reivindica¬ 
ciones locales, las propuestas corporativas o las iniciativas partidarias. 
Bajo un gobierno autoritario, estas disputas por imponer objetos y 
denominaciones se dirimen entre los actores y organizaciones auspicia 
dos por las fuerzas en el poder. 

La dictadura uruguaya demostró un interés especial por demarcar el 
espacio físico con nuevas interpretaciones, formas o contenidos. Para 
dio. utilizó una concepción “tradirionalista" de la identidad cultural que. 
al decir de García Candini. se sustentaba "en un patrimonio, constituido 
a través de dos movimientos la ocupación de un terntorio y la formación 
de colecciones". Desde esta concepción la Identidad se equipara a 


habitar un lugar, compartiendo un conjunto de símbolos y rituales. Ese 
bagage simbólico se ordena en colecciones que restauran constantemen¬ 
te ios vínculos esenciales que mantienen unida a la colectividad. 82 En 
este sentido, la preocupación de la dictadura por signar el entorno 
geográfico se vincula, seguramente, con la capacidad de estas “coleccio¬ 
nes" de borrar las tensiones inherentes a su origen e integrarse a las 
imágenes consensúales de la comunidad nacional. Al respecto, el mismo 
autor afirma "La perennidad de esos bienes hace imaginar que su valor 
es incuestionable y los vuelve fuente del consenso colectivo, más allá de 
las divisiones entre clases, etmas y grupos que fracturan a la sociedad 
y diferencian los modos de apropiarse del patrimonio". 83 El análisis de 
las innovaciones del enlomo permite desarmar esta apariencia consen¬ 
súa!, visualizando las interpretaciones del pasado y las lecturas del 
presente que le subyacen. 

El “Año de la Orientalidad" ambientó los impulsos monumentalistas 
e incitó a reíormular el nomenclátor oficial. Ambas intenciones expresa¬ 
ron una voluntad de ordenamiento y parcelación del espacio público, en 
consonancia con la redefimeión de la galería de héroes. Los personajes 
fueron ordenados en un riguroso escalafón en linea ascendente según su 
Importancia en la fundación nacional. En base a esta rígida graduación, 
se evaluaron las nóminas de calles y monumentos, comparando la 
disposición en d plano con d lugar que ocupaban en la escala de valores 
oficial. La Cruzada Libertadora fue el punto de partida para este examen 
escrupuloso de gran piarte del pasado racional. De esta forma, se buscó 
reparar las "omisiones" de los gobiernos anteriores y enmendar sus 
"negligencias", actitud usual al cambiar las orientaciones políticas 
oficiales 

Treinta y tres individuos en el paisaje 

La oficialización de la “Nómina de los Treintay Tres Orientales" es una 
muestra extrema de las modalidades autoritarias de construcción de la 
galena de héroes. En febrero de 1975. a pedido de la CNHS. el Poder 
Ejecutivo sancionó la lista oficial de los treinta y dos hombres que habían 
acompañado a Lavalleja Esta resolución se fundamentaba en un 
informe de la referida Comisión, por el cual esos nombres deben ser los 
adoptados en el año 1876 por la Comisión Encargada del Monumento 
Conmemorativo de lo Independencia de la República, inaugurado en 
Florida el 19 de mayo de 1879 y por el pintor nacional don Juan Manuel 
Blanes. Jlgurando, además, en documentos con las firmas autógrajas de 
Lavalleja y Oribe. 84 Esta argumentación se apoyaba en veredictos 
historíeos emitidos por personajes cuyas virtudes patriótica» eran 
incuestionables para un gobierno que reivindicaba el latornsmo. El 
“Juramento de los Treinta y Tres Orientales" era rcfonnulado hasta 
convertirlo en prueba de la veracidad de los mismos hechos que en su 
origen habla contribuido a exaltar. La lectura histórica oficial equipara- 



ba la r ep re sen tación paradigmática de la 'Cruzada Libertadora" con el 
análisis documental refrendando en su coincidencia la “verdad lustort¬ 
ea” del acontecimiento. De alguna forma se pretendía dar al cuadro el 
valor testimonial de una fotografía. 

Además el Informe de la CNHS se apoyaba en un estudio documental 
que no había sido específicamente redactado para la ocasión. Por el 
contrario, retornaba d analista realizado den años atrás por la "Comisión 
Encargada del Monumento Conmemorativo" de la Florida. Con intencio¬ 
nes de dotar a la medida de mayor credibilidad y verosimilitud, la CNHS 
y el Estado Mayor del Ejército auspiciaron la reedición de un trabajo del 
coronel Antúnez de Olivera, llamado “Lista oficial de los Treinta y Tres 
patriotas".* En la propia edición se remarcaba el Interés de cumplir con 
el Decreto l09/75del4/2f 1975. adoptando la resolución de elaborar una 
nómina según el orden dispuesto por el pintor Blanes , m Nuevamente, se 
trataba de hacer del “Juramento" el parangón de la veracidad histórica 
y de su autor una suerte de "testigo presencial" incontrovertible. Asi. se 
equipar aba la significación patriótica del desembarco con la de su retrato 
más conocido o. como dijera F. O. Asaun^ao. se reverenciaba ei instante 
cenital que captóJuan Manuel de Blanes en su tela, tan inmortal ésta conw 
el episodio mismo.* 7 De todos modos., el estudio del coronel Antúnez 
buscaba cumplir con los requerimientos eruditas, analizando los docu¬ 
mentos e incluyendo su reproducción facsimilar. Es interesante consta¬ 
tar asimismo que tanto los antecedentes históricos manejados, como la 
reedición de ese trabajo no implicaron nuevos aportes sobre el tema. 

La intención de la CNHS y del Poder Ejecutivo era. seguramente, 
resolver un problema puntual de orden organizativo. Más que aportar 
datos historiográficos. pretendían establecer con claridad los nombres 
de los personajes venerados desde las primeras épocas de vida indepen¬ 
diente. El deerrio mostraba la obsesión por la exactitud de una concep¬ 
ción Jerárquica típica de una mentalidad modelada en la disciplina 
militar. Bajo este objetivo pragmático, se evidenciaba una forma de 
construcción de los referentes históricos de la colectividad que tiñó todas 
las celebraciones dictatoriales El País ironizó sobre la pretensión de 
definir la lista mediante un decreto, pero entendió las razones concretas 
de la CNHS de hacer distintos homenajes e Incluso un monumento a los 
protagonistas de la gesta. Y por supuesto, precisa de una nómina oficial 
de los integrantes de la gran Cruzada. Ello motivó el insólito decreto de la 
víspera, que no pretende sentar una verdad histórica, sino ajusfar una 
nómina oficial para la realización de los correspondientes homenaje s 
/-i- 88 Sin embargo, la actitud del diario oficialista había sido otra cuando 
el Ejecutivo decidió por la misma vía los festejos del sesquicentenario. 

A pesar de haber oficializado la nómina, sólo algunos de los treinta y 
dos orientales merecieron, ajuiriodelaCNHS. la veneración personalizada. 
El objetivo de marcar con sus nombres el paisaje urbano y rural quedó 
relegado después de haberse sancionado la listar se prefirió enfatizar en 


) la ya conocida apelación colectiva. l«as figuras individuales quedaron 
unidas en la extensa, pero ya no difusa, denominación de los ‘treinta y 
tres”. Al designar con ese apelativo un núcleo del Instituto Nacional de 
Colonización, el secretario de Relaciones Públicas explicó que: La 
denominación genérica '33' es más conocida que la lista.** Sin embargo, 
algunos personajes fueron homenajeados individualmente mediante la 
inclusión en el nomenclátor. Izis nombres de Ignacio Medina. Agustín 
Velázquez. Felipe Campé y Francisco Lavalleja pasaron a identificar 
calles montevidcanas. 90 De este modo, solamente cuatro de los Ireinta y 

I dos orientales accedieron a la “chapa" que el general Cnsli les había 
prometido por cadena nacional, exactamente dentó cincuenta años 
después de su desembarco. 91 Por otra parte, se procuró denominar a una 
ruta del departamento de Florida con el nombre de Manuel Francisco 
Artigas y la CNHS apoyó las reparaciones de la casa de los Spikerman 
para convertirla en un museo M 

La conservación del pasado 

Esta escasa atención individualizada se contrapuso a la concitada 
por el personaje colectivo de los "treinta y tres". Con una presencia 
consolidada en el paisaje público, varios de los sitios bautizados con el 
apelativo grupal ascendieron durante 1975 al rango de “monumentos 
historíeos". Asi. una plaza un cuartel, una virgen y el sitio del desembar¬ 
co fueron simbólicamente integrados a una clase de objetos que preten¬ 
día reproducir el pasado de la colectividad. 93 Mediante la denominación 
de "monumento histórico" se buscaba conformar una colección de 
objetos evocalivos de las zonas y valores del pasado que representan 
oficialmente la identidad nacional. Durante 1975 vanas decenas de 
sitios y edificios entraron en esta categoría, denotando el interés 
gubernamental por definir los límites del patrimonio histórico. Las 
políticas oficiales a este respecto fueron una versión “primitiva" de lo que 
García Candirá llamaría "tradicionalismo fundamentalista" refiriéndose 
a una caracterización del patrimonio como "conjunto de bienes estables 
y neutros, con valores y sentidos fijados de una vez para siempre". 91 

Durante la década del setenta, la UNESCO organizó una serie de 
conferencias internacionales, propiciando el debate y la definición de 
políticas culturales gubernamentales. Ya en 1968 se habían dictado 
"Recomendaciones sobre la conservación de los bienes culturales que la 
ejecución de obras públicas o privadas pueda poner en peligro". En 1970 
se realizó una “Convención sobre las medidas que deben adaptarse para 
prohibir e impedir la importación, exportación y la transferencia de 
propiedad ilicilas de bienes culturales". Dos años después se celebró la 
“Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y 

Í natural". 93 Bajo la influencia directa de este impulso, numerosos países 

se preocuparon por guardar y proteger sus bienes naturales e históricos. 
Cuando estas corrientes renovadoras comenzaban a plasmarse en 




dedBionracHtatalr.s. Uruguay aún no había transitado por fases anterio¬ 
res de conste rvarión patrimonial, ya cumplidas en otros países latinoa¬ 
mericanos Sé bien nu pueden desconocerse las iniciativas cumplidas 
Ixtjn rl impulso personal de figuras cuma Horacio Arredondo. Juan Pivcl 
Devoto y í ulnn I¥rez Montero, la "C omisión de Patrimonio Histórico. 
ArtiaUrt.v Cultural" comenzó a trabajar en Uruguay en junio de 1972 con 
una tradición prácticamente nula. La inminente Convención mundial de 
la UNESCO seguramente había influido en la creación de este organismo 
en octubre de 1971. Esla influencia se hizo evidente en las definiciones 
de |wtinmonio contenidas en el informe presentado al Ejecutivo en 1975. 

Kstc documento retomaba las directivas de la Ley 14.040 y establecía 
cpir fxximn ser declarados monumentos historíeos los bienes muebles o 
Inmuebles vinculados a acontecimientos relevantes, a la evolución histó 
ncu nacional a personqfes notables de la vida del país o a lo que se 
considere represen rodeo de la cultura de una época. Sobre esta base 
agregaba, en clara coincidencia con las definiciones de los foros interna¬ 
cionales. que la expresión "monumento histórico “ (...) reviste un alcance 
mui/ amplio, puesto que „ además de las obras arquitectónicas y paisajes 
urbanos, considera comprendidos en ella, a los yacimientos arqueológicos 
y paleontológicos, a las obras de arte de los más diversos géneros, a los 
manuscritos, impresos, planos, mapas, grabados, partituras, piezas de 
riuniLSinúíica. deJUatelia y todos otros exponentes que puedan asociarse 
a la evolución histórica y social de la República y a las manifestaciones que 
en el decurso de los añas han formado su acervo cultural. Pero este 
informe se apartaba de los lincamientos de la UNESCO al sustituir el 
criterio de preservación de los lugares de valor etnológico y antiopalógim 
por la referencia a los bienes de personajes notables de la vida del país 
o a la que se considere representativo de In cultura de ana época.* 

Esta visión tradicional del pasado desplazaba el protagonismo colec¬ 
tivo implícito en los términos etnológico y antropológico, para privilegiar 
el papel de los "grandes personajes". Sin embargo, el Poder Ejecutivo 
analizó el escrito y redeflnió los objetivos prácticos, restringiendo aún 
más radicalmente sus alcances. En base a consideraciones de orden 
práctico y con temor ante las posibles reacciones de los propietarios, el 
Ejecutivo decidió un plan gradual de medidas que priorizaha los bienes 
afectados por la modificar ion de las costumbres y modernización de las 
ciudades. Los criterios de la Comisión fueron reducidos a los sitios en que 
residió un personaje de notoriedad histórica, los que fueron escenario de 
hechas relevantes, sede de organismos oficiales o privados asociados por 
ello a la vida institucional cultural religiosa, social, industrial o económi¬ 
ca. de tus edificios representativos del estilo o del gusto de una época, de 
las obr as < fe ejecución más recientes, que por sus valores deben preservarse 
porque están llamadas en el futuro a que también se las considere como 
expresión de un periodo /.../. 97 

Desde estas ideas primitivas sobre el patrimonio cultural, las medi¬ 


das írnplementadas por la dictadura nunca llegaron a consolidarse en 
una política sistemática de conservación. Aún más. el gobierno urugua¬ 
yo no ratificó las normativas emanadas de la Convención sobre patrimo¬ 
nio cultural, ni adhirió al fondo de recursos errado con tal objetivo. La 
única medida tomada en cumplimiento de isas decisiones consistió en 
la confección de un inventario de bienes. A lo largo de 1975 más de un 
centenar de lugares y objetos fueron arbitrariamente integrados a una 
colección de reliquias. La incorporación al "muestrario histórico" signi¬ 
ficaba únicamente la imposibilidad de vender o modificar el “monumen¬ 
to". Una vez que hubo sancionado la “sacraiización" de estos espacios y 
bienes, el Poder Ejecutivo limitó sus intervenciones al suministro de 
reducidos fondos para cuestiones puntuales y a la mudanza del taller de 
restauración a la órbita de la referida Comisión de Patrimonio . 1 * 8 

Las divergencias existentes entre las definiciones de la comisión y las 
del Ejecutivo pueden abordarse mediante el esquema propuesto por 
Raymond Williams para analizar políticas culturales. Este autor distin¬ 
gue. por un lado, el nivel “arcaico" de los objetos reconocidos como 
pertenecientes al pasado de una sociedad. Define también un nivel 
“residual" de bienes que. aunque percibidos como productos del pasado, 
se mantienen vigentes. Por último, denomina "emergentes" a las expre¬ 
siones innovadoras en el plano simbólico y de las prácticas sociales . 1 * 9 
Según este análisis, una política cultural que omita alguno de los niveles 
fracasaría por descuidar manifestaciones culturales importantes. 

Puede percibirse que el criterio de la Comisión tenía en cuenta los dos 
primeros niveles, mientras que la concepción del Ejecutivo se limitaba 
básicamente al estadio “arcaico". Esta última nocion reducía la categona 
"monumento histórico" a los bienes representativos de una serie de 
valores nacionales y culturales definidos a pnon. Mediante esta selec¬ 
ción. se “sacralizaba" un conjunto de objetos, manteniéndolos aislados 
del entorno físico y resguardados de toda mlluencia perniciosa para la 
“pureza" de los valores representados. En este sentido, una resolución 
del Ejecutivo declaraba "monumentos históricos" a varios inmuebles, 
entre los cuales se incluía un sector de la muralla de las fortificaciones 
de Montevideo existente sen el subsuelo de la casaTrabucatíl un Palomar 
que perteneció a la Quinta de Manuel Sainz de Cavia, en la que se reunió 
el Congreso de Tres Cruces en abril de I&I3, un inmueble' de las 
postrimerías del periodo colonial representativo de la arquitectura de la 
época y el Mercado del Puerto. 100 Esta reunión arbitraría de porciones de 
la ciudad muestra, además de la ausencia de planificación, una concep¬ 
ción fragmentaria de la historia. 

La declaración como "monumentos hislóncos" de los cuatro sitios 
reunidos bajo la denominación Treinta y Tres Orientales" evidencia, por 
su parte, una concepción más claramente "arcaizante" de las políticas 
culturales. La confunción de una vtrgen. una playa, un cuartel y una 
plaza componen una muestra grotesca de una concepción estática y 


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* 


tradicioruiliMa de la nación La “Virgen de los Treinta y Tres" aportaba 
al muestrario histórico de la dictadura el caudal simbólico del único 
icono religioso con significado histórico nacionalista del país y el 
reconocimiento de una sostenida veneración popular 101 De este modo, 
la Iradkión cristiana, la vertiente militar y un nacionalismo conservador 
confluyeron en una lectura de la historia impuesta a la exposición 
pública. Esta forma de veneración histórica se tunda en un continuo 
tpmporal que hace significante al pasado en relación al presente v al 
futuro, en tanto prolongación de los modelos de vida y las patita» 
culturales dispuestos más allá del tiempo. De este modo, la unidad del 
grupo social se mantiene en el sentimiento de un origen común, donde 
se rastrea una tradición üicucstionada y atemporal que prescribe los 
valores morales 102 

Un lugar en el mapa 

Como ya se ha planteado, durante 1975 la preocupación por equipa¬ 
rar la importancia asignada a individuos y acontecimientos con su 
presencia en el entorno físico caracterizó las medidas de nomenclatura 
histórica. Esta inquietud tuvo su máxima expresión en los homenajes 
dedicados ai Jefe de la Cruzada Libertadora. Aunque los nombres de los 
cruzados no adquirieron una relevancia propia. Lavalltja fue. segura 
mente, la figura individual que centró las conmemoraciones. En un 
panteón dominado por Artigas, héroe nacional indiscutidn. el escalón 
consecutivo era ocupado por J. A. Lavallcja. como Segundo Jefe de los 
Orientales. 

A poco de comenzar el “Año de la Orientalidad". el consejero Siemens 
Amaro advirtió con inquietud que ese titulo no se correspondía con su 
espacio en la ciudad. El consejero argumentó que In capital de la 
República está en deuda con la rememoración adecuada de la figura 
gloriosa del Jefe de los Treinta y Tres /.../. Sólo existe en la dudad de 
Montevideo una calle, ni siquiera un Bulevar ni tampoco una avenida, que 
recuerde su nombre heroico. Pero aun es atinado destacar que esa calle 
es una calle secundarla. 103 Por eso. reclamó que se le mgfera un 
monumento en la Plaza de los Treinta y Tres Orientales, según lo 
dispuesto hada mas de una década. En respuesta a estos requerimien¬ 
tos. el Poder Ejecutivo decretó la construcción de la estatua y la CNHS 
realizó el llamado correspondiente al concurso de bocetos para irrigirla 
en el cruce de Av. Italia y Garibaldi. i<M 

El llamado se restringia a escultores nacionales y se preveía una 
inversión de 45 millones de pesos destinados a cuatro premios y cinco 
menciones especiales. 105 Las bases describían un monumento de simi¬ 
lares características a las estableadas por el llamado para el de Artigas 
en 1883. Se disponía la erección de una estatua ecuestre fundida en 
bronce, sobre un pedestal revestido de granito, sin ningún otro elemento 
agregado. Elfrente del pedestal llevará esta inscripción- LAVALLEJA. Esta 


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última precisión apostaba al poder persuasivo de la imagen, con 
prrscindenda de cualquier explicación adicional. Por eso. se fijaban 
claramente los entonos que el escultor debia asumir, asegurando que: 
Habrá total libertad para ta concepción de la obra, en tanto su realizador 
se inspire en las virtudes ciuicas y militares del prócer. 

A estos electos, se adjuntaba un escrito de Dionisio Trillo Paya, 
incorporado a las anteriores bases del concurso publicadas en 1963 bajo 
la impronta del gobierno blanco. Este trabajo exaltaba las condiciones 
militares de Lavallcja. afirmando que ha de ser en un señalado momento 
riesu nieta de guerrero impemoso.yacaballo. que lo captará el artista para 
aproximarlo en el bronce a la respetuosa contemplación del pueblo, un 
pueblo que disfruta de la independencia política en mérito de los trabajos, 
las fatigas y la audacia del Jefe de los Treinta y Tres Orientales. Se vetaba 
expresamente la inspiración en los últimos 25 años de su vida, es decir, 
se eliminaban todas las facetas del personaje relativas a las disputas 
intercaudillistas que minaran su Imagen de luchador desinteresado por 
el bien de la patria. Se afirmaba que los acontecimientos de esta etapa 
no agregan nada a la figura ecuestre que deben realizar los escultores 
concurrentes con unción patriótica, con arreglo a la verdad histórica y con 
sensibilidad artística. 10 * 

Es Interesante constatar que el llamado Incorporaba las mismas 
referencias visuales que en 1963 Estas eran un retrato al natural de 
1835 de J. P. Goulú. un daguerrotipo de 1852 o 18.53 y la foto de la 
Espada que perteneció al general Juan Antonio Umolleja. 107 Aunque no 
figuraba en el folleto de las bases, la CNHS no olvidó incluir el consabido 
retrato del cuadro de Blanes m su aviso publicitario del concurso. El 
Jurado se reunió a fines de noviembre y la CNHS inauguró la exposición 
de los bocetos presentados."* De esta forma, se dio cumplimiento a una 
osada reivindicación del Consejo de Estado que no había sido prevista 
entre los festejos programados. 

Hada fines del arto, el Jefe de la Cruzada mereció nuevamenteja 
atención del Consejo de Estado, en ocasión de discutirse la iniciativa del 
Ejecutivo para designar con el nombre “Juan Antonio Lavalleja" a la 
Escuela N° 38. ubicada en el lugar donde ciento cincuenta años antes 
había acontecido la Batalla de Sarandi. La Comisión de Educación y 
Cultura propuso modificar el proyecto, incorporándole a la denomina 
nón d grado militar del procer En tal sentido, los argumentos del 
informe eran similares a los esgrimidos en las bases del concurso para 
la estatua. Se trataba de resaltar su condición de guerrero y de generar 
admiración ante su espíritu audaz Este sentimiento era la herencia que 
las nuevas generaciones debían recoger ya que pocas son las palabras 
para describir la Cruzada Heroica, porque aparte del juicio serena de la 
historia, hay un aspecto sentimental aún no exaltado ni escrito con la 
intensidad y profundidad necesarias, que no encuentra comparación en 
los pueblos ron milenaria ¡rarluión. que nornnientra similitud níoon 108 
hechos heroicos de la Guerra de Esparta ni de la noble Atenas. 

A 


La reíemiiia n la antigüedad elásica aludia al sustrato común de una 
herencia ort idrntal y rrlatlana, retomada en su calidad de rrpresenta¬ 
ción |Mi!itdtj,MiiiUcn de “lo épico”. Unía el pusade propio a la historia 
univn ruil. i«‘<liint listonando su valor en la comparación. Asi. d aconte¬ 
ce i n .m i mi ti nc adueñaba de todas las características del modelo clásico. 
Eat uní» |h.U tico de la herencia grecorromana tenía antecedentes en el 
no/i'tiiui y rl fi «seísmo. Claro está que la referencia a la historia clásica 
ti.i nido un lugar común en la retórica apologética de la nainón y no se 
ii «lo «Ir un rasgo exclusivo de kis gobiernos autoritarios. Ya en los 
fmtr|ii* del Centenario de 1825. Duvimioso Terra había calificado a los 
I* ti iibics i h* la independencia como una generación homérica, retomando 
la 11 adición de la “Nueva Troya ". 111 En 1975. al comentar el informe del 
I* |r< olivo sobre el sesquicentenario. la consejera Coohghan Sangumetti 
represó con orgullo que en las estrofas de los himnos de cuatro países 
americanos se menciona in Batalla de Sarandl A tanto llegó el prestigio 
de esa batalla, que puede decirse que fue realmente homérica. 113 La 
iiiIhuih fuerza ganada por la Batalla de Sarandi medtante la calificación 
de homérica. obtuvo la Cruzada al ser comparada con los modelos 
ateniense y espartano. 

Por otra parte, el informe insistia en la equivalencia entre quienes 
homenajeaban en 1975 a la figura heroica de Lavallcja y d pueblo que 
había combatido Junto a él por la Independencia. Se sostenía que este 
homenaje lo hace el pueblo de Sarandi Grande, un recuerdo imperecedero 
de aquella grande batalla que consolidó la Declaratoria de la Independen¬ 
cia, de esa batalla que se libró en esos mismos lugares donde hay se 
levanta una escuda que quiere Ueve su nombre para tenerlo siempre 
presente, al Jefe y a todos los que con él lucharon y murieron, viviendo 
otros para ejemplo de los generaciones frituras . 113 De este modo, el "Año 
de la Orlentalldad" reproducía los sentimientos patrióticos que unían al 
pueblo oriental y sus lideres desde la fundación nacional. Pero si en las 
publicidades de la CNH5 el pueblo rodeaba borrosamente la figura de 
Lavallcja, en el informe de la Comisión cumplía un rol auxiliar para 
desaparecer de las bases del concurso del monumento. A pesar de estos 
matices, las tres modalidades cefcbratorias coincidían en su reiterada 
alusión al carácter de conductor militar del héroe. 

En el caso del Consejo de Estado, este énfasis en la imagen militar se 
relacionaba con la actitud asumida durante la dictadura por los conse¬ 
jeros en su condición de civiles. Sin ningún tipo de rodeos, fueron estos 
“civiles" quienes reclamaron que no se olvidaran los galardones del 
general quien, argumentaban, nunca renegó de su grado militan al 
contrario, en todos sus retratos, óleos, etcétera siempre lo vemos con su 
uniforme militar y desde que estudiamos en las aulas de las escuelas lo 
conocemos como el General IxwalUga. Eso queremos transmitirle a los 
niños que «xiucurren a la escuda, a esa esperanza del futuro, para que lo 
vean como lo recordamos nosotros en el cuadro de filones de los Tremía 


y Tres Orientales: bota alta pistola al cinto, bandera de la libertad en la 
mano, guerrera azul, cuello y puño noforado . 114 Estas palabras, de la 
inconfundible pluma de la “señorita" Coolighan Sanguinctti, volvían a 
convertir las imágenes enaltecedoras del procer en contundente eviden¬ 
cia de sus cualidades. 

Con la misma voluntad de establecer al Segundo Jefe de los Orientales 
en el esparto urbano, se designó con su nombre una calle montevideana 
y el Instituto Normal de la ciudad de Minas . 115 Asimismo, una de las 
varias rutas bautizadas con los nombres de los Héroes Nacionales se 
llamó Brigadier General Juan Antonio Lavalleta Las otras carreteras 
fueron denominadas Brigadier General Manuel Oribe. General José 
Artigas. Andrés Artigas. Brigadier General Fructuoso Rivera y Coronel 
Leonardo Olivera. Mediante esta decisión, los habitantes del territorio 
nacional pasaron a estar comunicados, literalmente, a través de los 
héroes nacionales. 

El espado asignado a cada una de las figuras de este panteón oficial 
se relacionó ron la valoración de su rol en la historia de la nación. Pero, 
además, se encontró y publicitó una vinculación entre el espacio 
geográfico que se les asignaba y su trayectoria personal. De esta forma, 
la ruta 3 fue denominada General José Artigas por su aproximación a la 
ruta del Exodo del Pueblo Oriental La ruta 4 se llamó Andrés Artigas 
porque conduce a Ias Misiones, donde Andresito Juntó las fuerzas 
indígenas que comtilgaran can el ideal ariigitista. En el caso del Brigadier 
General Rivera, la rula 5 que lo homenajeaba refería, además, a la 
historia conmemorativa al considerar que atraviesa el país en direrxóón 
aL departamento que tiene su nombre, y que cruza Durazno, el paraje 
favorito del caudillo en momentos de crisis. Al Brigadier General Juan 
Antonio Lavalleja se le asignó la ruta 8 para evocar el camino de su 
primera gran misión militaren la gesta de 1825 cuando, desde el litoral, 
con un puñado de hombres, marchó a poner sitio al reducto extranjero 
refugiado tras los muros de Montevideo. Para el Coronel Leonardo Olivera 
se eligió la vía 9. ruta del Este, para homenaje a ese caudillo patriota que 
conquistó esos parajes para la lucha de los orientales. Por úllimo. la Ruta 
1 se bautizó Brüjadier General Manuel Oribe sin enunciar razones, 
olvidando significativamente que esa vía comunicaba con Argentina, 
donde el caudillo blanco había tenido fieles aliados . 116 

El establecimiento de una red de caminos sobre todo el mapa del pais 
expresaba en una sola resolución los dos movimientos de constitución 
“tradicional" del patrimonio. Al mismo tiempo que demarcaba más que 
simbólicamente el territorio de la nación, establecía la “colección" de los 
héroes nacionales Con sus nombres se bautizaban las vías más 
importantes de comunicación y transporte, exponiendo a la veneración 
cotidiana del tránsito carretero los títulos de los personajes que habían 
recorrido esos lugares en su lucha por la independencia de la patria. 

Los nuevos nombres incluían los grados militares de los personajes 




según se usaban ya en la ¿poca independen lista. Estas Jerarquías Fueron 
recuperadas por la Ley Orgánica Militar de 1974 como títulos honorití 
cus. La preocupación por los galones se extendió a muchas de las 
instancias celebra lorias de la dictadura aunque no fueran auspiciadas 
directamente por las Fuerzas Armada» Tal inquietud se expresó más 
que claramente en la promoción dd coronel I«eonardo Olivera al grado de 
general Según manifestó el consejero Aparicio Méndez, esa decisión nos 
conforma ¡ ¡ de que el grado de General no lo ¡unja obtenido durante el 
transcurso de su vida ejemplar: porque k> recibe u/iora. por voluntad de un 
gobierna respetuoso en todos sus aspectos de los grandes valores nacio¬ 
nales {...J. El consejero .Jorge Spangerberg. por su parte, advirtió la 
consecuente necesidad de subir de grado al tramode la Ruta 9 bautizada 
con el nornbrc de Olivera, a lo cual Méndez replicó que la ley vendría a su 
debido tiempo . 117 

El sitial del Compadre 

La constatación del Consejo de Estado sobre la pobreza del recono¬ 
cimiento urbano a Lavalleja reflejaba el legado de décadas de gobiernos 
colorados. Ana Prega sostiene que los héroes recordados por la “fiebre 
monumcntistica" del siglo XIX "habían peleado a favor del Partido 
Colorado Se olvidaba a figuras como .Juan Antonio Lavalleja o Manuel 
Oribe, del partido Blanco. Recién en el siglo XX se conformó un panteón 
de héroes ‘simétrico*!... l - . 11 * De esta forma. Rivera gozaba de una 
presencia consolidada en el entorno urbano, que podía visualizarse en 
estuluas. callea y parques. Los sitiales que ambos caudillos habían 
conquistado en d espacio publico mostraban las pugnas partidarias por 
la demarcación de la ciudad «un sus personajes y acontecimientos. 

Refiriéndose a los énfasis de las divisas en la versión de los orígenes 
nacionales. Real de Azua afirma. "El estereotipo tndependentista ha 
incluido la imagen de los dos caudillos mayores del quinquenio 1825 
1830 como acérrimos, inquebrantables autonomistas. Claro que no a los 
dos simultáneamente. La historiografía partidaria colorada, a partir de 
Bauza, que dio la pauta de la versión, lo ha hecho con Rivera, en tanto 
que la nacionalista, aunque también con la adhesión de Blanco Accvndo. 
de Salteram (con matices) y de historiógrafos menos embanderados, 
realizó similar ajuste eon la trayectoria de Lavalleja". a ® 

De este modo, aunque ambos personajes escoltaban la figura uielu- 
dible de Artigas, las lecturas coloradas reafirmaban d "autonomismo" de 
Riveray el “argenbnisnio" de Lavalleja, mientras las versiones de filiación 
blanca enfatizaban en la “traición" del primero y en el sentimiento 
independentlsta del segundo. En la polémica de 1923. los defensores de 
la ‘tesis clásica" marcaron sus perfiles parbdanos al interpretar la 
incidencia de sus lideres en la consolidación nacional. A este respecto. 
Real de Azúa sostiene que los historiadores colorados no dudaban en 
preferir d 25 de agosto sobre d 19 de abril puesto que en ese momento 


Rivera ya se había incorporado a las fuerzas antilusitanas. A su vez. 
reiv uidicaban la campaña de las Misiones como la contribución decisiva 
de su caudillo a la independencia. • Los blancos, por su parte, podían ser 
más flexibles con respecto a las fechas, ya que su líder había conducido 
la Cruzada Libertadora desde los prolegómenos.' 30 

Al celebrar los “Hechos Históricos de 1825". el sesquicentenario 
subordinaba los homenajes a Rivera a su intervención en ese calendario. 
Tampoco puede olvidarse que la plana mayor del ejército de 1975 tenía 
simpatías predominantemente blancas. Asi. este caudillo tuvo escasas 
ocasiones de ser venerado individualmente, perdiendo relevancia bajo el 
alud de festejos patrióticos. Un busto en el Liceo Militar N° 2 de la 
localidad de Santa Bernardina, la construcción de una plaza tai Fray 
Bentos y la sanción de su casa como “monumento histórico” fueron los 
medios utilizados para enaltecer la figura de Rivera. 121 Este héroe 
merrrió. además, algunas de las iniciativas más originales de la profusa 
actividad de la CNHS. El Hk/uerón de Rivera fue uno de los centros de su 
preocupación forestal, reafirmando la personalidad histórica nacional 
en la Dora autóctona. En este sentido, se decidió trasplantar junto a su 
estatua en Montevideo un gajo del mítico Higuerón del paraje donde el 
caudillo se refugiara a su regreso de las Misiones. Amenazado por el tan 
pub licitad o embalse de Salto Grande, el Paso del Higo fue también 
declarado “monumento histórico". 133 

En 1975 el perfil de Rivera adquirió relevancia en tanto "actor 
privilegiado” de los ‘Hechos Históricos", a los que se incorporó "invitado" 
por Lavalleja en el famoso episodio del Monzón. Este acontecimiento 
unificó las glorias particulares y permitió que Rivera desplazara a Oribe 
del sitial de Segundo Jefe de la Cnizada. mediante su victoria en la 
Batalla del Rincón Ambos “Hechos' merecieron sendos homenajes por 
parte de la CNHS. incluyendo la señalización exacta de los sitios 
mediante estelas cvocaüvas. 123 Si el triunfo militar de Rivera marcaba su 
contribución especificadla independencia nacional, el gesto del Monzón 
adquiría una significación especial en la pretensión oficial de enaltecer 
a la nación por encima de sus divisiones internas. 

El montaje histórico del sesquicentenario. empero, no podía obviar 
antenores políticas cclebratorias. ni lecturas del pasado nacional defini¬ 
das bajo la influencia de las divisas tradicionales. El empeño por hacer 
de sus líderes los héroes sin mácula de la colectividad nacional Implicó, 
en el caso de Rivera, una insistencia marcada en su contribución al 
proceso Iniciado por Lavalleja. La expresión más llamativa de esta 
operación fue la decisión de las autoridades de Flores de indicar con 
estelas rada paso de la hazaña militar de Rivera, desde su triunfo en 
Rincón hasta su aporte a la victoria de Lavalleja en Sarandí. 134 F. O. 
Assunyao asignaba claramente los méritos individuales de los jefes 

• Compota de tas Misiones, expedición de las fuerzas comandados por F Rivera a ti» 

Misiones y conquista de su territorio en agosto de 1828 frente al Imperto de Brasil. 


48 


49 




militares explicando que Lavativa cristalizó en Sarandi los ajanes 
tantas veces Jrastrados. Fue ei ,)efe de la epopeya de los Treinta y Tres 
Orientales Kíivra compartió con éi la responsabilidad del comando 
emancipador luego del acuerdo det Monzón que selló la cor\funcióri que 
precisaba la Ptitrta. 1 ** 

Las peculiaridades de la Integración de Rivera a las celebraciones se 
fundaron, entonces, cu una determinada versión de la historia. En la 
lectura ofrecida por la CNHS. la filiación antilusitana de Lavalleja era 
incontrovertible, mientras que la posición de Rivera resultaba cierta¬ 
mente mas difícil de exphear. Se hizo necesaria una fundamentauón que 
lograra eximir de culpas ai discutido caudillo colorado. Sin embargo, esta 
"purificación" sr estancaba en una insistente reiteración de argumentos 
pro rivcrísUs. Se remarcaba su fiel participación en las luchas artiguistas. 
las equivocas situaciones que lo enrolaran junto a los portugueses, el 
gesto patriótico del Monzón y su aporte decisivo en la Batalla del Rincón 
y en la Campaña de las Misione.s. ,2 * En una conferencia en el Instituto 
Histórico y Geográfico. A&sun^ao habló: ftirci aquellos que aún no creen, 
para las que dudan de la sinceridad o aim de la veracidad y coi Heñirla de 
aquel episrxiio ejemplar (...¡ Para los que extrayendo lodo de su propia 
espíritu siguen queriendo arrojar sombras o salpicar las imágenes de 
aquellos hambres que nos dieron la Patria /.../. A estos les explicó que ya 
no Importaban las circunstancias previas al encuentro entre Rivera y 
I-avalleja porque lo que importó e imporiafueron sus enormes consecuen¬ 
cias. (.../ |Alli| Hubo dos hombres enteros de alma generosa, que unieron 
sus corazones en un abrazo leal por ei ideal auténtico del patriotismo 
sano. 127 

En esta concepción, el ‘Abrazo del Monzón" representaba, simultᬠ
neamente. lu transformación de Rivera en cruzadodela causalibcrtadora 
y el reconocimiento implícito de su tardía incorporación El Encuentro de 
InsJqfes era tributario, por su propia denominación, de una concepción 
"simétrica** del panteón nacional. Este acontecimiento simbolizaba, 
udmias. la unión de los “orientales" frente al enemigo externo, antepo¬ 
niendo los intereses comunes a las rivalidades partidarias. Este “Hecho 
Histórico” expresaba también la mnceptualizacíón de la colectividad 
nacional en términos de “gran familia". Por ella, ambos caudillos 
depusieran los antagonismos que los habían separado por algún tiempo 
y se duran el abrazo que selló la unidad del pueblo oriental. Desde 
entonces nuestras querellas entre hermanos siempre Jueron superarlas 
cada yez que el destino de la Patria estuuo amenazado. Por encima de las 
pasiones del momento, el ejemplo de los Tenientes de Artigas seguirá 
siendo nuestra guia. Que nunca más nadie se atreva a rfñJidir la familia 
oriental. Porque asi como Rivera y lxwalieja se confundieron en un abrazo 
para damos libertad, del mismo modo formaremos una muralla contra el 
extraño que pretenda d iludimos. lM 

Estos intentos oficiales de “limpiar la actuación del líder colorado 


buscaban integrarlo a una visión de la historia que proponía una 
concepción “cerrada” de la nación. Sin embargo. Lavalleja y Rivera 
mantenían su carácter de héroes partidanos. lo cual se evidenció en la 
decisión del diario El País de responder los requerimientos de “lectores" 
y publicar la conocida carta que Lavalleja enviara a su esposa relatando 
su versión del celebrado “abrazo" ,M La edición de esta nota epistolar 
contrariaba el sentido que otorgaba la CNHS a la inclusión de extensos 
documentos en su campaña publicitaria. De esta forma, la pretendida 
voluntad monolítica de los héroes nacionales se resquebrajaba ante la 
pluma coloquial de un marido que narraba “intimidades". 

En la visión defensiva oficial, en cambio. Lavalleja y Rivera sellaban 
con su A brazo de Compadres la "paternidad artigulsta" de la colectividad 
nacional. Con este gesto, los dos tenientes de Artigas afirmaban asimis¬ 
mo su carácter de descendientes legítimos del ‘Jefe de los Orientales". 
Esta nueva afirmación de la unidad de la familia oriental refería a una 
antigua forma de concebir los vínculos nacionales, usual en la literatura 
política del siglo pasado. Ana María de Torres muestra la interrelación 
entre las Ideas de “orden" y de “familia" en este tipo de teorizaciones, al 
señalar que en el "‘sueno de un orden' que orientó a la ciudad letrada, 
familia y nación han funcionado como articulaciones correlativas en el 
imaginario acuñado por los proyectos hegemónlcos nacionales en la 
América Latina del siglo XIX. En electo, la nación como cnnstructo tuvo 
siempre como uno de sus pilares en el discurso liberal a lu figura de la 
familia como centro donde reposa’ la unidad naiuonal. es decir, como 
Institución-base encargada de preservar la estabilidad del estado y de 
transmitir sus valores”. 130 

En esta concepción, la sociedad aparece como una entidad "natural" 
y no como resultado de un contrato voluntario entre individuos. Marr 
Abeles explica que la Idea de la sociedad como prolongación de la familia 
puede encontrarse ya en la fundamentadón de la monarquía absoluta. 
Esta teoría equipara el poder real al del pater. argumentando que "la 
autoridad política es una autoridad natural", emanada del arden divi¬ 
no. 131 

En 1975 la dimensión “familiar" de la nación se expresaba en una 
obsesión genealógica que fundamentaba las innumerables pensiones 
graciables otorgadas a bisnietos y choznos de aquellos héroes de la 
patria. A lo largo del año. el Consejo de Estado concedió numerosas 
pensiones a descendientes de Art igas. Lavalleja. Oribe y otros personajes 
de la Independencia. I-os trámites incluían una relación de los méritos 
de los predecesores y de las penurias económicas de los descendientes, 
quienes debían además demostrar fehacientemente su filiación. Asi. la 
valentía y las dotes militares excepcionales del General Lavalkja le 
sirvieron a su bisnieta para obtener una ayuda económica que ya 
recibían otros parientes. 131 Estas medidas contaban con tradición 
legislativa desde comienzos del siglo hasta los prolegómenos de la 




dictadura. Sin embargo. durante 1975 se alcanzó la misma cantidad de 
pensiones graciables de Upo genealógico concedidas entre las años 1961 
y 1966. sin contabilizar lus numerosos aumentos, traspasos y concesio¬ 
nes a personas aún vivas. 133 

liada linajes del año. los consejeros comenzaron a manifestar 
preocupación por la proliferación de solicitudes y en 1976 lograron 
aprobar una ley al respecto. 134 En esa dirección. E. Praderl opinó que por 
lo menos debemos suspender el sistema a los tataranietos, ante lo que 
Apando Méndez recalcó que se trataba de un año que nos pone 
sentimentales y. por consiguiente, proclives al otorgamiento de pensiones 
graciables . ,J5 Quizás fue este mismo ‘ sentimentalismo" el que impulsó 
al general Omar Porclúncula. a apadrinar una chozno del Jefe de los 
TVeínta ij Tres Orientales, ofreciendo un pequeño ágape en et Club 
Uruguay. Más usual fue que los descendientes figuraran en los 
programas de actos y desfiles patrióticos. Su presencia en sectores 
especiales de los palcos oficiales fue, seguramente, la expresión más 
simbólica de esta proyección "familiar" de la colectividad nacional 137 

En la versión de la dictadura, entonces, la asimilación entre familia 
y nación adquiría una sene de significados caractensticns. Por un lado, 
permitía establecer las relaciones al interior del panteón de héroes, 
mediante las ideas de Padre y Compadres. A su vez. la organización 
familiar se extendía a los vínculos entre estos jefes y su pueblo, 
afirmando simultáneamente la filiación artiguista de Rivera y Lavalleja 
y la de todos quienes lo acompañaron en su lucha. Pero además, se 
cxplitnlubuf i los lazos de herencia entre la Familia Oriental de 1975 y sus 
heroicos antepasados del proceso independen lista. Estas múltiples 
ilaciones explicaban los vínculos sociales en términos dr una escala 
Jerárquica determinada por relaciones de parentesco, equiparando la 
autoridad del gobierno militar a la rígida estructura de la familia 
patriarcal 

Los héroes de la década 

Durante la dictadura, la celebración de acontecimientos y personajes 
ya siicralizados adopto muchas veces las modalidades más tradicionales 
utilizadas por d Estado Además, como se ha planteado anteriormente, 
el régimen busco apropiarse de diversos personajes históricos, ya 
proponiendo una lectura nueva, ya explotando antiguas interpretacio¬ 
nes. Es natural suponer que en rata búsqueda de soportes históricos, se 
Intentara dotar de significación nacional a individuos propios de la 
dictadura Sin embargo, durante el “Año de la Oricntalidad". cuando la 
obsesión evocativa alcanzó su apogeo, la recuperación de personalida¬ 
des vinculadas al golpe de Estado no fue una característica predominan¬ 
te. Es asi que la única figura tomada para resigniíicar el espacio público 
con su evocación fue Martin R. Echegoyen Presidente del Consejo de 
Estado desde su instauración liasla que murió en 1974. se hizo acreedor 


52 





de diversos homenajes propulsados por esc organismo. Al cumplirse un 
año de su muerte, se colocó una placa en el despacho correspondiente 
al presidente del Poder Legislativo. Posteriormente a iniciativa de 
A. Méndez, se designó con su nombre la Escuela N° 38de Montevideo. 138 

El énfasis conmemorativo de personajes vinculados a la dictadura se 
puso en una apelación de carácter colectivo que envolvía a todos los 
caldos en la lucha antisubuersiva. Como se verá más adelante, esta 
conmemoración mantuvo su carácter militar aunque buscó signar la 
memoria colectiva. Proveniente del 8 o Regimiento de Caballería de Meló, 
la inauguración del Parque del Recogimiento para los caídos frente a la 
sedidón buscó traspasar la esfera propiamente militar al insertarse en 
los festejos del 180" aniversario de esa ciudad. Sin embargo, el acto tuvo 
un marcado tono de reivindicación del contenido corporativo del acon¬ 
tecimiento. El martirologio de estos nuevos "héroes de la patria’ fue 
representado por cuarenta y cuatro árboles y placas de mármol con sus 
nombres. Además, se pasó la lista de los muertos y cuarenta y cuatro 
soldados dijeron “presente" por ellos. Los festejos continuaron durante 
once días con campeonatos de pelota vasca y fútbol, exposiciones de 
dibujos y monedas, obras de teatro y elección de reinas. 139 

La otra iniciativa importante en la modificación deJ entorno urbano 
fue la decisión de construir una Plaza del Ejército en Avda. Gral. Flores 
y Bvar. Batlle y Ordóñez Aunque el jurado falló en abril y anunció que 
se llamaría a licitación en octubre ésta aún no estaba terminada. 140 
Recién en 1977. luego de dos años de obras, esta plaza fue inaugurada 
al público. AI igual que lu Plaza de la Bandera, abierta unos años 
después, esta construcción impacta por la presencia del cemento y una 
estética de orden y austeridad, que no propician otros usos que las 
paradas militares y los palcos oficiales. 

La escasez de apelaciones a figuras identificadas con la dictadura 
muestra la influencia de una matriz de larga duración en la relación con 
el pasado de la sociedad uruguaya. Paradójicamente, un gobierno que 
rompía con los tradicionales vínculos de ciudadanía política y social, 
proclamando la necesidad de rcformularlos. descuidaba la reivindica¬ 
ción de acontecimientos y figuras propios. Esto es más interesante si se 
considera que este régimen modificó efectivamente tanto los énfasis y 
contenidos de la lectura histórica oficial como las modalidades 
ceiebratortas. Lo antinlor revela la percepción del elenco gubernamental 
de los limites estatuidos socialmente para la integración de símbolos y 
representaciones del pasado. La escasez de referencias a su instauración 
en el poder muestra que esos límites ambientaban más una recreación 
sobre ciertas bases compartidas que una producción innovadora. Pero 
udemás. la definición de nuevos hitos fundacionales probablemente 
estuviera obstaculizada por una conceptualizauón "arcaizante" que 
ubicaba los referentes fundacionales en un tiempo original condensaría 
en una estampa estática. Sin duda, las referencias al pasado inmediato 
podían incitar rivalidades y divisiones Internas. 


53 


Puede pensarse también que esta restricción de la autocelebraeián 
tenia que ver con la propia dinámica del proceso iniciado en 1973 En 
este sentido, la búsqueda de legitimación htstórlca precedió a la defini¬ 
ción del provéele político, permitiendo visualizar los complejos 
entrelazamientos de ambas esferas. Además, pudo incidir una reticencia 
a destacar el protagonismo individual en la actuación de la corporación. 
Asi. el énfasis laudatorio se puso en la condición genérica de las Fuerzas 
Armadas en tanto herederas y continuadoras de las tradiciones nació 
nales. 

Un legado de cemento 

En rl marco de los festejos del 19 de abril, el general Cristi se dirigió 
a la opinión publica por cadena nacional informando las actividades 
proyectadas por la CNHS. Reseñó la creación de la Comisión y transmitió 
el espíritu que debía predominar entre los uruguayos, explicando que les 
esperaba un año de reflexión y de trabajo, de rememoración y reverencia, 
de esperanza y deje. Sostuvo también que las celebraciones se orienta 
rían en dos direcciones. Por un lado, se refirió a los usuales actos y 
ceremonias de exaltación patriótica y por otro, expresó que: Escapando 
a lo que pudiera resultar efímero . |se debía) procurar Jalonar definitiva¬ 
mente la presencia de este año y dentro de los recursos disponibles 
mediante colaboraciones o realizaciones propias con la concreción [.../ 
de obras para beneficio de nuestros compatriotas, en esperta! de los ninas 
y de la Juventud. 

De esta forma, la celebración histórica se unía a un proyecto de 
desarrollo buscando que la evocación patriótica perdurase en realizacio¬ 
nes de liso público. Se trataba de Incorporar al paisaje obras que. por su 
uLilidad. recordasen la gloriosa historia de la patria y los honores del 
"Arto de la Orlenlahdad". El espíritu patriótico que había Inspirado a los 
héroes de 1825 era retomado de acuerdo a una evaluación de las 
necesidades del Uruguay de hoy. 

En esa oportunidad, el general Cristi anunció entre las actividades 
previstas la compra de una policlínica móvil para el interior y el 
mejoramiento del saneamiento en Sarandi Grande, un plan de emergen¬ 
cia relativo a la situación edilicia de primaria y secundaria, la unporta- 
ción de un grabador electrónico para el SODRE. un plan de forestación 
de 200.000 hectáreas Junto al MGAPy la creación de un Parque Nacional 
lacustre y Area de Uso Múltiple en las lagunas de José Ignacio. Garzón 
y Rocha. w * A lo largo del año. la prensa informó del cumplimiento 
paulatino de estas decisiones En muchos casos, el acto de inauguración 
dr Iub obras se hizo coincidir con alguna celebración histórica. Asi. por 
ejemplo, la puesta en funcionamiento del saneamiento en Sarandi 
< '.i ande se enmarcó en los actos por la histórica Batalla celebrada en el 
inlnnio lugar. ua 

1forestación, por su parte. íue una de las medidas más publicitadas 
va que simbolizaba una herenria útil y emotiva para las generaciones 


futuras Durante todo el año apareció un aviso de la Junta Honoraria 
Forestal que: prescribía: En el Año de la Orientulidud plante cubóles y 
cuídelos, el país los ueccsr/a. 1 ** Además, las plantaciones enraizaban la 
veneración histórica en el suelo nacional. De esta forma, se buscaba 
enriquecer el paisaje autóctono con las simientes de la historia, reveren¬ 
ciando a la naturaleza como componente primordial de la nacionalidad. 
Esta idea subyace a la concepción romántica de la nación en tanto 
expresión de una sene de dalos "naturales" como raza, lengua, costum¬ 
bres y religión, en estreclia relación con un territorio. En este mismo 
sentido, durante 1975 el Consejo de Estado homenajeó al escritor 
Fernán Silva Valdés y al pintor César Pesce Castro por inspirarse en el 
color y olor de nuestra tierra, en el rústico paisaje campesino . 144 

Los árboles fueron los objetos preferidos para representar en núme¬ 
ros la veneración patriótica. Así. la Comisión de Forestación del Consejo 
de Educación Primaria planto 150 árboles que simbolizan los hechos 
históricas. El mismo organismo implemento también la siembra de tres 
árboles en cada escuela para el 19 de junio y la colocación de treinta y 
tres árboles en las escuelas con predio, festejando el 25 de agosto. De esta 
forma, los números se cargaban de diversos contenidos, expresando los 
ciento cincuenta artos de la independencia nacional, los festejos histó¬ 
ricos actuales, los treinta y tres orientales y. quizás, las tres banderas 
patrias. En el marco de las celebraciones, la forestación hizo de arboles 
y números una alegoría patriótica. No era menos obvia la intención de la 
distribución de semillas con un instructivo adjunto entre los escolares 
de Santiago Vázquez. 145 

Esta transformación de las obras públicas en celebraciones no fue 
privativa de la dictadura militar. Se trataba, por el contrario, de una 
modalidad ampliamente utilizada por los gobiernos anteriores. Los 
ejemplos más recordados son. seguramente, la inauguración de las 
obras del puerto de Montevideo en 1901. del Palacio Legislativo en 1925 
y del Estadio Centenario en 1930. Asi también en 1975 muchos 
organismos oficiales y algunos privados aprovecharon la culminación o 
el inicio de sus proyectos para expresar su adhesión a los festejos del 
sesquicentenarío. Los actos del 25 de agosto, por ejemplo, fueron 
representativos de esta modalidad celebratoria. En esa ocasión. El 
Gobierno se reunió 150 años después en Florida en una junta de gabinete, 
simbolizando la continuidad entre la histórica asamblea y el proceso 
dictatorial. El orden del día incluyó varias medidas referidas a la 
actividad productiva: Proyecto de Ley de Código de Aguas, declaración de 
interés nacional de la actividad industria) de leche en polvo de Conaprole 
y de la explotación de hierro, aprobación del Plan Nacional de Energía 
Eléctrica para la próxima década, adjudicación a la empresa Chevron 
Overseas Petroleum lnc. de la explotación de hidrocarburos. 1,6 

Las palabras de Bordaberry al inaugurar la reunión resumían 
adecuadamente la intención de materializar el sentimiento nacional del 


54 


55 


régimen en proyectos rímetelos Kl presidente explicó que: No ha querido 
el Poder Ejecutivo que este acto y que esta decisum fueran puramente 
sunbóitcas. Dentro del esfuerzo de recuperación moral y material en que 
está empeñada Ja noción, ha entendido el Poder Ejecutivo que para este 
acto y esta oportunidad debía reservar un conjunto de decisiones, que se 
Inscriben en ese esfuerzo /.../porque son medidas que conducen hacia su 
progresa material ij hada el bienestar de sus habitantes. 147 Estas pala¬ 
bras refieren, además, a un rasgo recurrente en los discursos de los 
voceros del gobierno dictatorial. Se trataba de la expresa intención de 
diferenciarse del denostado estilo de actuación política de los dirigentes 
partidarios, censurando sus debates y alocuciones. En esta ocasión, el 
propio presidente declaraba la voluntad oficial de omitir las palabras 
para "hablar" mediante acciones. 

Este discurso interpelaba al pasado desde los objetivos de la moder¬ 
nidad haciendo de los planes de desarrollo programas de homenaje a la 
historia nacional. Modernización y transformación buscaron de este 
modo enr alzarse en una tradición que se prolongaba en sus logros. Esta 
conexión entre pasado y futuro fue una característica saliente de los 
planteos gubernamentales, más allá del alcance concreto que estos 
planes hayan tenido en el país. De hecho, la prédica oficial del "desarro¬ 
llo" se vela frecuentemente paralizada por una apelación histórica 
francamente tradtrtonahsta. Esta tendencia se expresaba en la reiterada 
alusión a una "revolución’ cuyo cometido esencial parecía ser la "restau¬ 
ración" de un conjunto inmutable de valores. En el acto del 18 de julio 
el Ministro de Trabajo y Seguridad Social. José E. Echeverry Stirling 
afirmó que la segunda gran Revolución dé los Orientales (...} es. en gran 
medida, proceso restaurador de los mqjores legados patrios. 149 No se 
puede desconocer, empero, que esta tensión entre pasadoy futuro suele 
estar presente en todas las promesas de cambio radical. 


III. La historia en su lugar 


1. Vitrinas y anaqueles para el pasado 

Ijís archivos y museos son ámbitos especialmente diseñados para 
guaidur los objetos representativos del pasado de la comunidad. Mien- 
tras los monumentos y la nomenclatura se integran al entorno cotidiano, 
los archivos y museos son lugares donde los individuos concurren con 
la intención expresa de conocer el pasado. Pero tanto unos como otros 
son producto de una operación de selección, fruto de decisiones sobre los 
objetos a conservary los que no importa perder. Es decir, resultan de una 
cluMlirac ion oficial de los elementos exhibidos para comprender el 
pasado de uno colectividad. 


56 


Desde el trabajo de García Canctini en relación a América Latina, la 
reflexión sobre estos tópicos no puede prescindir de algunas de sus ideas 
para entender estas modalidades de construcción de la identidad 
nacional. Este autor plantea: “Si el patnmonio es interpretado como 
repertorio fijo de tradiciones condensadas en objetos, precisa de un 
escenario depósito que lo contenga y proteja, un escenario-vitrina para 
exhibirlo. El museo es la sede ceremonial del patrimonio, el lugar en que 
se le guarda y celebra, donde se reproduce, el régimen semiótica con que 
los grupos hegemónicos lo organizaron". Por tanto, los museos ordenan 
las diversas diferenciaciones ejdstentcs al intenor dd grupo, disponien 
do la continuidad entre el pasado y d presente y entre lo propio y lo 
extranjero. 

1.a propia decisión de crear un museo demuestra d interés por 
reordenar el patrimonio nacional, por volver a organizar colecciones de 
objetos y exponerlas a la veneración pública. MU novecientos setenta y 
cinco fue un año de frecuentes inlciatfvasen este sentido, ron la apertura 
y reacondicionamiento de más de una decena de museos, la mayoría de 
los cuales no guardaba relación directa con los festejos del 
sesquícentenario. En este campo, las únicas resoluciones de la CNHS 
vinculadas con los "Hechos Históricos de 1825" fueron el acondiciona¬ 
miento de la finca de Ordoñana. donde Blanes pintara el "Juramento", 
y la reparación de la casa de los hermanos Spikerman (participantes de 
la Cruzada Libertadoral. destinada a Museo Nacional y "amadnnada" 
por la consejera CooMghan Sanguinetti. lB0 

En la órbita oficial, numerosas mudanzas y refacciones de museos 
expresaron el interés por acondicionar los sitios privilegiados para 
conocer el pasado narional. Así. por ejemplo, se mudó el Museo Marítimo 
a la Aduana de Oribe, se reformaron los museos militares de la Fortaleza 
General Artigas y Santa Teresa y se refaccionó la casa de Juan Manuel 
Blanes. entre otras obras. 151 También se adquirieron o recibieron en 
donación acervos documentales y edificios históricos. ,sa A este respecto, 
resulta interesante que la CNHS auspiciara la creación de un "Musco de 
Fútbol" en la Tribuna Olimpica del Estadio Centenario. 1.a Comisión 
propiciaba la creación de un museo en uno de los “cscenanos" más 
representativos de los lazos emotivos que unen a los individuos con su 
nación. Se trasladaban las características del musco a la cancha, al lugar 
donde la nación se encama en las camisetas de los Jugadores; aquel 
espacio donde habían acontecido las mayores “glorias" del país en 
contiendas internacionales. Posteriormente, se quiso también reeditar 
estas victorias mediante un partido amistoso con Alemania, en un 
intento que continuó en 1980 con el Mundialíto. 153 

La iniciativa que adquirió mayor relieve fríe la apertura del Museo de 
Arte Precolombino y Colonial, dependiente de la Intendencia Municipal 
de Montevideo, concretando un proyecto de 1968. 154 Este museo acogió 
1a colección del arqueólogo uruguayo A. Taddei. pero la inmensa mayoría 


57 





de los mate nales provenían de las donaciones de las Embajadas de 
México y Perú. Para El País: Las Humuiadas Salas del Museo /.../ 
penan irán al púbí ico uruguayo enraizarse en el pasado dei con ííramfe. 153 
La inauguración de un museo precolombino se relacionó, ciertamente, 
con una preocupación por el pasado Indígena que ambientó también 
otros proyectos. Acuciado por la inminente inundación que produciría la 
represa H Musco Municipal de Histoiia Natural de Salto dirigió las 
tareas dr rescate de piezas indígenas en las islas dd Salto Grande. 158 No 
es menos cierto, sin embargo que esta revalurizaciúu del pasado 
indígena provino de sectores estrechamente vinculados a la actividad 
acudí mu ay no fue integrada a la lectura oficial para extender su versión 
de los orígenes nacionales. 157 

A lo largo de 1975 los museos constituyeron una preocupación 
Importante del elenco gubernamental. Se buscaba cultivar el sentimien¬ 
to patriótico en una apelación "tradiciunalisLa” al pasado que enaltecía 
en las vitrinas los objetos considerados absolutamente representativos 
de la nación Un aviso emanado de fuentes militares trasuntaba esla 
furnia de pensar la identidad nacional, al afirmar que la Fortaleza de 
Srmta Teresa, cuya construcción empezó poco después de las Invas iones 
Inglesas, mantiene vivo el recuerdo de nuestro pasado heroico, exhibiendo 
en sus recintos y en sus patios, armas y objetos que atestiguan la 
Inquebrantable vocación de libertad de aquellos orientales que nos dieron 
Patria . 1 w Además, la refacción de ese objeto de las disputas inlenmperiales 
recuperaba las raíces hispánicas como antecedente de la nacionalidad, 
al recrearlo según la tradición militar espartóla dd siglo XV1I1. lM ” Estas 
iniciativas museísticas respondieron a un tipo de conciencia histórica 
que. según García Candini. se fundamenta “en la certidumbre de que 
hay una coincidencia ontológíca entre realidad y representación, entre 
la sociedad y las colecciones de símbolos que la representan. Lo que se 
define como patrimonio e identidad pretende ser el reflejo fiel de la 
esencia nacional". 160 


2. Una nación expuesta 

El intento de refaccionar e inaugurar museos y espacios de exhibición 
del patrimonio histórico prácticamente no se fundó en las concepciones 
inuseistlcas desarrolladas contemporáneamente en d mundo. La expo¬ 
sición organizada por la CNHS acerca del "Nacimiento de Nuestra 
Nación" fue una excepción relativa a esta concepción patnmonial 
perimida. Pura su montaje, la Comisión se apoyó en un amplio grupo de 
«écnlcos y especialistas que incluía asesores artísticos, fotógrafos y 
vid rusias. Este verdadero suceso de los festejos del sesquícentenario de 
IH25 lúe inaugurado en ocasión del aniversario del 18 de Julio de 1830. 
!•»!.«. otnnr lencia suprimía de hecho las rivales concepciones simboliza¬ 


ría 


das por el día de la Jura de la Constitución y de la Declaratoria de la 
Independencia. Ademas, la exposición se alojaba en el edificio del Palacio 
Legislativo no solamente por sus convenientes instalaciones, sino tam¬ 
bién por su peso simbólico. Este gran monumento inaugurado por el 
batllismo en d centenario de 1825, hospedó en 19751a muestra histórica 
oficial de un gobierno dictatorial que no pudo prescindir de un Icgislalivo 
que avalara su actuación. 

El imparto visual propio del Palacio fue engrandecido mediante la 
iluminación escénica de su linterna central con graduales cambios del 
verde al rojo. Asi, desde varios puntos de la ciudad era posible apreciar 
este altar magnificado de la identidad nacional La contundente 
“monumentaiidad" del edificio fue utilizada para contagiar el inaprensi¬ 
ble sentimiento patriótico. Ya desde el exterior la exposición estaba 
disertada para imprimir en cada visitante una percepción tangible del 
"espíritu nacional". Esa intención apelaba a un montaje "teatral" de los 
símbolos patrios mediante: Un centenar de banderas (que ¡flameaban en 
los accesos y la ciipula del Palacio Legislativo. 101 

Según dijo.l. M Bordaberry en la inauguración, la exposición tenia 
el objetivo de promover un vibrante y emotivo reencuentro de los orienta 
les con los heroicos actos de la lucha por la Independencia. En esa misma 
ceremonia, el profesor F. O. Assuncao remarcó el papel asignado a la 
evocación histórica en una coyuntura valorada en términos semejantes 
ala lucha independentista. En ese sentido, sostuvo que: Aspiramos a que 
esta muestra sea un hito más del reencuentro de los orientales consigo 
mismos, en la jorja del nuevo Umguay. Que el ejemplo del aacrtficío. dei 
valor, del desinterés, del patriotismo puro de aquellos prohombres, sirva 
para galixmizar el espíritu de quienes, por ser los herederos de aquellos 
leyendarios orientales de la epopeya, debemos sentir diariamente la 
responsabilidad de un alto deber, ser dignos de ellos y en definitiva, 
capaces de entregar a nuestros hijos y nietos, incólume y 'al día', la Patria 
maravillosa que ellos nos legaron. 163 De este modo, quedaban establecí 
dos los contenidos que debían signar una correcta Interpretación de la 
historia y su repercusión en la vida diana. O por lo menos, se dejaba 
constancia de cuáles eran los sentimientos que la exposición pretendía 
despertar en los visitantes. 

La propuesta se centraba en la historia nacional comprendida entre 
los artos 1811 y 1830. Este periodo representaba la versión propugnada 
por la dictadura sobre “el nacimiento de la nación" trazando un continuo 
entre la primera expresión de las intenciones autonómicas y su definí t iva 
sanción por el texto constitucional. 163 Desde esta lectura del pasado, los 
organizadores reunieron una serie de objetos que transmitieran la 
vocación nacionalista de las Figuras y acontecimientos del periodo. De 
este tnodo. la renovación de las técnicas no significó reformulación 
alguna de la versión histónca tradicional. Es asi. por ejemplo, que la 
muestra estuvo centrada en aquellas figuras stA¡ resal untes y rn las 


bU 



acontecimientos épicos forjadores de la independencia 164 El montaje de 
la muestra se adaptaba a ciertos presupuestos I listón ros expresados por 
Assunpao en el Catálogo de la misma. Estas explicaciones pueden 
enmarcarse dentro de la "tesis independen lista clásica", a la que Real de 
Azua definió como “interpretación romántico-providencialista de la 
independencia oriental tal como la habría ido enramando el curso de su 
pueblo desde la condición de dispersa tribu indígena hasta 1830“. 165 

En su Pórtico a la muestra. Assuncao coincidía oon esa interpretación 
de la historia nacional, rastreando en la etapa precolombina las ralees 
del Uruguay independiente. l,a “predestinada diferenciación' se afianza¬ 
ba. paradójicamente, a partir del descubrimiento y de la colonia. Las 
disputas entre españoles y portugueses habían consolidado una socie¬ 
dad humana y una cultura independiente como ninguna y un arquetipo 
socio cultural, el gaucho, al que se ha definido como la más reprcsetiíatwa 
exteriorizarían de la autonomía americana. El afianzamiento del senti¬ 
miento hispano-criotioy la labor Jesuítica sobre lo» guaraníes engrosaron 
la naciente sociedad gaucha, contribuyendo a acentuar su auionomtsmo 
cultural y potenciulrnenle político. Si a todos estos factores se sumaba la 
consabida lucha de puertos entre Montevideo y Buenos Aires: Hemos 
demostrado acabadamente que la vocación de independencia, el espíritu 
de autonomía total de nuestro país ij de sus gentes, sigue una linea 
definida y creciente, desde fines del sigla XV a comienzos del siglo XIX. A 
partir de entonces, se desencadenaban los acontecimientos directamen¬ 
te abordados por la exposición. O.xomo decía Assun^ao: A partir de allí 
vienen los hechos, es decir, los méritos realizados por ese pueblo para 
justificar esa vocación, fruto de cuatro siglos de histona. ,be 

En el mismo “Año de la Orientalidad". Real de Azúa concibió “Los 
orígenes de la nacionalidad uruguaya" observando d monólogo de las 
tesis oficialistas. 167 En este trabajo se resume la postura histórica 
“clásica" con las siguientes palabras: “desde comienzos del proceso 
social y poblacional que tuvo por escenario la zona oriental del rio 
Uruguay y el norte del Río de la Plata se inarca en él una voluntad de 
conducta autonómica y una efectiva y ostensible diferenciación con los 
grupos espaciales colindantes que. retrospectivamente apreciada y aun 
antes de configurarse en una meta ideológicamente nacional' implicaba 
potencialmente, aspiraba a ser. rotundamente, una nación ” El autor 
diagnosticaba agudamente las Ideas rectoras de la mencionada posición 
hlstoriográfica. definiendo incluso los dos momentos que Assiin^ao 
denominaba de gestación de la vocacióny de consecución de los méritos. 
Real de Azúa continuaba diciendo: "Subconscientemente primero, cons¬ 
cientemente después, esa voluntad y esa peculiaridad rotundamente 
'nacionales' fueron atributo de los comportamientos de la inmensa 
mayoría, por no decir de la unanimidad, de los orientales: extremada¬ 
mente fijos, mantuvieron Incluso esa inamovilidad en condición de 
subyacencia aun en todas las coyunturas que la presión de las circuns 




tandas compelió a la adhesión o al mero consentimiento a cualesquiera 
otras formas que pudieran contradecir tan irrestrañablc tendencia". 168 

El “Nacimiento de Nuestra Nación" exponía los méritos conscientes 
del pueblo oriental en cumplimiento de aquella vocación subjetiva. Es 
decir, i eseñaba los hitos militares y políticos asi como las personalidades 
que los protagonizaron, desde la Alborada de Asencio. pasando por la 
Batalla de las Piedras, el Exodo y la Cisplalma hasta la Cruzada 
Libertadora, las Grandes Batallas y la Jura de la Constitución de 1830. 
En su exhibición de csLos “Hechos", la muestra promovía un acercamien¬ 
to más emotivo que racional, uniendo pasado y presente en una 
concepción atemporal de los lazos nacionales. Al ingresar a la exposi¬ 
ción, el visitante se encontraba en el hall de honor con la poco novedosa 
presencia de "El Juramento de los 33” de Blanes. aunque esta vez se 
trataba del célebre original. Luego de caminar casi dos cuadras en una 
única dirección, el espectador se retiraba con las imágenes de un 
hermoso audiovisual de 35 mimóos de duración /.../ proyectado en 
pantallas gigantes ron auxilio de modernas técnicas. Seguramente, 
después de este impacto visual, los bocetos de las medallas conmemo¬ 
rativas del scsqulcentenario. últimos objetos exhibidos, fueran olvida¬ 
dos. 170 

No se puede dejar de notar la alusión al sentido univoco de la historia 
nacional a través de la unldireccionalidad dd recorrido. Además, los 
visitantes entraban en grupos de a diezy eran rigurosamente guiados por 
Jóvenes ataviadas con los colores de la patria. Las ocho guias poliglotas 
lucían atuendos típicos de la exitosa linca Cardo, consistentes en: 
Chaleco, falda pantalón q sombrero de contrastantes tonos azul-cardo 
confeccionados en napa, blusa celeste en Jullliard con un estilizado del 
Escudo Nocional, pañuelo azul y botas negras 171 

Al llegar al final, los asistentes llevaban aproximadamente una hora 
de recorrido por los salones del Palacio Legislativo. Habían atravesado la 
sala dedicada al gaucho, donde pudieron observar los facones, espuelas, 
desjarretadores. rebenques y boleadoras de la colección particular de 
Assun^ao. quien tan detalladamente describiera estas "Pilchas criollas" 
en su libro homónimo. 172 En este tipo humano la muestra condensaba 
la representación del "pueblo", constituyéndola única relerencia concre 
ta al protagonismo popular durante el proceso independentista. Excep¬ 
tuando unas pocas pinturas de escenas gauchescas, sólo elementos de 
uso diario aludían a este actor social. Los objetos y pinturas expuesto» 
eran valorado» en tanto ilustraban la vida de estos hombres y no por 
considerarse expresiones artísticas. Se exhibían diversos elementas, 
como un tubo Uso de plata y una calabaza con la palabra amor y boquilla 
de plata, en forma aislada y con la única conexión de aludir al lerna de 
la sección. 173 

Cerrado este apartado, cü visitante continuaba su recorrido por 
aquellos acontecimientos sucedidos bajo la égida del "Fundador de la 


Nacionalidad" y llr gaha al éxodo. cuando en el abandono y el dolor noce 
la OrieniaLídad. Al comentar su visita a la exposición, la consejera 
Cooliglian Sanguinetti transmitió vividamente a sus pares que: Uno ríe¬ 
los lugares que me pareció más emocionante es aquel en que. luego de salir 
de la íintaila de las Piedras . por medio de un corredor llegamos hasta el 
momento de la Legislación de las Instrucciones del Año Xlll. Todo ese 
corredor está representando el Exodo del Pueblo Oriental y andar por él 
nos hace sentir que realmente estarnos en el Exudo. 174 Se trataba de un 
túnel ilustrado exclusivamente can una fotografía ampliada a tamaño 
natural del friso del monumento a Artigas de Zanelli. Por ese pasadizo de: 
30 metros, el visitante caminaba escuchando la marclia fúnebre. 175 

La unidad de cada “capítulo" quedaba establecida por la organización 
del espacio y su amblentacíón musical, mientras la perspectiva global se 
uniformizaba mediante paneles que recogían trozos de la “Leyenda 
Patria" alusivos a las secciones. El cronista de El País resaltaba los logros 
de la muestra mediante el uso de cortinados de color netitro. caños 
tubulares apenas perceptibles, excelente iluminación, aprovechamiento 
de pequeños espacios para diagramas u objetos apropiados que alternan 
con las más generosas extensiones adjudicadas a las piezas más impar 
tantes y. en general, un equilibrio que proporciona un atmósfera perfecta 
de recogimiento acorde con los propósitos de la exhibición. Mús ica especial 
en cada uno de los ambientes y pensamientos del Poeta de la Patria. Juan 
Zorrilla de San Martin . que dan una anidad espiritual al conjunto, 
constituyen otros aportes unportanles para el clima de la muestra . 178 

A pesar de los favorables comentarlos de la prrnsa, esta exposición 
no traspasaba los limites de una concepción patrimonial “tradieionahs- 
ta" y de una postura historiográfíca estrechamente ligada a los ámbitos 
oficiales La comparación de la muestra con los análisis de García 
Canclini permite caracterizar esta experiencia, en sus similitudes y 
diferencias con otras del contexto latinoamericano. Así. por ejemplo, el 
recorrido unidireccional establecido implicaba la imposibilidad del visi¬ 
tante de elegir su propio itinerario y. a partir de esas opciones, sus 
propias interpretaciones dentro del marco total de la exposición. Se 
proporcionaba a los concurrentes una lectura unívoca y cerrada, con la 
que sólo se podía asentir e identificarse emocionalmente. Esta relación 
con el pasado era reforzada por la colección expuesta que. aunque reunía 
objetos de diversas procedencias, no auspiciaba la aceptación de la 
diversidad sino su ocultamiento. Es decir, el facón del gaucho y los 
anteojos Impertinentes de Rivera, buscaban menos representar los 
diferentes sectores sociales que mostrar una imagen de la nación que 
subsumia tales diferencias. Además, la presentación aislada de elemen¬ 
tos afianzaba su desconlextualización histórica, vinculándolos directa 
mente con el ideal abstracto de la patria. La propia sede de la exposición 
transmitía esta concepción totalizadora y autosuficientr que ensambla¬ 
ba perfectamente con la representación de un país encerrado en sus 
fronteras. 177 


esa 


De esta forma, pueden apreciarse los escasos márgenes dejados por 
una concepción tradietonalista" de la historia a las posibilidades de las 
innovaciones técnicas. Tales dificultades no impidieron que la exposi¬ 
ción fuera un real «odio de público y una de las actividades mas 
impacientes de los fest^os del sesquiccntenario. Hacia finales de 1975 
la exposición se había prolongado más allá de la fecha establecida para 
su cierre Desde Julio, numerosos grupos de escolares de la capital y del 
interior concurrieron a esta muestra que. al mes de ablin i t ®* había 
recibido mas de 70.500 visitantes, según sus organizadores. 


3. Los despojos del héroe 

La decisión de conslruir un mausoleo a Artigas en un espacio del 
paisaje cotidiano ya consagrado a su memoria, resignlficaba este lugar 
de veneración. De esta forma, se agregaba a este escenario "sacro" de las 
ceremonias púbhcas. la función de las estatuas fúnebres. Esta modifi¬ 
cación representaba toda una forma de concebir la relación de la 
colectividad con su pasado Si la estatua ecuestre podía convertirse en 
telón de fondo de la vida cotidiana, el objetivo tlel mausoleo era instalar 
un lugar cerrado específicamente consagrado a la rememoración del 
héroe. Si al pasar por la Plaza Independencia, el carácter patriótico del 
monumento podía pasar inadvertido, la sola concurrencia al mausoleo 
involucraba la intención de aproximarse al héroe nacional. La 
resignificadón de uno de los lugares de la ciudad mas representativos de 
la identidad permite visualizar las tensiones entre innovación y ruptura 
implícitas a la propuesta histórica de la dictadura. 

La iniciativa de erigir un lugar especifico para resguardar los restos 
de Artigas implicaba también romper con la costumbre de colocar los 
despojos mortales de «citas personalidades en el Panteón Nacional. 
Aunque constituye un área exclusiva, cale sitio reúne a los muertos 
célebres en un cementerio donde figuran personas menos ilustres Sin 
embargo, años atrás una uma conteniendo los restos del prócer había 
sido traslada desde el Cementerio Central hasta la sede del Batallón de 
Blandengues de la Capital, temiendo ciertos planes de la sedición A 
pesar de confiar en la fiel custodia de esc cuerpo, la presidencia deridió 
que Artigas se merecía en muert e un lugar a la altura de su vida. Por eso. 
incluvó en el proyecto de los festejos del sesqu¡«Milenario un llamado a 
concurso para la erección de un mausoleo, previendo que el diseño 
permitiera la exposición de la uma a la veneración pública, condición a 
la que el Consejo de Estada agregó la limitación de la partulpación ¡i 
artistas nacionales. 175 A mediados de enero de 1975 rl Jurado integrado 
por arquitectos representantes de la Presidencia, la IMM la Facultad de 
Arquitectura, la Sociedad de Arquitectos y los concursantes, decidió 
entre los veintiocho proyectos presentados, declarando ganadores por 





unanimidad a los arquitectos Lucas Ríos y Alejandro R. Morón. La 
propuesta de los triuntadores preveía construcciones subterráneas 
desde el monumento hasta la Puerta delaCiudadda. cundo» escalinatas 
laterales. 180 

A principios de marro comenzaron las obras de cateo del terreno 
circundante al monumento de la Plaza Independencia. Durante todo el 
proceso, se hizo evidente la premura del Ejecutivo en la rápida sanción 
de varios decretos especiales autorizando la importación de materiales, 
exonerándolos de Impuestos y aprobando todo lo actuado por los 
organismos encargados de la construcción. En base a esta urgencia y 
considerando que la ejecución de las obras por su carácter artístico debe 
ser realizada por empresas especializadas y competentes, se descarta el 
procedimiento de licitar km i f se autoriza /.../ a realizar una contratación 
directa . 18! Entrelas cuíco propuestas finalmente presentadas, los arqui¬ 
tectos ganadores del concurso y la Comisión Honoraria dependiente de 
la Presidencia, eligieron a la Empresa Stiler S.A. expresando su apuro 
pero reconociendo la imposibilidad de terminar la obra antes del próximo 
aiiu. Los trabajos comenzaron a fines de agosto con cuidadosas 
excavaciones con palas mecánicas en búsqueda de posibles restos 
históricos que no aparecieron. 

A medida que avanzaban las larcas, se fueron conociendo nuevos 
detalles de las estructuras proyectadas. El mausoleo consistiría en un 
cuadrado de hormigón con tratamiento visto, de 29 metros de lado por 6 
de altura, mientras las escalinatas laterales serian de granito “Artigas" 
de Piriápolis. el mismo que cubría la base del monumento. La urna, por 
su parte, sena de cristal con una parte superior de granito negro. 1 * 2 
Estas construcciones distorsionaron completamente la instalación ori- 
ginana del monunieiiLo. elevado hasta obstaculizar la visión del friso de 
Zanelli. De este modo, se acrecentaba la grandiosidad de la estatua, 
distanciándola de los transeúntes medíanle d cercado de granito de las 
escalinatas. Además, se construyó una pirámide trunca del mismo 
material para resguardar la claraboya de iluminación de la urna. Esta 
pirámide evocaba “lo misterioso, lo sagrado, lo impártanle y ofrecía la 
ventaja de ser visible desde una gran distancia", rasgos que numerosas 
construcciones monumentales desde siglo XVIII en adelante retomaron 
de la arquitectura egipcia. 183 

El interés manifestado por las decisiones del Poder Ejecutivo y. mas 
específicamente, por la Presidencia no fue acompañado por los conseje¬ 
ros de Estado ni por las FFAA. Las referencias al mausoleo estuvieron 
ausentes de las sesiones del organo legislativo, así como de las páginas 
de El Soldado v de los discursos militares. Esta omisión resulta especial 
mente llamativa dada la envergadura del proyecto y la inclinación de 
estas autoridades a la fraseología patriótica en honor a Artigas. La 
necesidad de rclarionar la gesta artJguista con los “Hechos Históricos de 
1825" era una opinión consensual entre los diversos sectores oficialistas. 


Desde El País hasta la consejera Coolighan Sanguinetti y desde el general 
Cristi hasta su colega Amaunti Prantl. habían resaltado expresamente 
el papel señero de Artigas en el proceso Independcnüsla culminado con 
la Cruzada Libertadora Asi. el proyecto de los festejos del sesquteentenario 
sancionaba una filiación que todos los voceros oficiales consideraban 
válida. Por eso, es adecuado interrogarse sobre el significado de su 
silencio y la solitaria premura de la Presidencia en las obras del 
mausoleo. 

En principio, resulta más sencillo establecer el sentido adjudicado 
por Bordaberry al mausoleo, ya que él miainu había explicado que: Esta 
es una obra a la que yo le atribuyo gran importancia. Yo creo que en 
nuestro país, las luchas políticas y partidarias, fueron sacando el centro 
de la atención de la Jigura uruficiulora de Artigas, para pasarlo a las 
Jlguras de nivel partidario: las antiguas y las mós recientes. 1 * 4 Estas 
palabras provenían de un presidente que había sido elegido constiludu- 
nalmrntc. de una persona que había militado en ambos partidos 
tradicionales, pero que. a la vez. había apoyado el golpe de Estado, 
firmando el decreto que clausuraba el funcionamiento del poder legisla¬ 
tivo. En 1975 Bordaberry buscaba legitimar su actuación pública 
explicando su abandono de los lincamientos partidarios y su apoyo a las 
Fuerzas Armadas, pero también inarcar su perfil a la interna golpista. 

En diciembre de 1974. cuando el Ejecutivo propuso la exección del 
mausoleo, el horizonte de noviembre de 1976 ya estaba signando el mar 
de fondo de la política nacional. La necesidad de tomar decisiones sobre 
el futuro había provocado discrepancias entre la Presidencia y las FFAA. 
donde existían resquemores sobre la gestión del presidente. En mayo de 
1974, éste había declarado públicamente la necesidad de efectuar 
elecciones “porque a este pueblo no se le puede quitar el derecho a 
expresarse". 1 ® En la misma fecha había enviado a los mandas militares 
un documento donde planteaba que "no hay otro instrumento que los 
partidos políticos" para lograr el apoyo popular a la reforma constitucio¬ 
nal. ,HÜ Cunosamente. hacia el primer semestre de 1975, cuando empe 
zaron las obras del mausoleo. Bordaberry había cambiado de opinión. 
En diciembre, envió a las FFAA otro documento donde proponía presein 
dir de los partidos en el nuevo ordenamiento institucional. 

En el marco de los festejos del sesquteentenario. esta propuesta se 
expresó en una lectura histónca que hacia de Artigas el héroe por encima 
de los partidos. Esta lectura tenia la ventaja de referir a una concept uti¬ 
lización fuertemente cimentada en la colectividad nacional. Mientra» las 
FFAA proyectaron su nuevo rol en el coronel Latorre. una figura 
desmerecida por la tradición liberal. Bordaberry buscó sustentos histó¬ 
ricos en un firme puntal de la condénela histórica nacional, un perso 
naje que encamaba la fundación de la colectividad. Parecería, entonce**, 
que el titular del Ejecutivo deseaba hacer de la inauguración <1*1 
mausoleo un acto de rcafirmadón de una interprctadón del pasado que 



relegaba la intervención de los partidos en la consolidación del Estado 
nacional. En ese sentido, afirmó en forma explícita que ha llegado el 
momento de retomar a la figura de Artigas el papel unificador que tiene 
como Fundador de nuestra nacionalidad. Por eso, le atribuyo una gran 
importunan a esta obra. 1 * 7 Estas declaraciones establecían claramente 
la relación entre la obra y la caracterización de Artigas en tanto unificador 
de una colectividad posteriormente "dividida" por las divisas. En un ario 
dedicado a homenajear a figuras nacionales de raigambre partidaria, la 
rrvalorizadón presidencial del "Padre de la Patria" destacaba los intere¬ 
ses políticos subyacentes a la aparente unanimidad de los discursos 
patrióticos. 

En ocaáión de una visita oficial a la Plaza Independencia, el presidente 
se mostró especialmente interesado en la marcha de la construcción, 
estableciendo pluzos para su concreción. Sostuvo entonces que: La obra 
va muy enfecha, todo hace pensar que podamos enel primer semestre del 
año próximo trasladar los restos de Artigas con la solemnidad y los fastos 
que corresponden a su figura.'** Esta fecha aseguraba que el mausoleo 
estuviera pronto para cuando se debieran hacer públicas las decisiones 
oficiales sobre el rumbo del proceso político iniciado en 1973 Parece 
probable que el presidente deseara hacer coincidir la culminación del 
mausoleo con una eventual confirmación de su mandato. Pero en julio 
de 1976. cuando Bordaberry había previsto que ese lugar de veneración 
y de meditación estuviera abierto al publico, las Fuerzas Armadas le 
retiraron su confianza y el proyecto del mausoleo pasó a su órbita. Su 
inauguración en 1977 fue una de las expresiones más recordadas de la 
grandilocuencia celebratoria dictatorial. 

La constatación del marcado interés presidencial en la fortificación de 
la presencia pública de Artigas no refiere de modo alguno a la renuencia 
de los otros sectores oficialistas a la reivindicación de su figura. Por el 
contrario, tanto los consejeros de Estado como la oficialidad castrense 
reafirmaban permanentemente una lectura elogiosa del pasado artiguista. 
enraizada en la recuperación de sus facetas más salientes. La confluen¬ 
cia de estos sectores en tal enaltecimiento, asi como el episodio del 
mausoleo expresaron las características más salientes de la lectura 
histórica de la dictadura. 

Para empezar, ejemplificaban las tensiones que provocaba la implan¬ 
tación de nuevos contenidos políticos e ideológicos. Cactano y Rilla 
explican que frente a una interpretación histórica que unía el nacimiento 
de Uruguay con la génesis de los partidos tradicionales, los “terceros 
excluidos" solieron hacer propia la figura de Artigas para integrarse al 
sistema político. 181 * En este sentido, tanto Bordaberry como las Fuerzas 
Armadas se apoyaron en la reafirmad ón del héroe como modo de 
enraizar en la historia nacioiial sus nuevas posiciones y roles. Pero 
además, el primero veía en esta exaltación la posibilidad de justificar sus 
postulados políticos más inmediatos, es decir, el desplazamiento del 


sistema partidario de un nuevo orden institucional. Las FFAA. en 
cambio, reivindicaban su raigambre artiguista para formular sus prece¬ 
dentes políticos y encontraban otros anclajes históricos en la trayectoria 
nacional. De este modo, la relectura del pasado artiguista no era el único 
centro, sino uno de los episodios de su intento de legitimación histórica. 

Más exactamente, la institución militar reafirmaba la inspiración 
artiguista de su intervención en la escena política, apelando a su guía 
para justificar el golpe de Estado en la salvaguarda del legado naciona¬ 
lista del procer Esta apropiación militar del héroe nacional se simboli¬ 
zaba en dos acontecimientos sintomáticamente asociados a su muerte. 
Antes de 1973, habían trasladado los restos de Artigas a un cuartel para 
evitar que los enemigos de la nación se apoderaran de sus despojos 
mortales. En 1975. mientras Bordaberry planeaba exponerlos al públi 
co. la corporación militar conmemoró solemnemente el aniversario de la 
muerte del héroe, fecha que según C. Perelll "sufrió una apropiación 
simbólica por parte de las Fuerzas Armadas nacionales". Ia0 

En esa oportunidad el general Prantl afirmó que. Las Fuerzas 
Armadas, sienten y practican permanentemente el culto al Padre de la 
Patria y Protector de los Pueblos Ubres y asi fieles a sus principios. /.../ 
asumieron ¡a responsabilidad, la tareaque surgiadet mandato del Jefe de 
|<>s Orientales, de enfrentar y destruir una sedición arrogante, asesina, 
artera y solapada, que actuaba agresivamente desde las sombras /.../. 
Asi. el orador recogió una imagen de Artigas como "padre" y guía 
rspiritual de la colectividad, propia del sentimiento religioso. 191 Al pie de 
la tradicional estatua, con sus bases removidas por las obras, esta 
expresión del “culto" artiguista. terminó con una plegaria al procer 
pidiéndole protección para el proceso dirigido por las FFAA MI General 
Artigas, que el pueblo generoso de mi Patria alcance la prospendad. la paz 
II Ui feHadad que tanto ansia y necesita para sus hifos . IM 

Durante 1975 hubo aun otro episodio que puso a Artigas en el centro 
• Ir las rctnterpretaciones históricas de la dictadura Entre abnl y julio. 
•i| Consejo de Estado discutió y finalmente aprobó la creación de la 
Condecoración "Prolector de los Pueblos Libres General José Artigas". 
Iniciativa proveniente de la CNHS con el aval dd Ejecutivo. Luego de 
. u.Uro meses de discusiones y seguramente urgidos poi la intención del 
Kjrcutlvo de condecorar a Juana de lbarbourou en los festejos del 25 de 
aguato se lograron los votos necesarios para aprobar el proyecto tal como 
Itul'M llegado originalmente 193 

Nn embargo. la idea había despertado polémica entre los consejero», 
i pite ora expresaron sus reparos a la creación de una condecoración con 
••I nombre de Artigas en un país que había heredado de su procer el 
.1* «pierio por las distinciones honoríficas. Esta pauta de valores trudl 
i límalo» lúe esgrimida durante largas sesiones para restringir la conde 
I •emonalidadcs extranjeras y a militares uruguayos. En el 
|Mloii«r rano, r*r argumentaban razones de reciprocidad y en el segundo 


66 


U7 


los rasgos propios de la carrera militar y la actuación de la institución en 
los últimos años. En rste último sentido, el cnnsejero Osvaldo Soriano 
sostuvo que si en ex te inomento tenemos aún la casa sucia, porque ésa es 
la realidad de la República, na somas precisamente las civiles quienes 
podamos apetecer la recepción de esa condecoración, por las razones de 
estilo reiteradamente referidas. Discernámosla a quienes nos están 
ayudando o. más aún. a quienes estiui limpiando la cosa. 194 

Este panorama de las tensiones implícitas a la rcformulación del 
máximo héroe nacional mostraba la centralidad rie su figura y su poder 
dr albergar una multiplicidad de contenidos. Si. enmo plantea A. 
Prega. 199 los cuarenta anos transcurridos entre la aprobación de la Ley 
y su efectivtzactón en el monumento de la Plaza Independencia confor¬ 
maron una etapa de consolidación de la identidad nacional, las inicia¬ 
tivas emprendidas por la dictadura durante 1975 reflejaron un intento 
de resignificaeión de muchos de loa referentes construidos bajo ese 
impulso inicial. En esta dirección, la envergadura de las modificaciones 
realizadas en el espacio público consagrado a la memoria de Artigas 
mostró la voluntad dictatorial de Imprimir su sello a la ciudad. 

Mas allá del sentido que esta apropiación adquiría en cada sector 
oficialista, subyacia la intención de contrarrestar una imagen de Artigas 
difundida antes de la dictadura. En los artos sesenta, corrientes 
historiográfieus renovadoras produjeron una relectura del artiguismo de 
gran incidencia en la opinión pública. La obra de un grupo de historia¬ 
dores marxístas repercutió especialmente en las ámbitos educativos y 
traspasó las fronteras de la izquierda. Aun en 1975 estas ideas motivaron 
la preocupación oficial por “rescatar” al héroe. En la inauguración del 
monumento a Artigas en Madrid, el embajador Pacheco Areco alertó que 
el “reglamento de tierras" había sido interpretado /.../ con propósitos 
demagógicos y presentado por lo mismo como acto “ revolucionario". 
producto de la violencia y el arrasamiento del adversario, que algunos 
preconizan como principio de "Justicia socialY nada más falso! En eso. 
como en todos los actos de Artigas. /.../ está presente la lógica de su 
pensamiento: supeditación delgocedc tos derechos al cumplimiento de los 
deberes y la observancia del respeto ai orden establecido.' 09 

Este Intento de sanear al héroe se plasmó en medidas concretas que 
buscaban monopolizar la apelación arfiguista. limitando su libre uso. En 
este sentido. Yamandú González relata que en Junio de 1975 la Jefatura 
de Montevideo Intimó a la gremial debancarios (AEBU) a retirar una frase 
de Artigas de la fachada de su sede. 1 * 7 En una dirección similar, un 
frustrado proyecto de ley del consejero Juan Rodríguez López prohibía 
la utilización de los nombres Artigas" y "Uruguay" en la propaganda y 
denominaciones de las empresas privadas. 1 * De este modo, la preocu¬ 
pación por acabar con una interpretación de corte izquierdista condujo 
a un control riguroso de las invocaciones patrióticas. Esta obsesión 


68 


dificultó las propias referencias del elenco dictatorial al pensamiento 
artiguista Tal obstáculo se hizo patente cuando, al inaugurarse el 
mausoleo, aparecieron las paredes cubiertas de fechas y despojadas de 
frases. 


IV. En busca de apoyos 


1. El pueblo oriental 

Los sectores golpistas habían fundamentado la instauración de un 
gobierno dictatorial en la incapacidad del sistema político de superar lo 
que consideraban una crisis nocional. Esta desvalorización abarcó tanto 
a los partidos políticos como a las formas tradicionales de participación 
ciudadana, descalificando los mecanismos más usuales de 
relacionamientn entre representantes y representados. Esta prédica 
proclamaba interpretar el total desprestigio al que habían conducido al 
Parlamento su i/ioperancta romo órgano de gobierno e irresponsabilidad 
como representantes del pueblo /...]. El Poder Legislativo se convertía asi 
en el paradigma de los vicios asignados a las Instituciones democráticas. 
Esta embestida atacaba especialmente las modalidades de discusión 
propias del Parlamento, afirmando que su actividad se orientó a dijicultai 
la gestión del Gobierno con oratorias deliberadamente prolongadas c 
interpelaciones 

El pasado democrático salía desmerecido al ser contrastado con el 
presente El marco de seguridad institucional imperante en la República 
permite desarrollar una labor legislativa seda y responsable, sin la 
interferencia de mezquinos intereses políticos y sin la prepotencia dr 
"barras" regimentadas. Ahora en el Palacio Legislativo todos trabajan 
para el país 200 Este énfasis critico atacó al ciienteterno y la comipdón. 
extendiéndose a los discursos de los políticos, las reuniones en los clubes 
partidarios y todos los mecanismos que habían definido durante largo 
tiempo los vínculos político-partidarios en Uruguay. 

Como ya se ha planteado, las actividades patrióticas de 1975 tendie 
fon a revitalizar determinadas instituciones y representaciones dd ser 
nacional, alternativas a esa otra serie de tradicionales vínculos sociales 
Las diferencias ideológicas sobre este tema subyacian a los proyectos 
políticos de los militares y Bordaberry. De hecho, éste fue el aspecto mas 
pu lili citado de los diferendos que condujeron a la caída de este ultimo rti 
Itinlo de 1976. En ese momento, se definió, además de la perpetuación 
dr! régimen, una serie de medidas que apuntaban a la creación tic un» 
nueva legitimidad para la conducción de las FFAA. 


mi 




Desde sus primeros años, la dictadura uruguaya se enfrentó ai 
dilema de generar un apoyo popular criticando sus canales más usuales 
de expresión. Como se lia sefialado, frente a este problema. Bordaberry 
propuso una solución radica) que suprimía el voto y los partidos 
políticos, apelando a su sustitución por corrientes de opinión. En 1975 
fundamentaba que estamos en el tiempo de la Moción, que no es el de los 
/tarados ni el de los hombres. Sé que lodo oriental siente profunda 
devoción por la divisa colorada o por la diolsa blanca, pero sé también que 
hoy [...) tiene que prevalecer el sentimiento nacional, que el sistema de 
partidos anterior a 1973 había conducido a desconocer. Su esquema 
político no desplazaba de ningún modo a los militares de la escena 
pública, sosteniendo la necesidad —fuente irresistible del Derecho — de 
que las Fuerzas Armadas continúen ntjrmal y legítimamente, como garan 
tes de la supervivencia de la Nación, de sus principios y de la consecución 
de sus grandes ottfetivos y como sustento del Gobierno Civil y de su 
autoridad. 201 

Imaginaba un orden que observara los derechos individuales (liber¬ 
tad. vida, honor, propiedad, respeto a la familia, libertad de enseñanza, 
trabajo y comercio) y los colectivos (de reunión, asociación y prensa), 
pero advertía que no debían ser utilizados abusivamente como instrumen 
tos de disolución nocional. De la misma forma, admitía la vigencia de los 
sindicatos, pero negaba su participación en el Poder Pitblieo que debe ser 
la expresión de la Nación soberana y par eso debe ser. por esencia, uno 
solo y nacional. El centro de su concepción política era. Justamente, la 
unidad de la nación ante las amenazas de fragmentación que veia en los 
partidos y los sindicatos, pero también en otras manifestaciones de las 
distinciones sociales. 303 Asi. afirmaba: Combatiremos, con la unidad 
nacional, las divisiones artificiales entre clases y generaciones. Contesta 
remos a quienes todo lo someten a la discusión y a la duda con la 
ratificación de las verdades Indisculible.s: la independencia, el honor y las 
tradiciones nacionales, la existencia de virtudes morales permanentes y 
la defensa de los derechos naturales esenciales de la persona humana . 203 

Por eso proponía un nuevo ordenamiento institucional que respetase 
el mandato trascendente emanado de las acciones del pueblo oriental En 
reiteradas oportunidades. Bordaberry planteó claramente su concep¬ 
ción de la expresión popular al afirmar, por ejemplo, que no es una ficción 
demagógica decir que es el pueblo el que impone y protagoniza el proceso 
político actual El ciudadano común consiente hoy la acción del 
gobierno porgue f. .} no teme la acción agresora del marxismo y porque no 
tiene que concurrir a ningún comité para resolver sus problemas con la 
administración pública. Desde esta negación de las modalidades mas 
tradicionales de participación política, el presidente reclamaba una 
nueixx legitimidad plasmada en un nuevo texto constitucional 304 

Llegaba de esta forma el centro de su preocupación, es decir, el 
descrédito de quienes creen erróneamente que el resguardo y la construc¬ 


70 


ción de la libertad sólo es posible bajo detemúnadajorma de gobierno: la 
democracia formal al estilo clásico. En un alegato claramente dirigido a 
los militares afirmaba que las fuerzas en el gobierno tenían como su 
primer deber, su gran responsabilidad, nacida del mandato popular, no 
regresar fainás, directa o indirectamente, al estado de cosas que coloco a 
la República al borde del caos y la disolución, posibilitando el avance de 
la irifiltración extranjera. 20 * 

Los militares, en cambio, proponían para el largo plazo un régimen 
que mantenía los canales formales de la democracia bajo su estricto 
control. Su proyecto trataba de sanear al sistema político de las prácticas 
y personalidades que lo habian corrompido, pero no descartaba la 
posibilidad del voto ni los partidos. Asi lo expresaron en el comunicado 
que anunció los motivos de la deposición de Bordaberry. sosteniendo que 
tas FFAA no quieren compartir el compromiso, la responsabilidad histórica 
de suprimir los Partidos Políticos Tradicionales. 206 Afirmaron además la 
vigencia del voto y postergaron la promulgación de una nueva constitu 
ción. Como plantea L. E. González. “La versión final y más completa de 
ese nuevo orden es d proyecto plebiscitado en noviembre de 1980'. 207 A 
corto plazo, sin embargo, la corporación castrense procuró obtener el 
apoyo popular mediante modalidades sustitutivas de la relación tradi¬ 
cional entre gobernantes y gobernados en Uruguay. 

De hecho, entonces, la concepción de la participación popular 
defendida por los militares y la enunciada por Bordaberry durante 1975 
se contraponían a los fundamentos de la democracia representativa, 
aunque desde bases doctrinanas muy disímiles. El presidente, fuerte 
mente influido por el secretario Pacheco Seré, rechazaba la tradición 
liberal y el influjo de la revolución francesa para asumir “los conceptos 
del Jus-naturalismo ncotomista en su vertiente más autoritaria'. A partir 
del siglo XIX. esta vertiente Ideológica de larga data en el pensamiento 
occidental enfatizó en la incapacidad de la democracia como sistema de 
gobierno. Desde una idea de la sociedad como un organismo fuertemente 
estratificado, se hacia hincapié en el principio de autoridad derivado de 
un derecho natural de origen divino. En esta concepción. “la actividad del 
Individuo-ciudadano y del individuo miembro de una clase social es 
mi stituida por la actividad y el ordenamiento jerárquico de los individuos 
drhktamentc educados como miembros de los organismos intermedios. 
«1 especial, la familia y las corporaciones locales y profesionales'. 20d 

Kn general, la búsqueda de ratificación de los militares se relacionaba 
din una matriz ideológica diferente. Con respecto al apoyo social al poder 
autoritario. George Mosse explica que en la Europa de posguerra el 
I.MU'iamo y el nazismo se apropiaron de un “nuevo estilo poliiico" que 
irnin una tradición común al liberalismo. Los gobiernos totalllarlo* 
ullilxnron los cultos y mitos surgidos con el ascenso del nacionalismo y 
ili* ta democracia de masas paru proponer una alternativa a la rrprearn- 
i m* lón parlamentaria. En estos procesos, las ceremonias y los símbolos 


71 


funcionaron como 'una posibilidad de participación política más vital y 
más significativa que aquella oferta de la idea ‘burguesa de democracia 
parlamentaria De este modo, la mística nacional posibilitaba "una 
expresión concreta del concepto de voluntad general (...|. transformando 
la acción política en una repr usen tación dramática de la cual se pensaba 
que el pueblo era el actor’. 209 Más allá de la notoria distancia entre la 
dictadura uruguaya y los totalitarismos europeos, esta forma de pensar 
la relación entre gobernantes y gobernados matrizó las apelaciones al 
"pueblo" realizadas por los militares. 

Al igual que el presidente, los voceros de la corporación militar 
afirmaban la existencia de un conjunto de valores atemporales como 
fundamento de la identidad nacional. En sus discursos la protección de 
esos valores se convertía en el motivo primordial de su Intervención en 
los asuntos públicos. Considerándolos amenazados. Jas FFAA se atrtbu 
yemn la misión de velar por esa "esencia" trascendente, llamando a la 
adhesión tácita del “pueblo". Así lo evidenciaba el general Prantl cuando 
afirmaba: En nombre de las Fuerzas Armadas, que son pueblo organizado 
para desarrollar su acción dentro de un orden común, que son unidad que 
nada ni nadie podrá resquebrajar/.../ rindo homenaje al Pueblo Oriental, 
a ese Juez Supremo que nos juzga permanentemente, a este pueblo que 
es el gran protagonista de este proceso, a este pueblo que jamás se 
equivoca y por el queformulamos encendidas votas, para que conserve ese 
admirable espíritu de lucha, esa fibra y ese temple que le han permitido 
superar tanta adversidad, para dejar paso a las más caras esperan¬ 
zas. 310 Estas palabras expresaban claramente una eunccptualización 
del “pueblo" como único tribunal de las acciones de las FFAA. Expresa¬ 
ban también la idea de una aprobación intangible, manifestada exclusi¬ 
vamente en la apelación retórica al “juicio popular". 

Por otra parte, la figura de "pueblo", como muchos de los términos 
manejados en el discurso militar, se dibujaba por oposición a una 
alleridad condensada en el concepto de “subversión". Además, se solía 
tipificar al "enemigo" como “comunista" o “marxista". Junto a estas 
identificaciones, la idea de subversión fundamentaba la vigilancia 
estricta y se convertía en una amenaza constante. Como explican José 
Luis Caslagnola y Pablo Mi eres, este término "abarca todo hecho o acto 
que. de una u otra forma, afecta las posibilidades de desarrollo, los 
valores o las concepciones éticas de la Nación. |...J Lo que define al acto 
subversivo no es su adecuación o no al orden jurídico sino la valoración 
sustantiva de su finalidad respecto al sistema de vida vigente [.. .|". 2 * 1 En 
1975. lo que las FFAA se proponían detender era. justamente, ese 
inaprensible "sistema de: vida vigente". Para eso. convocaban a la 
conformación de un frente único y monolítico resumido en la expresión 
El Uruguay somos todos. En un sentido similar al detendido por 
Bordaberry. esta cláusula negaba expresamente las diferencias Internas 
en base a cortes "generacionales", “clasistas" o “partidarios", unificando 
las bajo una serie de actitudes cotidianas y valores morales. 

72 


Desde esta denegación de las divisiones internas, la apelación 
Inclustvista s "lodos" los habitantes de Uruguay tuvo una preocupación 
especial por diferenciar sectores y actores sociales. En este sentido, se 
desarrollaron una serte de medidas destinadas a grupos específicos de 
la población, a la vez que se postulaban determinados prototipos 
humanos considerados paradigmas de la identidad nacional. Estas das 
direcciones de las políticas oficiales se cumplieron, muchas veces, en 
forma simultánea. Asi. por ejemplo, cuando se hablaba de hombre de 
campo, se haría referencia también a la laboriosidad y austeridad de los 
orientales. Muchas veces se extendieron las prácticas y valores propios 
de sectores particulares como rasgos que debían representar a toda la 
colectividad. Los atributos militares, las formas de sociabilidad del 
campo y ciertas obras de la intelectualidad nacional, se erigieron en 
valores que la colectividad toda debía conocer y respetar. Además de 
remarcar estos contenidos para rcdefuür la identidad nacional, estas 
apelaciones buscaban generar apoyos sociales efectivos. 

En esa dirección, se buscó generar una red de ámbitos de inserción 
en una clave diferente a la ciudadanía política y a la filiación sindical. 
Para dio. se estimularon formas de nucleamiento derivadas de los 
ámbitos de sociabilidad barrial o local, asi como del desempeño de los 
roles cotidianos. De esta manera, el año se pobló de actividades 
impulsadas por asociaciones de padres, comisiones de fomento barrial, 
grupos de damas y clubes sociales, ya fuera en adhesión a los festejos y 
fechas nacionales o en celebración de su propio calendario e Intereses. 
Leones y Roíanos, por ejemplo, demostraron su especial celo patriótico 
organizando todo tipo de eventos y programas destinadas a contagiar de 
fervor histórico a los sectores usualmente acreedores de actos de 
beneficencia. Asi. por ejemplo, el Club de Leones del barrio Brazo 
Onental organizó un multitudinario desfile dr niños con banderines en 
honor al natalicio del “Padre de la Patria". 312 Con igual sentimiento 
nacionalista, los Leones del Prado y del Parque Rodó proporcionaron los 
premios para el concurso "lina canción para mi Patria", celebrado entre 
los presos del penal de Punta de Carretas. 213 De la misma manera. 
Rotarlos y Leones aunaron sus esfuerzos para solventar la educación di* 
una niña de Tranqueras, ganadora del concurso de redacciones "Cómo 
defenderé a mi Pal na", organizado por la Escuela Nacional de Policía. 214 

No menor espíritu celebrábalo demostraron los profesores y alumnos 
tle la Escuela y Uceo Elbio Fernández al montar "Abril de los Orientales", 
obra teatral presentada ai el Teatro Solis con el auspicio de la CNHS y 
elogios de los circuios oficiales. 215 Uniendo similares intereses histórico» 
con la preocupación barrial, se formó la Comisión de Fomento Edificio 
y Social del Cordón, que auspició los trabajos de la profesora Pcretru 
Peí eirá, empeñada en demostrar que l>avallcja. Artigas, y Serrato hablan 
sido distinguidos habitantes de la zona. 210 La Empresa Frigonal. por su 
liarle decidió honrar a la Declaratoria de la Independencia repartiendo 


T. I 







golosinas entre los nidos que habían asistido a un festival folclórico 
organizado para la ocasión. La misma fecha histórica fue celebrada por 
el Instituto Cultural Germano Uruguayo con una conferencia del profe¬ 
sor Washington Reyes Abadir aolire “Componentes de la orientalidad“. 
a la que siguió la actuación de una soprano alemana. 217 


2. Redes locales 

Seguramente, las festejos oficiales de 1975 vehicullzaron contenidos 
que en otro momento hubieran adoptado modalidades distintas. Los 
más variados ámbitos de recreación y de sociabilidad se contagiaron de 
un espíritu adecuado al “Arto de la Orientalidad". canalizando intereses 
y preferencias que. en diversas circunstancias políticas, hubieran 
encontrado otras vías de satisfacción. Así. aunque el objetivo guberna¬ 
mental fuera la sustitución de toda forma de identificación poh'tica y 
social por el nacionalismo, la adapción del tono patriótico involucraba 
prácticas sociales no necesariamente adscriptas a la Identificación 
nacional. Tampoco la participación masiva y voluntarla en estas instan 
cías de reunión significaba forzosamente la adhesión al régimen dicta¬ 
torial. 

Estos son factores importantes para comprender la proliferación de 
asociaciones locales que. bajo la forma de "comités patrióticos" o 
“sociedades de fomento", impulsaron las actividades sociales y las 
celebraciones patrióticas en los puntos más diversos del país. Estas 
organizaciones poseían una vasta trayectoria a escala nacional y en las 
diferentes ciudades del Interior. Desde 1916 la Asociación Patriótica 
cumplió un rol destacado como articuladora de los sectores conservado¬ 
res. intensificando su accionar en la ofensiva previa al golpe: de Estado 
de 1933. En esa ocasión, traspasó los limites de la exaltación patriótica 
e intervino directamente en asuntas políticos y económicos. 218 Durante 
1975. en cambio, su papel se restringió a enmarcar la parafemalla oficial 
en las actividades centrales y locales. 

Na puede olvidarse tampoco que el apoyo local a los festejos y 
convocatorias oficiales respondió a formas dé sociabilidad propias del 
interior del país. Seguramente, en estas “unidades sociales más peque 
ñas" se ponía particular atención en la resolución de los problemas y 
necesidades puntuales por parte del gobierno dictatorial manifestando 
“cierta inquietante tolerancia hacia los aspectos más chocantes de la 
represión", en palabras de C Demasi. 218 En la eventual valoración 
positiva de la dictadura pueden haber Influido también otras peculiari¬ 
dades del "desarrollo de las relaciones sociales en el interior", donde 
predominaba una conceptualización del “nosotros" fuertemente recelo¬ 
sa del “diferente". 220 Por otra parte, en los pequeños núcleos urbanos la 
vigilancia sobre las actividades sociales y los "deberes patrióticos" fue 
más estricta. 221 

74 




Dentro de la gran variedad de actividades, es interesante visualizar 
diferentes modalidades de articulación de la perspectiva local con la 
nacional. Por un lado, puede ubicarse las clásicas actividades en 
adhesión a conmemoraciones nacionales, ya que habitualmente las 
autoridades departamentales y locales preveían medidas que. acompa¬ 
ñaban los actos principales. Durante 1975 pudo percibirse una uilensi- 
flcación. tanto de las decisiones tomadas en forma autónoma como de las 
preceptivas emanadas centralmente. En la primera dirección, se debe 
enmarcar el apogeo de los comités patrióticos, la proliferación de 
iniciativas particulares y las medidas de carácter departamental. De esta 
forma, por ejemplo, mientras la ciudad de Florida fue el ambiente elegido 
par a los festejos centrales, el Comité Patriótico Departamental de Salto 
convocó a quienes quieran aportar iniaatioas deportivas, sociales o 
culturales, planificando una abigarrada semana de entreteniiiuentos 
con una tónica diferente al programa oficial. 223 

En la otra dirección, puede anotarse los estrictos lincamientos 
decretados por el Poder Ejecutivo para los actos del 19 de abriL al 
disponer que en todas las dependencias de la Administración Pública. 
Unidades de las Fuerzas Armadas de la República y en los organismos de 
Enseñanza dependientes del CONAE y L/ntuersíiiod en todo el territorio 
nacional se proceda, en horas de la manaría al izamienlo de las tres 
banderas y a la ejecución del Himno Nocional 223 La inasistencia a 1 <js 
actos sólo podía ser justificada mediante parte médico. La CNHS se 
congratuló de que en cumplimiento de estas directivas se realizaran 
quinientos actos en todo el país. Fue así que: Al despuntar el alba, los 
funcionarios de la Comisión de Abasto iniciaron la cadena de sucesivos 
homenajes, con una sencilla y vibrante ceremonia en sti sede del centro. 
Eran pocos minutos pasados de las siete, cuando izaron los tres pabelkr 
nes y entonaron con tremendo fervor las estrofas del himno. Entre tanto, 
los res Cantesfuncionarios de toda la adminis tración comenzaron a emigre 
garse en sus oficinas, en este sábado de asueto, para lomar su lugar en 
la recordación de la gesta heroica. 224 

Por otra parte, se puso especial atención en el movimiento inverso, es 
decir, en la evocación de acontecimientos y figuras de la localidad que 
perfilan una identificación al ámbito más próximo. Este grupo de 
actividades abarcó desde las tradicionales "fiestas patronales" hasta el 
telegrama del Comité Patriótico Femenino, la Asociación de Maestros 
Jubilados y el Comité Popular de I lomenaje a la Maestra Manuela Noain 
de Carmelo, solicitando al Consejo de Estado que la Escuela N" 6 llevara 
su nombre. 225 Este tipo de homenaje requería la sanción de las autori¬ 
dades nocionales, liabilitando la incorporación de personajes pertrne 
denles al espacio físico local. Otras veces, empero, las uncial ivas de 
pueblos y ciudades no precisaron del aval central y canalizar on por mis 
propios medios la voluntad de conmemoración histórica. 220 En otitis 
oportunidades, se constituyeron comisiones para la conservación y 


70 




embellecimiento de los edificios públicos considerados representativos 
de la identidad y el pasado local. Las teatros y las iglesias fueron los 
principales destinatario» de este esfuerzo comunitario por el rescate de 
los símbolos autóctonos.* 27 

Entre esos dos movimientos, se desplegó una amplia gama de festejos 
y recordaciones, a medio camino entre la conmemoración de las “fechas 
nacionales'y la evocación de los acontecimientos estrictamente locales. 
Dentro de este espectro, puede señalarse la intención de las autoridades 
centrales de hacer participe al Interior del pais del espíritu nacionalista. 
Además de auspiciar todos los eventos propuestos por pueblos y 
ciudades, existió una preocupación por dar dimensión nacional a hitos 
de origen local. El ejemplo más notorio de este interés fue. sin lugar a 
dudas, la celebración del bicentenario de Rosario. A lo largo de los doce 
meses del arto, los entusiastas rosarinos organizaron todo Upo de fiestas 
y eventos en honor a su ciudad. Este fervor localista tuvo un merecido 
aval gubernamental con la emisión de 50 mil sellos engalanados con 
rosas. 22 * El apoyo oficial se expresó en reiteradas ocasiones mediante la 
declaración de “feriados no laborables’ específicos para los oriundos de 
la zona, aunque ya no residieran allí. A medida que fueron multiplicán 
dose los pedidos, el Consejo de Estado comenzó a restringir sus 
concesiones a las personas que efectivamente concurrieran a las cele¬ 
braciones. 229 

Fue frecuente también que las organizaciones locales aspiraran al 
reconocimiento centra) de su contribución a la trayectoria histórica 
nacional. En vanas ocasiones, pueblos y ciudades pidieron que se 
sancionara la participación de sus predecesores en la gesta libertadora. 
En este sentido, el Centro Comercial e Industrial de Florida reclamó al 
Ministerio de Economia la utilización de la piedra alta como símbolo para 
acuñar las monedas del Sesquicentenano. 2 ® En otras ocasiones, se 
conmemoró la peripecia local de acontecimientos o procesos de alcance 
nacional. 1.a Comisión Departamental del Sesquicentcnario de Canelo¬ 
nes. por ejemplo, organizó una serie de eventos en recuerdo del 
sesquicentenarin de la entrada a la ciudad f...¡ de las fuerzas al mundo del 
General Juan Antonio Lavaüeja. Entre estas actividades, el consejero 
Copetü destacó el desfile de alumnos con banderas, gauchos con sus 
atuendos y agricultores con sus tractores, que marchó precisamente por 
donde lucieron entrada las fuerzas de Lavalleja a la fecha señalada „ 83 1 

En las páginas anteriores se ha intentado transmitir el clima de 
vehemencia festiva que impregnó al pais. resertando prolusamente las 
actividades e iniciativas que pueblos y localidades llevaron adelante. 
Este Impetu alcanzó tal dimensión que logro irascender las fronteras y 
proyectar la gloria nacional hacia afuera del pais. Se trataba no solo de 
engrandecer los festejos propios sino de concitar apoyos para un régimen 
cuestionado. Algunas veces, este espíritu expresaba una concepción 
particularmente “americanista" de la trayectoria nacional, apoyada en la 


70 


unidad de su herencia hispánica o en principios derivados de la 
■■geopolítica’, que de ningún modo se vivían en contradicción con el fervor 
genulnamentc mdependentista. Asi. por ejemplo, la CNHS tuvo su 
correlato en Argentina, donde se impulsaron varias medidas de adhesión 
a los festejos uruguayos De la misma forma, fue. frecuente la presencia 
de regimientos o bandas militares de los países vecinos en los desfiles y 
actos de las efemérides nacionales. Como en otras épocas, tal presencia 
se concretó en las ciudades fronterizas mostrando la vigilancia militar al 
tiempo que la permeabilidad de los limites culturales. 212 

Hacia fines del año. el Club Social y Deportivo del Sauce decidió 
sobresalir entre tantas ocurrencias patrióticas con d orgullo de pertene¬ 
cer al paraje natal del procer Fue asi que surgió la "Cruzada de la 
Onentalidad desde el Sauce a Asunción” con el expreso propósito de 
homenajear a Artigas en el Año de la OrientaUdad. Con este objetivo, 
decidieron llevarie uno flor al Paraguay al Padre de la Patria Junto a una 
palada de tierra saucense. El grupo estuvo integrado por el conjunto 
ganador riel certamen "Cantándole al Próccr”. los Troveros Nocturnos", 
el “Trio Anair". Dunas Risso y otros veinticinco entusiastas, entre los 
cuales ac destacaba la descendiente de Artigas Julieta Forras de Gadea 
de 93 artos. Luego de tres dias de carretera, el pintoresco grupo arribó 
a tiempo para rendirle honores al “Fundador de lu Nacionalidad" a los 
125 artas de su muerte. Depositaron la palada de tierra en el Iblrapitá del 
Solar, acompañado» por niños paraguayos, rendidos admiradores de la 
patria oriental. 20 

izis Comités Patrióticos, las Comisiones de Fomento y los Clubes 
Sociales fueron algunas de las organizaciones alentadas por el gobierno 
para canalizar la intervención en la vida comunitaria y replantear los 
términos de la participación social Estos fueron los ámbitos autorizados 
de relaclonanilento entre la esfera pública y la privada. Allí se permitía 
que los Individuos expresaran sus intereses y preferencias dentro de los 
limitados marcos de una gama ideológica fuertemente regimentada 
Estas organizaciones fueron espac ios para el esparcimiento y sociabili¬ 
dad a la vez que constituyeron una red de apoyos tácitos al gobierno. 

Tale» círculos sociales nucleaban a las fuerzas uftxisdel pais. aquellos 
uruguayos comprometidos con la actual coyuntura histórica. Esta 
expresión aludía implícitamente a la idea de puelAn organizado contra la 
agresión extrail)era. promoviendo el desarrollo del país v la seguridad de 
su estilo de vida. Desde estas nociones formuladas en un lengua)c 
Intencionalmcntevago e impreciso, los voceros oficialista» fundamenta 
ron la aceptación popular de su actuación política. Esta prédica se 
centraba en la posibilidad de encontrar canales de expresión dr la 
opinión publica alternativos a la» modalidades democráticas. A esto 
refería El Soldado cuando afirmaba. El pueblo ya hizo conciencia sin 
palabras: con sólo salir a la calle, con sólo concurrir a lu oficina o a la 
fábncu o al comercio, con sólo concurrir a las aulas. con solo salii a pus caí 


n 



Esío significa qua. bás,comenté- rt vu.hln,, pn pQJ 1' ,e II ^ país a o(ro. 
sentando. «< espWta v su “ "° CS “ " n *“ 

querían imponer las nwnlri dr cl ‘ ,heTtma J e social que nos 

lograba hacerse tangST^t™^^ /ort ^“ ** ‘Pochln- 
tudos los uruguavos y también en I i, “* actJvldades ' otidlanas de 
act, B . obr»y*JSi^^^e S Jf,™" UmCrablre d '-*Pc«m„ de 
«gura de -pueblo- medíante* lnaslble 
concretas de quienes participaban de d fuSlon de Ias IniciaUvas 
institucional. pai>Jn de alguna manera en la nueva red 


3. Con ánimo folclórico 

culturales de larga^datT^^r^p^Jto OÜÍSn | 0 " rL ' t,,mó ^P^siones 
of, nales se amplificó U SwrSSÍ n” Dcsde ,os 

redimensionando su significado h ** l 50 ^ 1110 eslos fenómenos, 
iden ti tartas a partir de nucV3w ■»**"« 

antiguos, encausándolas en la Ideología # Jf® b J mb, ’ cs - v émbolos más 
Hobsbawm plantea Tn -I iLÍ r*? 00 * d,n,atorial A este respecto 

«■* ««£ uTle I Sat P ^¿ C 0 T qUlCr *°“ , - í ■££ 

comunicación. A veces las nuev^^dicíone^^ SÍmból,ra5 V de 
de otras antiguas en otras ocasione* ‘ í Pueden surgir fikdhnente 
das del surtidísimo almacén de lo* h, 68 ,I ? renta Prendólas présta¬ 
las exhortaciones morales f |- E j ,OS almboIlí4mos Y 

diferentes medios- por un lado se lmbóIlco ** °peró por 

criollas-, reallzando^Z^^^^^^ ** -ftesL 
por otra parte, se exaltaron V,«* hi .. Payadores, asados con cuero; 
reivindicaban esta tradición cultu^^n^^”* ü1lc,rctua,c * Que 
la literatura gauchesca del siglo^XLX h Ja ^ adp,ante - desde 
contemporáneos tuvieron un luglr dSLaí ° S cam P^s 

modificación de los referentes Identu™ ? ,as P° lltlca8 oficiales de 
las fiestas criollas eran consld^ad^^p^! ^tivldades realizadas en 
campoy adquirieron un sentido nun-oa jX '** J 1 ^"''**** del 

conservarlas El apadrina^ partJr dc propia intención de 

en tanto parte dc las tradiciones autOct^as' R '‘ in ' Xi 3U revalo,faa '‘ d n 
vernáculo" por opostettn a .a innovación y ,a 


78 


La inauguración de este tipo de festejos con desfiles cívico-militares 
mostró en forma burda la cooptación dictatorial de una expresión 
popular. 

Este mecanismo puede ejemplificarse en “La Gesta Oriental", el Gran 
espectáculo folclorico-patriótico que recrea I os hechos gloriosos del ano 
1825. a través de las mejores expresiones del arte vernáculo: canto, baile. 
payado y recitado, organizado por la CNHS. A los payadores y recitadores 
característicos de una fiesta criolla se le unieron artistas del género, ya 
fueran cantantes, grupos dc ballet Jotctórico o músicos. El espectáculo 
cantó con una producción que coordinaba las disimiles manifestaciones 
culturales, de modo que resultaban integradas en una estructura imita 
ría. mediante un relato cuya función es vincular narrativamente las 
sucesos históricos evocados. Junto con la presencia siempre vigorosa de 
la tradición, otros elementos de conccptuación moderna y original laportes 
escenográficos de indudable valia) concurren para hacer de Gesta 
Oriental * el más hermoso homenaje artístico a la Epofxnja de 1825.** De 
este modo, la tradición gauchesca materializó el nexo entre la época 
heroica de "los cruzados” y el periodo contemporáneo, representando 
simultáneamente al pueblo oriental de 1825 y al del "Ano de la 
Orientalidad". 

Los espectáculos tradicionales —canciones y bailes folclóricos, tor¬ 
neos de destrezas físicas y comidas tipleas— se transformaron y adap 
taron a los nuevos requerimientos. En ese proceso existieron instancias 
para la creación musical, uniendo los contenidos apr opiados al momen¬ 
to político con estilos más antiguos. Tal fenómeno tuvo, durante 1975. 
su expresión más nítida en d Festival “Canciones a mi Patria", transmi¬ 
tido por Canal 5 y Radio Carve. Este certamen, donde se podía competir 
en los rubros dc solistas, grupos, composiciones e intérpretes, fue una 
iniciativa desplegada en conjunto por d Ministerio de Educación y el 
diario El País. Durante más de dos meses se desarrollaron dos rondas 
regionales en Minas y Rosario, para dar paso al tomen final en Monte¬ 
video. La propia denominación del concurso proponía una inspiración 
patriótica para las composiciones y. además, la comisión organizadora 
evaluó y seleccionó entre las 450 propuestas recibidas. De este modo, en 
la tarde del 1 “ de marzo se inauguro el “Primer festival foldórico oriental" 
con las canciones. A los treinta y tres: Una tierra que vuelve a cantar. La 
muerte del General Gesta heroica. Sueño de Artigas. Los tres Jinetes, los 
redentores. Cielito del 25. Gesta de Asencio. Entreveros heroicos. Al 
caballo. Mis tres banderas. 19 de Abril Desagravio. Un sueño de gloria. 
/ViLsqjes de mi tierra y Sentimiento patricio. 237 

La iniciativa fue para las autoridades un signo indiscutible dd apoyo 
popular al régimen en la misma dinámica retónca explicada con anterio¬ 
ridad. En palabras del consejero de Estado Rodrigue/. López, el evento fue 
un ¡Hijueiio acontecimiento, un tanto insólito, que se prodigo en el /sus en 
fot últimas semanas: seguramente, que cuatro o cinco años atrás no lo 


hubiéramos podido presenciar. jya q.ie| Pocas veces se ha podido abser • 
uar un espectáculo de esa naturaleza. El consejero elogió la sinccndad de 
las personas que se disputaban el premio y: Por sobre todas las cosas 
hay que destacar un hecho, cada vez que se repetían epítetos contra la 
influencia extranjerizante, la asamblea rompía en aplausos el entusias 

mo m /.../ El país está despertando, por fm. en un duna de fe 

y esperanza. 33 * J 

El cierre del Festival fue realizado en el Teatro Solis con entrada libre 
para fomentar la concurrencia de toda la familia oriental. Allí el Jurado 
ev-aluo que el evento había sido una fuente generosa |que| liberó todo el 
caudal de amor y de respeto al terruño de los orientales, que plasmaron 
en feüces Interpretaciones todo su patriótico sentir y toda la fe por una 
Jornia de oída en paz y de apoyo a las mejores tradiciones. 33 » A esta cita 
con la Patria concurrieron las autoridades oficiales para presenciar la 
entrega del cardo de oro donado por El País a los ganadores. La canelón 
acreedora de esta distinción hie “Primero Oriental' compuesta por Hugo 
Ferran cuya inspirada letra sentenciaba. Clara que la Patria es chica/si 
la medimos en leguas!/ Pero tiene cosas grandes/ el oriental en su tierra 
/.../¿ftr qué Uorar las vidalas/ o festejar en las cuecas./ si tenemos los 
cielitos/ o las milongas camperas /.../ Será Uvnorial Ayacucho/ pero es 
histórica Las Piedras;/ /.../ sentir como cosa propia/ rodas las cosas de 
América;/ pero cantar lo de aquí/y lo de aquí con pasión inmensa. / vestir 
la Patria oriental/ para un estilo, de fiesta. 240 

El Festival fue la plataforma de sus ganadores liarla la fama 
participando de giras por los rnás variados puntos del pais y difundiendo 
tes letras del nuevo cancionero oficial La exitosa evaluación ministerial 
derivo en la(Oficialización del certamen, decidiendo su realización anual 
e integrándolo a las políticas culturales con el argumento de que 
constituye un deber úieludible cultivar el acervo histórico y musúaJ del 
país, afumando el espíritu de orientulidad que nos legaron oalores 
humanos e institucionales del pasado. Se sancionaba explícitamente el 
valor adjudicado a la música folclórica (quej. a la vez de ser parte 
importante de ese acervo, contribuye al fortalecimiento de una conciencia 
nacional y de los principios activos de la sociedad democrática y sus 
rasgos tradicionales. 24 1 Sí en su primera versión el festival era ya una 
expresión controlada y regimentada, para el segundo se itpó una 
comisión permanente dependiente del Ministerio de Cultura integrada, 
entre otros, por uno de los ganadores anteriores. 242 Esta comisión 
reglamento con gran precisión tes bases del concurso y confecciono una 
ista de 1 ns formas aula ateamente nacionales a que deberían amatarse 
las composinones musicales, estableciendo la imposibilidad de combi- 
331 cnmo dc cualquier Innovación en instrumentos y géne- 

Resulta especialmente interesante constatar la coincidencia entre 
algunos rasgos de “Canciones a nü patria" y el ejemplo utilizado por 


80 


Hobsbawm para analizar el surgimiento de nuevas tradiciones. Refirién¬ 
dose al desarrollo del nacionalismo suizo durante el siglo XIX. el autor 
relata que “Las canciones folclóricas tradicionales fueron sustituidas por 
nuevas canciones en el mismo idioma, compuestas con frecuencia por 
maestros de escuela, y trasladadas a repertorios corales donde el 
contenido era patriótico-progresista Los estatutos del Festival 
Federal de la Canción |...| declaran que su objetivo es 'el desarrollo y 
mejoramiento del canto popular, despertar sentimientos más elevados 
hacia Dios, la Libertad y el País, la unión y el compañerismo de todos los 
amigos del Arte y de la Patria’. [...| Alrededor de estas ocasiones se formó 
un ritual complejo y poderoso [. ..|'. 244 A pesar de los matices, estos casos 
muestran semejanzas realmente notorias en la refnrmulación de moda 
lidades culturales mediante su instJtucionalizacion de acuerdo a nuevos 
propósitos. 

Tal proceso muestra la tensión entre renovación y pervivencla. 
característica de todos los esfuerzos por mantener la vigencia de 
prácticas culturales tradicionales. Según afirma Hobsbawm. esta ten¬ 
sión se expresa en el propio surgimiento de movimientos y organizacio¬ 
nes empeñados en la defensa o rescate de estas expresiones. 246 Durante 
1975 muchos grupos "tradicíonalístas" vieron potenciada su presencia 
y capacidad de convocatoria a través del referido fomento gubemamen 
tal. Varios de estas asociaciones “naüvistas" como “El Pericón". “Los 
Tizones de Ansina". “Dr. Elias Regules" y "Potros y Palmas", amenizaron 
los festejos históricos oficiales. Otras veces, estas mismas agrupaciones 
organizaron encuentros y festivales donde, además de exponer sus 
habilidades, recreaban las comidas y costumbres del país “criollo". Estas 
Instancias eran promovidas desde ámbitos gubernamentales como 
muestrarios "inalterables" del conjunto de bienes simbólicos constitu 
yentes de "lo esencial de la identidad y el patrimonio cultural" del pais. 246 

Femando O. Assun^ao publicó en 1975 una investigación que 
reflejaba claramente tales tendencias tradicionalistas de la dictadura, 
recopilando sistemáticamente los usos y pilchas criollas. El trabajo 
fundamentaba la peivivcncia del gaucho a partir de su adaptación a los 
cambiantes desafíos liistóricos y resaltaba su decisiva contribución u 
cada etapa del pasado nacional. Medíante estas Ilaciones temporales, el 
autor lograba convertir a los gauchos sueltos de Artigas en esforzado» 
productores rurales. Tal interpretación no constituía un aporte removed» 
sino que. por el contrario, exhibía amplios puntos de contacto con la 
lectura romántica de un actor social que ya no amenazaba al Uruguay 
moderno. Esay no otra era la versión que José Luis Zorrilla de San Martin 
tuibin llevado al bronce en el monumento uiaugurado en 1927. El mismo 
que tanto alabara Siemens Amaro en el Consejo de Estado a la murrte 
di- tu autor, describióidolocomo una coincidencia extraordinaria y luisfri 
milagrosa del paisano natk<o y del guerrero, con la expresión desafiante 
sobre su caballo criollo: con la afirmación de esa actitud y de ese gesto se 


81 


puede comprender el enigma de Ui denodada resistencia f...J que ofreció 
Artigas a las Jumas éwasoms /.../ y se puede comprender, además. el 
milagro de la cruzada y de la comparta redentora de los Tremía y Tres, 
porque sin esa actitud y sin ese gesto del gaucho /.../ esas hazañas 
gloriosas y muchas otras más. hubieran quedado cubiertas por las 
sombras irrevekibles del misterio.** 7 

Las medidas sobre las expresiones populares apropiada» para repre¬ 
sentar la "orientalidad", en tanto resumen de las imágenes nacionales, 
expusieron crudamente una concepción autoritaria Dentro del rauda! 
disponible, las opciones refirieron inalterablemente a determinados 
modelos y pautas morales, excluyendo sistemáticamente cualquier otra 
tradición. En este sentido, fue prácticamente nula la presencia del tango 
y el carnaval, pretiriéndose las modalidades culturales asociadas al 
medio rural Desde las páginas de El Soldado se combatió con insistencia 
a murgas y comparsas lubolas. censurando sus mensajes y exhortando 
a dejar parodias y piruetas a un lado y trabajar por nuestro país con 
honestidad patriótica, sin vestir colore s sólo por Juera I...}. 24 * El consejero 
Alfredo Lamaison. por su parte, al discutir la fijación de los feriados de 
carnaval, argumentó que esa festividad de origen pagano creaba una 
Jalsa y momentánea inversión detestado sociaL fomentaba una excesiva 
Ucencia sensual y por tanto bien vale que permanezca de lado en lo que 
se rejicrc a la propia de/ensa del Cristianismo , 249 De este modo, las 
expresiones más antiguas de la cultura urbana y obviamente otras más 
innovadoras, fueron excluidas desde una concepción ideológica que 
hacia del hombre de campo el prototipo del "buen oriental". 

Las imágenes del campo fueron reiteradamente usadas para simbo¬ 
lizar el proceso político en curso. En una de las campañas publicitarias 
militares, por ejemplo, se establecía claramente la comparación entre la 
situación presente del país y las labores agropecuarias. liacfendo de la 
tierra la. Entraría Jecunda donde se gesta el Uruguay del porvenir. Siga 
arando su tierra. En I a semilla, está la promesa. En Ud.. la confianza viril 
En la espiga, la recompensa. Siga arando. Sobre un horizonte de pan y 
trabajo ya alborea una patria mejor. Tierra arada huele a patria... y es 
mejor seguir arando 

Estas apelaciones transmitían una serie de cualidades, ejemplificando 
en la vida rural un modelo de valnres atemporales. En este particular, la 
ideología dictatorial asumía una noción que Hobsbawm tipifica como de 
consenso común : la apelación a grupos humanos "considerados como 
los depositarios de la tradición y de la continuidad histórica". 2 '' Firmeza, 
virilidad, confianza, abnegación y austeridad eran virtudes de los 
hombres de campo que todos los orientales deberían asumir. Algunas 
provenían de la herencia hispánica o de sus principios cristianos, pero 
otras habfan surgido de la victoria sobre las inclemencias del paisaje 
autóctono, conformando el tipo humano representativo del "alma nació 
nal". Esta imagen reafirmaba el énfasis rural de la "orientalidad" y 


aprovechaba el rechazo a la hegemonía capitalina y el sentimiento de 
relegación del interior del país. 

Esta valoración de la vida rural tuvo su correlato en la promoción de 
aquellas instituciones consideradas "naturales", es decir, del 
nucieomiento en base a los lazos familiares y la inserción laboral o 
productiva Enfalizando el vinculo entre los conceptos de seguridad y 
desarrollo, la División Ejército IV de Minéis, comandada por el general 
Gregorio Alvarez. convocó al “Primer Congreso de municipios y fuerzas 
productivas de la regiónestedel pais". 2M Esta misma intención fue laque 
animó la iniciativa, de cuño seguramente presidencial, de declarar un 
‘Día de la Juventud Agraria": Considerando que el Poder Ejecutivo hn 
seguido de cerca, siempre, la trayectoria del Movimiento de la Juventud 
Agraria, el que en su labor de promoción de los Jóvenes del campo, ha 
desarrollado una tarca de gran trascendencia en el ámbito rural, propor 
clonando la oportunidad a los mismos de aplicar técnicas racionales de 
trabajo, uicalcando la vida de asociación y la acción cooperativa, d 
desarrollo del empleo inteligente de los ratos de oao y el deseo constante 
de aprender y superarse. 2 ** Este decreto expresó con suficiente claridad 
algunos de los intereses del Ejeculivo en la promoción de las actividades 
y formas de recreación propias del medio rural. 

La política agraria fue en 1975 uno de los temas de enfrentamiento 
entre el presidente y las FFAA. en el marco de diferencias acerca de la 
Intervención estatal en la actividad económica. Según relata Alfonso 
Iztshu. el episodio se inició con la destitución del vicepresidente del 
Instituto Nacional de Carnes. Eduardo W. Pcilc. por haber favorecido la 
faena de los productores de menos de 300 hectáreas. La medida de 
l v «i daberry encontró fuerte» resistencias de los militares y. especialmen¬ 
te ifel general Alvarez. 

La crisis condujo a una reunión dd presidente con los oficiales 
generales en la base aérea de Bolso Lanza el 20 de mayo. Según Lessa: 
"U reunión fue de una tensión y una dureza poco habituales y en la 
misma no faltaron acusaciones a Uordaberry de oponerse a esa medida 
|m»i intereses familiares. Los militares ejercieron una gran presión para 
<!• ir el presidente diera marcha atrás en la destitución de Peile. Bordabcrry 
¿tt embargo, se negó". Ante esta actitud, la Junta de Oficiales Generales 
Ir envió un memorándum secreto, recordándole que "debía compartir 
| | las atribuciones correspondientes ai poder global que está constitui¬ 
do por él con el asesoramiento. acuerdo y apoyo directo e Inmediato ck* 
lo ■ Imita de Comandantes en Jefe". Además, fundamentaban la defensa 
•I» i'rllr en su lucha contra "el enriquecimiento Indebido de intermedia 
fina, grandes latifundistas y especuladores, en perjuicio directo de los 
v« i linderos y sacrificados productores del sector ganadero". 2 ' 4 Este 
r|.i«iKUo fue. sin lugar a dudas el antecedente mas importante de la 
• i i *o. ilr junto de 1976. Es significativo que el motivo de la pulseada se 
i • I irkmar.i con el agro De este modo, se puso en evidencia que aunque 


tanto los militares como Bordabeny apelaban constantemente al país 
rural, tenían visiones encontradas sobre la cfentivtzaclón de su prédica. 


V. CIVICOS Y MILITARES 


I. Olorias militares 

En 1975 las Fuerzas Armadas contaban con una corta trayectoria de 
Intervención en la vida pública y con una imagen social de larga data 
sobre sus funciones, competencias y habilidades. Esa representación 
Insistía en la segregación de los militares de los asuntos políticos, 
sometidos a la decisión inapelable de las urnas y sin demasiadas 
posibilidades de lucirse en una contienda Internacional. En este sentido. 
C. Perelh afirma que la sociedad ambientaba un prejuicio antimilitarista 
que la llevó a despreciar el oficio de las armas. Por su parle la corporación 
militar se replegaba en los espacios que le fueran asignados, dentro de 
los cuales los civiles eran una presencia distante. 255 Estas nociones 
fueron modificándose progresivamente a la par que cambiaba la percep¬ 
ción de los militares sobre su propia misión y que aumentaba su 
incidencia en la vida política. La nueva situanón fue alentada por 
diversos sectores y actores sociales, pero también provocó un fuerte 
rechazo. En ese contexto, fue decisiva la influencia de las promociones 
formadas bajo la égida norteamericana en la Doctrina de la Seguridad 
Nacional que. adaptada a las tradiciones propias, terminó encauzando 
el papel asumido por la institución castrense en 1973. 

El espejo del coronel Latorre 

Un rol cada vez más importante requirió referentes simbólicos para 
las nuevas atribuciones. En este sentido, durante los meses de abril y 
mayo del "Año de la Onentalidad" apareció en la prensa una campaña 
publicitaria ocupada de fundamentar la próxima repatriación de los 
restos del coronel Latorre. Esta decisión mostraba la voluntad de 
enraizar en el pasado nacional una doctrina elaborada para orientar la 
intervención militar en el continente Los documentos deJ Ejecutivo y del 
Legislativo en relación a este trámite abrieron la serie de avisos, haciendo 
públicas las razones del gobierno para "reivindicar’' a este personaje. 
Estos avisos reconocían el carácter controversial del gobierno de Latorre 
y coraban una polémica por la via de difundir la sanción de los poderes 
públicos. A su vez. presentaban las resoluciones oficiales como actos de 
justicia liistónca". refrendados en una valoración retrospectiva de la 
deuda que el pais había contraído con este militar: El Poder J&ecutmo 
considera que a un siglo de los hechos y actos que le tuvieron de 


protagonista y superadas las pasiones contemporáneas. Injusticia histó¬ 
rica y la razón nocional imponen la concreción de los homcnqjes que se 
proponen. /.../ La razón nacional Impone el insoslayable deber de recontr 
cimiento a quienes sirvieron a la causa de la Patria. 7 ** 

En una segunda etapa, se destacaba didácticamente los aportes del 
gobierno de Latorre a la modernización en los diversos planos de la vida 
del pais Se resaltaba a su vez la capacidad de asumir el gobierno cuando 
el poder civil parecía Incapaz de hacerlo. Expresaban en este sentido: 
Como Gobernador Provisorio y como Presidente Constitucional, el Coronel. 
Lorenzo Latorre ha defado una inmensa obra para la posteridad. No sólo 
ajumó el principio de autoridad para sellar la unidad del Pais. entorpecidu 
por un caudillismo decadente, sino que además, creó las bases para el 
desarrollo del Uruguay moderno. 25 ' Quedaban establecidas de este modo 
las similitudes entre ese gobierno militar y el presente, ambos habían 
puesto fin a un catado de desorden provocado por las disputas politico- 
partidarias. De la misma forma, se sostenía que la imposición de un 
gobierno fuerte había permitido en 1875 el progreso del pais. sugiriendo 
que lo mismo sucedía cien años después. 

Además, los militares de ahora enaltecían la labor cultural de I-atorre 
V sostenían: A esa obra de perfiles concretos y constructhx>s, corresponde 
la exaltación nacionalista, por eso surgen en esta época la Leyenda 
ftitria de Zorrilla y el ‘Juramento de los Treinta y Tres' de filones. 25 * De 
este modo, la recuperación de estas obras artísticas traspasaba su 
•lignificación patriótica para ronvertirsc caí un acto más de “justicia" con 
rl hombre bajo cuyo gobierno fueran creadas. 

La repatriación de los restos cumplía también con la voluntad 
manifestada por el coronel en su testamento, donde había pedido a su 
buen hyo Lorenzo, que pasado un tiempo de mijallecimiento, y cuando él 
lo crea conoenieníe traslade mis restos a la sepulturu que tengo en 
Montevideo, pues mi deseo seria que ellos descansaran en el suelo querido 
de la Patria. La incorporación de Latorre al panteón nacional se tunda- 
mrntuba en una relación con el pasado por la cual la historia era fuente 
de enseñanzas y obligaciones. En esta lectura, la mirada retrospectiva 
ilebia cumplir la doble finalidad de iluminar el presente y permitir 
reconocer las deudas contraidas. De este modo, la repatriación cumplía 
un deber asumido con la historia y mostraba el correcto aprendizaje de 
miH lecciones 

l*ero la deuda no quedaría definitivamente saldada se postulaba. 
Ii.rita que la voluntad popular avalara lo actuado por el gobierno: Ahora 
ipil! las restos de Latorre vuelven, como él lo quiso, al suelo querido de la 
hitrvt. el pueblo oriental le tributará el homenaje que merece su memo 
ti n »' Y esto debía suceder durante el desfile previsto para el arribo dr 
fe» testos del ex presidente. Este acto tenia el cometido dr avalar 
NliiiiiUáneamrntc al polémico gobierno de Latorre y a quienes al rnvlu 
di. «rio se sabían igualmente discutidos Se Intentó también olio meca 



resino para mostrar la aprobación popular a la medida, mediante una 
encuesta de Gallup Como planteó El País, a pesar dd pasible desacuerdo 
con las formas utilizadas para realizar el muestrco de opinión, es evidente 
que tos resultados marcan una clara tendencia de la forma de pensar de 
la población. Justamente, según esos resultados, el 42% de los 
encuestados consideró adecuados los homenajes a Latorre pero la 
mayoría prefirió no contestar (34%) o manifestó su desacuerdo 124%).*® 
Una vez mas. se hizo evidente la búsqueda de la dictadura de algún Upo 
de ratificación de su gestión. En este caso, mediante una metodología de 
discutida eficacia en un contexto autoritario. De todos modos, los 
resultados no fueron tan elocuente» como se esperaba. 

Esta información debió confirmar una percepción que la campaña 
publicitaria de Latorre transmitía mediante el siguiente encabezamien¬ 
to Más allá de las criticas... acreedor a la eterna gratitud de su pueblo. x 1 
Sin lugar a dudas, se: refería a la tradición liberal que utilizaba la 
comparación con Latorre para descalificar, como había hecho Vasconcelos 
al acusar de "latorritos" a los militares golpistas de febrero de 1973. 2 * 2 
Pero el aviso parecia aludir también a las opiniones de Bordaberry. 
Según relata Lessa. casi tres si-manas antes de la repatriación, el 
presidente había enviado una carta al teniente general Julio César 
Vadora expresando sus discrepancias sobre el tratamiento de Latorre en 
la publicidad oficial. Manifestaba su voluntad de "acompañar todos los 
homenajes que razonablemente se le realizaran", pero destacaba que 
"desde el punto de vista de mi responsabilidad de gobernante, tengo 
conciencia de que es una figura que aún divide a los uruguayos, por 
cierto que injusta e innecesariamente" Añadía que "no es tiempo para 
introducir o excitar elementos que nos dividan, cuando aún estamos 
esforzadamente luchando por cerrar las profundas heridas que la 
subversión y la política demagógica infligieron a la unidad nadonaT. 283 

Como ya se ha planteado, el propósito del presidente en su revalon- 
zación de Artigas fue. precisamente, e! fortalecimiento de un símbolo de 
la unión nacional. Sin lugar a dudas, además, la recuperación de una 
figura de corte netamente militar marginaba el protagonismo civil en el 
régimen dictatorial, motivo de permanentes desavenencias entre 
Bordaberry y las FFAA. Al mismo tiempo que se producían enfrentamientos 
en tumo al agro, se ponía de manifiesto la importancia de la argumen 
taaón histórica como modo de expresión de las diferencias políticas. 
Nótese nuevamente que la larga crisis que separó definitivamente a 
Bordaberry de los militares puede rastrearse en la parafemalia histórica 
del "Año de la Orirnlalidad". 

Estas tensiones se manifestaron incluso durante el cortejo fúnebre 
La ceremonia comenzó ruando el Comandante en Jefe del Ejército 
teniente general Vadora y el intendente de Montevideo Oscar Rachetti 
colocaron una placa en la casa de Latorre en la calle Convención, 
recientemente bautizada con su nombre Horas más tarde, apenas 


86 


arribado el buque con los restos, el marcial repique de tambor estremeció 
la tarde montevideana. mientras la urna era transportada hasta la 
cureña por miembros de la Armada. A continuación, la banda del arma 
ejecutó el himno nacional, dando paso al conceptuoso discurso del 
Ministro del Interior, general Hugo Linares Brum Luego el cortejo se 
puso en marcha encabezado por el Cuerpo de Blandengues. En la casa 
de gobierno la marcha se detuvo esperando que el toque de clarín 
anunciara su reanudación. Mientras tanto, la presencia de Cristi decidía 
a Bordaberry y a Pacheco Seré a Incorporarse al cortejo, lo que no estaba 
previsto en d programa, dados los recientes altercados. 264 Civiles y 
militares se dirigieron hacia 18 de Jubo, donde el Batallón Florida tomó 
la ddantera y abrió el desfile al repique del tambor. El cortejo Integrado 
por las autoridades y cerrado por contingentes gauchos y formación de 
Blandengues, se encaminó al Cementerio Central, depositando los 
restos con las ceremonias y los discursos del caso. 265 

Este desfile transformó a la dudad en un escenario para la veneración 
patriótica, ejemplificando la marcada teatralidad de los festejos oficiales. 
Rígidas formaciones militares se extendían compulsivamente a las 
instituciones educativas y sociales para poner en escena el guión 
establecido por las autoridades Estos desfiles cívico-militares solían 
preceder la llegada al palco oficial donde la plana mayor del Ejecutivo y 
los mandos militares encarnaban al poder establecido. Además, sus 
discursos verbahzaban la búsqueda de apoyos escenificada en la orde¬ 
nada formación de la concurrencia. Alrededor de estos episodios centra¬ 
les se disponía metódicamente una parafemaba de actos menores que 
adornaban una bturgia patriótica expresada usualmente en el tzamlento 
de las banderas y en el canto del himno Las Dianas de Pallefa. los tiros 
de salva, las sueltas de palomas y las ofrendas florales solían rodear la 
gestualidad central 

En los párrafos anteriores se ha supuesto que la propaganda y los 
actos dedicados a Latorre provinieron de las FFAA. aunque era imposible 
encontrar en ninguna de las pubhcidadcs una identificación que probara 
tal procedencia. Sin embargo, antes de su inicio, la prensa había 
informado que la iniciativa de la repatriación correspondía a la Comisión 
Directiva del Centro Militar, habiendo sido aprobada por la Junta de 
Comandantes en Jefe. 266 Además, fue creada una “Comisión de Repa¬ 
triación de los Restos del Coronel Latorre" cuya actuación en la organi¬ 
zación de los eventos permaneció en el mismo anonimato que sus 
integrantes. 267 Ni el Centro Militar ni esta Comisión firmaron la serie de 
avisos sobre Latorre aparecida en la prensa periódica. 

De todos modos, estas publicidades poseían una serie de rasgos 
gráfico* y proponían una interpretación histórica muy similar a la 
[ binada desde el Centro Militar en su revista El Soldado Por otra parte. 
| |o« trámites concretos de la repatriación fueron cumplidos por miembros 
itr las FFAA. En abril de 1975. el coronel Raúl Fernández Monteavnro 




(vicepresidente del Centro Militad fue a Dueños Aires con la honrosa y 
patriótica misión de vigilar la reducción y traer los restos a Montevideo. 26 * 
El Centro se ocupó especialmente de crear un marco adecuado para la 
veneración al extinto coronel, organizando un ciclo de conferencias sobre 
I-atorre y agasajando con una cenajria a su anciana hija, la señora Isabel 
La torre de Rosas 289 

Todo indica que rala fue una iniciativa exclusiva de las élites 
militares destinada a justificar liistóricamente su ingreso a la escena 
política. Los altercados con Bordabcrry relatados por Lessa tienden a 
confirmar este monopolio militar. En este sentido. Perelli plantea que la 
reflexión sobre el rol de las Fuerzas Annadas ocupó un lugar marginal 
en lo» ámbitos de decisión política y fue un tema espinoso para los 
intelectuales liberales, conservadores y de izquierda. A su vez. la propia 
corporación no auspiciaba el surgimiento de un pensamiento autónomo 
sobre el tema militar. La autora refiere a esta situación como un "proceso 
de doble ghcttificación” ya que. por un lado, “la institución castrense 
acentúa ul máximo sus rasgos de institución cerrada y total y se 
convierte en un ghetto. Por el otro, la sociedad de los civiles |...) cierra sus 
filas a los miembros de la corporación armada. Ira hace el vacio, los aísla 
e Ignora". 270 

A medida que aumentaba su presencia política, las Fuerzas Armadas 
debieron Jusilftcarla para generar apoyos sociales a su gestión. Si bien 
en un principio su intromisión estuvo avalada por voceros tradicionales 
del poder político, prontamente fue surgiendo un discurso legitimador 
emanado de los propio» militares. Panizza analiza la forma en que las 
FFAA adquirieron “visibilidad política" con anterioridad al golpe de 
Estado. Plantea que "Justamente porque el elemento ideológico caracte¬ 
rístico de las FFAA por un largo período lustórico había sido definido 
como su legaJismo’ (o. mejor aun. su civilismo’), en cuanto comenzaron 
a intervenir políticamente surgió para los militares la necesidad de 
construir un discurso de pasaje que les permitiera adquirir una identi¬ 
dad política Ixi que es más. esta identidad debía ser al mismo tiempo 
política y diferente a la de los sectores políticos tradicionales". 271 Cabe 
agregar, además, que esta Identidad buscó sus ralees históricas en una 
zona poco frecuentada del pasado nacional. 

El militarismo no había estado ausente de la reflexión historíográfica, 
que reconocía con reparos los cambios operados en el país durante los 
gobiernos militares del siglo XIX. La valoración positiva se acentuaba en 
la reforma educativa, erigiendo a José Pedro Várela en el representante 
del progreso ilustrado y la “civilización". A pesar de los matices, el 
revisionismo había mostrado una clara preocupación por evaluar los 
logros del período. En su interpretación. Lalorre había emprendido un 
proyecto modemizador que. aunque equivocado, ostentaba logros indis¬ 
cutibles. Pero, además, los revisionistas criticaron a las corrientes 
ideológicas que, coincidiendo con los objetivos modemizadores del 


coronel, renegaban de la ilegalidad de sus medios. 272 También algunos 
aulures de la llamada "nueva historia" comprendieron el rol del milita¬ 
rismo del siglo XIX en el proceso de ‘creación del Estado moderno" en el 
Uruguay 273 

La primera reivindicación sistemática de la figura de La torre fue. 
entonces, la realizada por la dictadura, con un sentido muy diferente del 
propugnado por las versiones historiográfteas de las décadas anteriores. 
Un editonal de El Soldado elogiaba esta recuperación de: Su figura 
inmensa de patriota. |que| permaneció durante casi un siglo oculta en las 
sombras de una leyenda negra', tramada por sus enemigos, que fueron 
también los enemújos de la Patria. En este sentido, las Fuerzas Armadas 
intentaron asimilar su rol histórico al que jugaba el militarismo del siglo 
XIX en su Interpretación. Partían de la apreciación consensual sobre la 
envergadura de las obras emprendidas por aquel gobierno, pura tenni 
nar Justificando el golpe de Estado de 1973. Para eso. sostenían que. ol 
Igual que las Fuerzas Armadas en la década del sesenta, el Coronel 
Lalorre palpó de cerca, en su época, el proceso de desintegración social 
que se acentuaba dia a día carcomiendo las bases de nuestra nacionali¬ 
dad. por la acción negativa de quienes habían recibido del pueblo la 
sagrada misión de conducir sus deshilos. 274 

De esta forma, se buscaba i na trizar en la conciencia histórica de la 
colectividad la veneración a un personaje que representa!» inequívoca 
mente a la corporación militar: no era blanco ni colorado sino un 
combatiente de la Guerra del Paraguay, formado en las virtudes del buen 
soldado y capaz, de asumir la conducción del destino nacional. El 
editorial antes mencionado explicaba que: Su acción y su pensamiento 
estuvieron siempre signados por la sencillez, la franqueza y la austeridad 
que corresponde a un Soldado.™ Según el coronel Fernández Monteavaro. 
en Latorre los valore» del buen soldado /.../ escapan a la propia condición 
humana . la que dedicó al senAcio de la Patria con dignidad, inteligencia, 
valor y desinterés 276 

Al dolarlo de los más altos valores, se buscaba integrar a Lalorre a la 
conciencia nacional, destacando la capacidad del militar de intervenir en 
la vida política y contribuir a la salvación del país. De este modo, se hacía 
evidente un mecanismo dual de interpretación histórica que construía 
un personaje propio de la corporación militar, id tiempo que pretendía 
mi adopción por parte de quienes no pertenecían a ella. Los medios 
empicados en este intento de apropiación y apertura evidenciaban las 
dificultades de las Fuerzas Armada» para extender sus apoyos sociales 
y preservar su "pureza ideológica - . En este sentido, la propaganda que 
acompañó la repatriación de Latorre resulta un claro ejemplo de la» 
Contradicciones que conllevaba el empeño arbitrarlo de generar el 
consenso. Esta» tensiones son evidentes en avisos que repiten los 
[ argumentos de ElSoldudoy aparecen sin firma. Esta ausencia es el gesto 
que revela la pretensión de romper el “gueto" de una prédica, por todo lo 
demás, claramente militar y fuertemente autoritaria. 



También es cierto que la lectura del militarismo contenida en esta 
campana concedió a ciertos civiles un papel activo, aunque subordina¬ 
do, en la puesta en práctica del proyecto Desde El Soldado se sostuvo 
que: Para detener ese proceso de desintegración total del país, el Coronel 
Latorre. contando con la colaboración desinteresada de aquellos urugua¬ 
yos que. encastillados en su hombría de bien salvaron su cuerpo y su alma 
de la corrupción que comenzaba a entronizarse, a todos los niveles, 
asumió ta difícil tarea y Ja enorme responsabilidad de conducir los 
destines de la Patria. 177 Estos juicios históricos concebían los apoyos 
políticos en los mismos términos que las FFAA habían propuesto para su 
gobierno "cívico-militar". Tal interpretación daba cuenta de las peculia¬ 
ridades de un proceso de acceso al poder mediado por el consentimiento 
del propio presidente constitucional. Los analistas políticos se han 
ocupado de sertalar reiteradamente este rasgo del autoritarismo urugua¬ 
yo en el contexto del Cono Sur. explicándolo en la fortaleza de las 
tradiciones políticas democráticas. Bordabeny. sin embargo, sintió que 
la comparación con Latorre resentía la Imagen pública del gobierno. 

La incorporación de voces civiles al concierto autoritario, tan anhe¬ 
lada por la dictadura uruguaya, hubiera proporcionado a la “operación 
LalorTT" un marco mayor de credibilidad. Más aún si estos ctvtles 
hubieran sido lo que para el militarismo fueron un Varela. un Zorrilla o 
un Blanes. Pero así como la propia omisión de la firma delataba la rúbrica 
militar y el protagonismo civil se limitaba a los papeles secundarios, la 
voz autorizada del saber académico estuvo casi ausente. El único 
historiador que figuró en la exaltación de l-atnrre fue el profesor Reyes 
Abadíe En varias entregas. El Soldado transcribió su conferencia en el 
Centro Militar. Junto a la dd coronel Fernández Montea varo. El martes 
15 de abril, el profesor Reyes Abadie abrió su disertación: "El Coronel 
Latorre y su época" con las siguientes palabras: Como Oriental y como 
educador, estoy aquí en esta tribuna en este orden en particular, como 
educador, porque también si me lo permitís compatriotas militares sot/ 
también un soldado de una milicia que tiene la responsabilidad superior 
de custodiar las lindes impalpables, pero dejinitorias. del territorio espi 
ritual de la Nación y de trabajar en ella, para la promoción de las almas 
juveniles con un sentido de raigambre patriota americana, para enaltecer 
con la luz de la ciencia, un criterio de interpretación, más amplio y 
generoso, respecto de las cosas de nuestra tierra y de nuestro pueblo y ahí 
pues, en esa actitud de espíritu, llega/nos a esta casa para nctipamos 
particularmente hoy. de la época, del mundo, de la situación en que vivió 
y luchó Lorenza Latorre ". í7R 

En su conferencia. Reyes Abadíe contextualizó el gobierno de Latorre 
en el panorama internacional, refiriendo la situación de las potencias 
mundiales en el estilo caracteristicu de la historiografía revisionista 
Abordó también los conflictos internos entre las divisas y el fracaso de 
las políticas que intentaban superarlos. 279 Por ultimo, relató los porme- 


90 




ñores de los sucesos que llevaron al poder militar y las debilidades de los 
civiles en la conducción del país. En este sentido, refirió que Latorre. 
creyó ver en EUauri d hombre que podría concitar la unidad nocional la 
reconciliación que él siempre quiso entre la familia oriental f...j [Perol 
EUauri no tenia vocación para el mando: sentía que lo sobrepasaban los 
acontecimientos del país y mentalmente, participaba de la ideología de los 
llamados principislas. Luego de narrar la intervención militar que puso 
fin a esta situación y comentar su obra de gobierno, el conferencista 
culminó diciendo: Ojalá esas cenizas de Latorre. sean como un fermenta 
sagrado que vuelva a levantar en 1975. la conciencia oriental en la 
reconciliación y en la esperanza 290 

En plena dictadura, el profesor Reyes Abadie avalaba can el prestigio 
del saber la reivindicación del pasado militarista. A más de una década 
de recuperada la democracia, vuhriO a disertar en el Centro Militar para 
Justificar la intervención de las FFAA en el golpe de Estado de 1973. En 
junin de 1996. el liistoriador fue aplaudido de pie por los mandos 
militares que escuchaban su conferencia sobre "Los militares en la 
formación de los partidos políticos tradicionales". En esa oportunidad 
afirmó: Cuando el Estado cae. lo único que queda es la institución base 
del mismo, que es el Ejército, ¡.../el Ejército tuvo que apechugar y apechugó 
como pudo. Bien, mal o regular, eso es otro fenómeno. No interesa elJuicio 
final de su administración. Lo que interesa es que cumplió con su misión 
de ser el instituto veríebrudor de la existencia del país, de la república y 
de su pueblo. 281 

“Sangre fresca" 

En el pasado más reciente de la institución, el intento de sanenonar 
formalmente los homenajes a los Mártires caídos en la lucha antisubversiua 
fue un hito en la elaboración de sus referentes histórico-siinbóhcos. Esa 
Iniciativa representó, en su momento, la tensión entre los partidarios 
mas apasionados de los nuevos roles y aquellos militares menos entu¬ 
siastas. es decir, entre las generaciones más jóvenes formadas en la DSN 
y quienes lo liabían hecho durante la etapa "legalista". Según declaracio¬ 
nes del general Alberto Ballestrino. el homenaje a los soldados de 
ejéictlus sudamericanos caídos en ¡...¡ la lucha contra guerrilleros y 
mercenarios se le ocurrió a un militar al pasar frente la Universidad y 
observar a los estudiantes conmemorando la memoria de los guerrille¬ 
ros . 281 Parecería que la idea fue apoyada por un grupo de militares, cuya 
decisión de plantearla en el Centro Militar trascendió a los mandos 
Mipcriores. quienes convocaron a una asamblea con d fin de vetar la 
medida. Esa asamblea, de las más numerosas que se recuerden, signó 
rl enfrentamiento interno de las Fuerzas Armadas, dividiendo Ioa 
opiniones en dos bandos claramente definidos. En 1967. entonces. In 
voluntad de construir un panteón de homenaje a la intervención militar 
mía vida pública encontró una tuerte resistencia interna. En 1975, tales 


discusiones estaban fuera del marco de lo posible: no había dudas sobre 
cuál era la posición que predominaba en las FTAA. 

Fue asi que la Jefatura de Policía de Montevideo, la Junta de 
Comandantes en Jefe de las FFAA y los ministerios de Defensa e Interior 
promovieron que d Poder Ejecutivo decretase la conmemoración del "Dia 
de los caldos en la lucha contra la sedirión” en memoria de los hechos 
luctuosos ocurridos el 14 de abril de ¡972.™ Ese día habían muerto 
varios militares y un civil en un operativo del MLN que produjo una severa 
reacción de las FFAA El asesinato de ocho tupamaros marcó el comienzo 
de la desarticulación del grupo guerrillero La decisión de simbolizar en 
esa lecha d recuerdo de todas las “bajas" producidas por d MLN reflejaba 
la voluntad de abarcar mediante el término caídos a aqudlos muertos 
que no pertenedan a la corporación militar. Si bien es clara tal voluntad, 
no es menas cierto que Armando Acusta y l-ara no mereció demasiados 
homenajes Individuales. De hecho, tampoco se evocaron los otros civiles 
muertos por *1 MLN. de modo que los homenajes siempre mantuvieron 
su naturaleza militar, simbolizando tanto las “bajas" en combate de una 
institución cuya función era la guerra, como los nuevos cometidos que 
habia asumido en la escena política. 

I-a oficialización dd 14 de abril como fecha de recuerdo de los caídos 
se produjo en agosto de 1975. pero a lo largo de los meses anteriores los 
diversos organismos militares y policiales habían conmemorado a sus 
propios muertos Entre estos actos, en abril la Policía de Montevideo 
había rememorado frente al Panteón Policial dd Cementerio del Buceo 
el tercer aniversario de los hechos ocurridos en 1972. En esa oportuní 
dad. el comisario Hugo Campas Hermida evocó la memoria del 
suheomisario Oscar Delega, de los agentes Carlos Leítes y Sagú uto Goñ!. 
dd Capitán de Fragata Ernesto Moto y de Armando Acosta y Lara. En su 
discurso, se lamentaba por estas muertes pero sostenía que esa vorágvie 
de sangre injustamente derramada fue la que incentivó la /lama de coraje 
y voluntad de quienes continuaron ese dio. a costa de más sangre de 
policías derramada, una dura batalla que señaló el comienzo del Jln para 
la asociación criminal y permitió que el Uruguay J...J recuperara la imagen 
de paz orden y respeto por la vida y propiedad que otrora lo habían erigido 
en modelo dd mundo civilizado. 7 ** 

Aunque ese día se realizaron otros actos, no se trató, aparentemente, 
de una ocasión especialmente relevante en el conjunto de homenajes a 
caklos ofrecidos en los meses siguientes. En mayo, junto con los festejas 
de la Batalla de las Piedras, se cumplió un homenaje recordatorio a las 
soldados caídos por la patria, organizado por el Comando General del 
E|ército en d Cementerio del Buceo. Por su parte, el Circulo Patriótico 
convocó a una nusu en honor de los cuatro soldados muertos en mayo 
de 1972. La consigna Arriba los muertos replanteó en esta ocasión ios 
conceptos sostenidos por Campos Hermida en los homenajes de abril . a8H 
Su empleo recuerda inevitablemente d grito "viva la muerte" dd general 


falangista Millán Astray en la Universidad de Sala m a n ca en 1936. Con 
esta consigna se exaltaba el sacrificio personal y el mérito de quien mucre 
luchando contra d enemigo. Durante los meses siguientes, otros bata¬ 
llones y regimientos rindieron homenaje a sus muertas. Asi. por ejemplo, 
merecieron honores personales eJ capitán Julio César Gutiérrez del 
Grupo de Artillería NT 0 2 de la ciudad de Trinidad, d teniente 2" Ricardo 
L. Braída y el coronel Artigas Alvarez. 2 * 6 

En lodos los casos, los oradores enfatizaron el sacrificio individual 
como componente esencial de la misión de la institución militar. Luego 
de someterse a largos años de rígida disciplina propia de su formación, 
los mandos militares uruguayos no habían tenido demasiadas oportu¬ 
nidades para demostrar el valor y heroísmo de su ejército. Entr ar en 
acción significaba, entonces, la posibilidad de demostrar las habilidades 
adquiridas durante su entrenamiento. En este contexto, la "lucha 
antisubversiva" fue asimilada a una "guerra" y las muertes producidas 
durante el "combate" representaban el designio extremo de la vida 
militar. Tales conceptas eran continuamente resaltados al conmemorar 
la extensa nómina de integrantes de nuestras FFAA. caídos lealmente, en 
el cumplimiento de su deber, haciendo gala de la valentía, el desinterés y 
el patriotismo dignos de los espíritus más elevados. 2 * 7 

Esta forma de referirse a los muertos militares en tanto "bajas en 
combate" no fue una interpretación exclusiva de las Fuerzas Armadas, 
apoyadas en una concepción de la política como continuación de la 
gu erra . 138 Los poderes públicos democráticos habían legitimado que la 
represión de los tupamaros fuera considerada de esta forma, al declarar 
el Estado de Guerra Interno el 15 de abril de 1972. De este modo, el 
parlamcntu avalaba la visualización de esa coyuntura política como 
momento de coincidencia entre la función militar y la supervivencia de 
la nación. Tal superposición constituía la plena justificación dd oficio 
militar, al exigir el heroísmo personal para garantizar la continuidad 
histórica del país. 

En ese sentido Jéróme Mélle sostiene que las Fuerzas Armadas se 
conciben como “depositarlas últimas de la identidad nacional". El autor 
agrega que su "finalidad —el combate que unplica el sufrimiento y el 
sacrificio— les procura un vínculo vilal con la existencia misma de la 
nación".^ A este respecto, d teniente coronel Ricardo J. Galarza 
sostenía que se debía Honrar las memorias de queridos compañeros con 
fe renovada, con dichos y hechos que asi lo acrediten. /.../ con el generoso 
nltmfsmode los que cimentaran nuestra Nacionalidad, pensar y hacer en 
temimos de las generaciones que vendrán a sucedemos con su impulso 

renovador [...J . 390 

En d marco de la apelación genérica a los caídos, la figura del coronel 
Ramón Trabal adquirió en 1975 una dimensión propia producto, segu¬ 
ramente. de las borrosas circunstancias de su muerte. En diciembre de 
197*1. Trabal apareció asesinado en Pans donde se desempeñaba como 


agregado militar de la embajada uruguaya. Organizaciones guerrilleras 
negaron la autoría del crimen y la Policía francesa lo adjudicó a 
mercenarios franceses. El arto siguiente los militares exaliaban este 
hecho como otra tribuí ación, que de su sangre, ofrendan las FFAA al aliar 
de la Patria.* 91 Al igual que en las otras ocasiones, la muerte adquiría un 
valor positivo en tanto manifestación suprema del sentimiento naciona¬ 
lista y de los valores militares En el homenaje realizado rn el primer 
aniversario del asesinato de Trabal. el coronel Francisco Silveíra expre¬ 
saba que caer en cómbale con honor (...) no significa la muerte, concibién¬ 
dola como un ritual dentro de ¡a hermosa religión del sacrificio (...) hecho 
por convicción y por amor robusto a un tiempo realista, quijotesco y 
sonador. que anida en el pecho del combate extendido, amplio y libre.™ 2 
De este modo, la vida era considerada el mayor tributo que un militar 
podía entregar a su patria. Es cierto que en la retórica militar esta idea 
era tan vieja como la consigna "Libertad o Muerte". 

En un aviso de la camparía “Seguridad para el Desarrollo" se llegó a 
asimilar la donación de sangre a un gesto patriótico. Bajo la sentencia: 
El Uruguay somos todos, la publicidad proclamaba que la población 
carcelaria también, porque era donante voluntaria de sangre fresca a 
cualquier hora del día y de la noche, lniualmrnte el aviso enfatizaba el 
aporte de los presidiarios, pero luego incorporaba a sus guardianes. Se 
reforzaba, entonces, la imagen de una colectividad hermanada por la 
sangre. En esa dirección, se explicaba: Este Servicio de Seguridad para 
la vida humana /.../ redune al recluso y enaltece al funcionario policial. 
Finalmente, la contribución de ambos grupos era considerada con 
orgullo como un inmenso banco humano de 3000 donantes (que] tiene, 
ademas, la particularidad de ofrecer sangre perfecta, de cualquier grupo 
sanguíneo y con las garantios del examen médico permanente del 
Hospital Penitenciario. 293 

De los cuarteles al gobierno 

C. Perelli analiza detenidamente el montaje simbólico elaborado por 
la institución militar para dotarse de referentes históricos, fortalecer el 
"espíritu de cuerpo" y proyectarse hacia la comunidad civil. La autora 
estudia las peculiaridad!» del calendarlo militar, su relación con las 
celebraciones nacionales y las innovaciones producidas durante la 
dictadura. De esta forma, enumera las fechas nacionales que las FFAA 
se apropiaron: 18 de mayo. 18 de julio. 23 de seüembre y 12 de octubre. 
Cada una de estas celebraciones ejemplifica una modalidad particular 
de relación entre el pasado de la colectividad nacional y el circunscrito 
a la esfera militar Es así que las FFAA buscaron hacer suyo el triunfo de 
Artigas en la Batalla de las Piedras al convertirlo en "Día del Ejército". A 
su vez. el 18 de julio fue sancionado como fecha del arma de Infantería 
en recuerdo de la Batalla de Boquerón y se Intentó “reslgnificar el día de 
la constitución civil como el día en que las fuerzas armadas orientales 


hicieron el supremo sacrificio de abandonar toda pretensión política en 
aras del bien común, al aceptar que sus miembros no pudieran ser 
representantes políticos |...]*. 19 * Por otra parte, el aniversario de la 
muerte de Artigas aparecía como un homenaje auspiciado por las FFAA. 
mientras que la Batalla de Sarandi representaba a la caballería. 

En un segundo lugar. Perelli aborda las fechas que representaban 
acontecimientos particular!» de la corporación, “asignadas a la rememo¬ 
ración de los mitos fundantes de las diversas armas. (...| vitales para 
crear y mantener la cohesión interna, en muchos casos no tienen 
paralelo con hechos relevantes e. inclusive, pueden estar basados en 
construcciones simbólicas de vieja data". 23 * Entre este último tipo de 
celebraciones, se tneluyc. por ejemplo, el Día de la Artillería festejado en 
la fecha de su patrona. Santa Bárbara. 

El "Año de la Oríentalidud" ambientó la oficialización de una serie 
Importante de modificaciones en el calendario de celebraciones milita¬ 
res. Entre aquellas fechas tomadas del pasado nacional puede mencio¬ 
narse otras dos ocasiones referentes al periodo artigutsta el 5 de 
setiembre como Dia del Retirado de las Fuerzas Armadas en memoria del 
retiro al Paraguay y el Dia de la Armada, el 15 de noviembre, fecha en que 
fuera otorgada la primera patente de corso. 29b 

Pero fue en la eategoria de celebraciones referidas al pasado propia 
mentí: militar donde se produjeron mayores innovaciones. Dentro de 
este grupo, puede señalarse el Dia de los Caídos, el Dia del Servicio de 
Sanidad de las Fuerzas Armadas y el Día del Bombero. 2 ® 7 Estas dos 
últimas celebraciones refieren a las fechas de creación de los respectivos 
organismos, siendo usual festejar los aniversarios de las divisiones y 
¡innas aunque no estuvieran incorporadas a la legislación nacional. Asi. 
durante todo el año se realizaron actos y fiestas militares, ya fuera al 
interior de la entidad, ya con una proyección pública más marcada 
l -slas eran ocasiones propicias para desarrollar una serie de actividades 
que buscaban irradiar a familiares y vecinos el espíritu de cuerpo y 
lurtnleccr los lazos afectivos con la institución. Un ejemplo claro de la 
Intcrrelación entre los cuarteles y la zona fue la organización de una 
prueba pedestre a cargo del Club A. Independiente de Fray Bciitos para 
festejar el 68° aniversario del Batallón de Infantería N° 9. a * 1 La realiza 

• K»n de eventos deportivos en estas ocasiones era especialmente fomen 
inda desde los ámbitos militares ya que posibilitaba la exhibición de 

• li trezas físicas propias de su entrenamiento. 

Rn relación a los referidos festejos de aniversarios, resulta interesan 
le constatar que, aunque casi todos los organismos militares celebrados 
Im-ron creados durante los gobiernos de José Batlle y Ordóñez. se omitía 
matemáticamente la referencia a este personaje. En realidad, a lo largo 
ili los discursos oficíales prácticamente no se nombraba en forma 

• *l*liritn al batllismo. aludiéndolo a través de vagas imágenes tanto 
[ |w|¿uUv;vm romo positivas acerca de su herencia. 




Fue Dordabeny quien se refirió más extensamente al legado batllista 
en oportunidad de describir al país ante observadores extranjeros. La 
prensa publicó la carta abierta que el presidente escribió en respuesta al 
tiniyersiíano canadiense que reclamara por la situación de los presos 
políticos. En esa ocasión, manifestó: Uruguay /»o merecía esta, traiciói i de 
algunos de sus hijos vendidos a la consigna internacional. No la merecía 
porque es un país que desde largo tiempo atrás goza de una avanzada 
legislación social ; que tiene uno de los ingresos per rápita más altos de 
América y aun del mundo; lo que es más importante aún, tiene una 
distribución de ese ingreso que es nuestro orgullo, porque no hay grandes 
distancias entre tos distintos estratos sociales y hay un constante 
traspasamiento de unos a otros, no existiendo por tanto castas o niveles 
privilegiados e impermeables. El Uruguay túrne los indices de alfabetiza 
ción y esperanza de vida más altos de América Latina y de los más altos 
del mundo: sus habitantes disponen de medios de comunicación / prensa. 
TV. Teléfono), por cabeza al mismo nivel que las penses más desarrollados. 
No tiene problema de población indígena, que no existe: sus habitantes 
son todos descendientes de los primeros colonos españoles, aumentados 
luego por fuerte inmigración europea de distintos orígenes. Uruguay 
ostenta un bajo indice de crecimiento demográfico, de los más bajos del 
mundo y similar a los países industrializados 299 

Aunque más de una vez resulta clara la alusión aJ batilismo. esta 
acumulación de imágenes acerca de Uruguay como “Suiza de América’ 
nunca refiere en forma directa a su política. Se trata más dr una 
representación de sentido común sobre el país en tanto excepción 
continental que de una prédica aprobatoria de los gobiernos colorados. 
En realidad, en documentos privados Bordaberry advertía sobre las 
graves consecuencias del "mantenimiento tenaz y ciego de los postula¬ 
dos del viejo Batilismo*.- 100 Otros sectores golpistas fueron más explícitos 
en sus opínitmeM. Asi. por ejemplo. El País mostró su tradicional 
antibatlhsmo en un editorial sobre las responsabilidades de la crisis 
nacional. En él se afirmaba que la mentalidad batllista /.../ limó la 
dinámica uruguaya, y nos sumió enelquietisrno, el retrauníento, la molicie 
que nos hizo perder pie /.../ | poniendo) en práctica la solución fácú. d 
remiendo precario, la prórroga de las situaciones en lugar de la búsqueda 
de las soluciones: al decir que si a cualquier reclamación, amontonando 
disposiciones hasta Jocmar la más onerosa e improductiva maraña 
legislativa, en previsión, trabajo, y simultáneamente. la más asfixiante 
burocracia. 501 

En la lectura de las Fuerzas Armadas, por su parte, aparecen 
asimismo las imágenes de bienestar y progreso características de esa 
época en las manifestaciones públicas del presidente. 3051 Pero también 
hubo militares que reprobaron las consecuencias de los gobiemus 
batllistas. Las diatribas contra el laicismo aberrante y al ateísmo de 
inspiración masónica del coronel Julio R. Soto, por ejemplo, destilaban 


96 


un juicio más que negativo sobre el batilismo. 303 Más aun. el general 
Libe: Seregni sostiene que d an ti batilismo está en los orígenes del 
pensamiento y la acción militar de los artos setenta. Explica que esta 
influencia se remonta a la salida del terrismo, cuando se recompuso la 
carrera a los militares desplazados durante esa época. En esa coyuntura, 
muchos batllistas ascendieron vertiginosamente, provocando el rencor 
de los nuevos oficiales pexjudlcados. 304 

De todos modos, tanto Bordaberry como los militares se preocuparon 
por establecer una continuidad entre el país de la prosperidad y los 
propósitos del régimen actual, enfatizando en el abrupto corte de los 
años sesenta. En ambos casos, estas conexiones históricas eran dirigi¬ 
das a receptores extranjeros pero no cataban presentes en las versiones 
destinadas al público nacional. Seguramente porque para los uruguayos 
el país fundado en la primera mitad del siglo era el país de la democracia 
política y somal. 

Por otra parte, no fue usual reivindicar el terrismo. lo cual podía 
resultar algo forzado o poco redituable para los militares. En esta 
omisión parece haber jugado un papel importante la evaluación de los 
roles de los diferentes actores políticos y la propia cercanía temporal del 
periodo. En primer lugar, para las FFAA parecía poco conveniente apelar 
aun régimen caracterizado por el decidido protagonismo de un presiden¬ 
te civil Parecena que el recuerdo del terrismo dificultaba el encuentro de 
la imagen de concordia que se pretendía difundir. Para Bordaberry- la 
comparación con el terrismo podría haber sido provechosa, explotando 
d antecedente de otro presidente constitucional que disolvió las cáma¬ 
ras. Pero tal posibilidad hubiera contradicho el discurso de unidad 
nacional con que Bordaberry criticó la reivindicación del coronel Latonr. 105 

Más allá de tal prescindencía de ilaciones entre ambos gobiernos, la 
exaltación nacionalista de la última dictadura exhibía notorias semejan¬ 
zas con la glorificación patriótica del terrismo. En relación a la década del 
treinta. E Ruiz sostiene que "la celebración de las efemérides con 
grandes concentraciones «vico-militares (...| incluían la participación de 
escolares y estudiantes normalistas. Los fines de tales eventos fueron 
varios. Por un lado un recurso par a estimular en el pueblo la interiorización 
del nuevo patriotismo que se expresaba en símbolos, y se encerraba en 
si mismo rechazando todo lo foráneo. Por otr o, proporcionar al régimen 
un baño de popularidad, en la medida que la participación de los 
ciudadanos, aun como simples espectadores, pudiera estar indicando 
adhesión a lu nueva situación”. Este análisis podría aplicarse sin 
modificaciones a muchos de los actos cumplidos durante 1975. Sin 
embargo, las notorias dif erencias entre ambas dictaduras fueron eviden¬ 
tes también en su retórica patriótica. En primer lugar, durante el 
terrismo el margen de disidencia era obviamente mayor, permitiendo la 
manifestación de las diferencias políticas en las opiniones históricas. Por 
•ti parte, los propios voceros oficiales de los años treinta advirtieron los 
eventuales perjuicios de un exacerbado énfasis conmemorativo. 1flB 


97 



Por otro lado, la corporación castrense procuró conformar vin calen¬ 
darlo que incluyera los hitos del quiebre institucional en una perspectiva 
histórica. Dentro de esas Tedias, el 9 de febrero representaba el ingreso 
de las Fuerzas Armadas a escenarios políticos de lo» que tradicionalmen¬ 
te habían estado exduklas. En una nota de El Soldado se recordaba esa 
Jecho, en la que los responsables de la Seguridad def Estado, asumieron 
de pleno la responsabilidad del Desarrollo Nacional. /.../ ¡as FFAA 
materializaron esa defensa Idc la Patrial. primero en el terreno de las 
hechas, abatiendo a la sedición i/ luego en el orden institucional, acercan¬ 
do su apoyo integral y su asesoramienlo al Poder Ejecutivo, afín de sanear 
¡a oílministración en sus focos espurias y restaurar el clima de paz social 
indispensable para efectivlzar un auténtico programa de Desarrollo.** 7 
Perelli sostiene que el 9 de febrero adquirió una "gran centralidad e 
isotopía en la nueva cosmogonía de la comunidad militar Por ser tan 
importante, la corporación tuvo la habilidad de no permitir su apropia 
don simbólica* por ninguno de los cuerpos, sectores o grupos, que 
podrían haber aspirado a ella" 10 " 

Esa fecha fue radiada por los sectores civiles que prefirieron celebrar 
el 27 de Junio. A su vez. los militares prácticamente no celebraban esta 
última ocasión, aunque en 1975 emitieron un comunicado donde 
mostraban la necesidad de argumentar la disoludón de las Cámaras y 
celebraban el posterior milagro uruguayo. 309 El Consejo de Estado, por 
su parte, se reunió en sesión especial para festejar el aniversario del 
golpe de Estado y la fecha de su creación. Con la presenda de Bordaberry. 
Demlcheli se preocupó por alabar el papel de los presidentes constitu 
dónales en los cuatro golpes de Estado vividos por el puis a lo largo de 
su historia. 310 Este interés por marcar la participación civil en los hechos 
protagonizados por los militares se hizo evidente también al discutir la 
extensión a los civiles muertos a causa de la lucha antisubversiua. de los 
beneficios acordados a los causahabieriles del personal militar y policial. 
En esa oportunidad, el Consejo aprobó la concesión de una propiedad a 
la viuda de Acosta y Lara. explicitando que no se intentaba sentar 
precedentes sobre el derecho de los civiles a los benefldos propios de los 
militares. 311 

Este panorama de la lectura militar de su propia historia permite 
visualizar una atención especial hacia aquellos periodos definidos como 
de coincidencia entre el accionar de la institución y la “historia nacional 
A lo largo de 1975. las FFAA desarrollaron numerosas actividades 
tendientes a construir un sustento histórico para su intromisión en la 
vida política y. a la vez. propusieron una mirada sobre el pasado de la 
colectividad en su conjunto. Es interesante constatar la escasa partid 
pación de los servicios militares específicamente consagrados al estudio 
del pasado. En el Departamento de Estudios Históricos del Estado Mayo» 
del Ejército (DEH-EME) se Investigaba y difu ikÜ a la reflexión propiumrn 
te militar sobre la historia nacional y. especialmente, sobre sin* 


enfrentamientos bélicos y el desarrollo institucional castrense;. San 
embargo, durante el "Año de la OrientalidacT este grupo de especialistas 
no figuró en el elenco oficial encargado de organizar las celebraciones 
históricas, limitándose a la publicación de su tradicional Doletin (editan¬ 
do mayoritariamente artículos realizados con anterioridad) y a auxiliar 
a la CNHS ruando demandó su colaboración. 

Este papel secundano puede explicarse en base a la conjunción de 
diversos aspectos. Por un lado, puede haber influido la intención de 
evitar una lectura de la historia centrada en la estrategia militar y en los 
conflictos bélicos. Además, fue notoria la preocupación por garantizar 
una filiación ideológica fiel a la DSN y por exhibir el aval de figuras 
reconocidas. Como se recordará, los Integrantes de la CNHS fueron el 
general Cristi, un representante del ala más dura de los golplstas. Junto 
a los profesores Aasun^ao y Llamólas de Azevedo. civiles que pretendían 
representar al saber erudito. 

Por otra parle, seguramente haya incidido el peculiar perfil de los 
“intelectuales militares" al interior de la corporación. Según Perelli. la 
diililecondición de intelectual y militar entraña una ambigüedad de roles 
que segrega, al tiempo que reafirma la misión de “ideólogo de la 
institución’. En este sentido, el “silencio" de los "militares-historiadores" 
durante 1975 puede entenderse como consecuencia de una división de 
tareas al Interior de la corporación. Esta distribución de roles podría 
vincularse, a su vez. al progresivo entronizamiento de las figuras del 
I )KI I-EME en otros ámbitos relacionados con los estudios históricos. Asi. 
« I mayor A. Corrales Elhordoy, Jefe de la División Historia del citado 
I »epartamento. asumió cargos de dirección en la Facultad de Humani- 
dmles y Ciencias en 1976 y en el Museo Histórico Nacional en 1980. 
K*i<» factores contribuyen a comprender la participación de los ámbitos 
militares de estudios históricos en los festejos patrióticos de 1975. 


J Un asalto a la cultura 

Armas doctrinarias 

K| Mullido que la escena cultural fue un objetivo central de la política 
i.|.i raiva de la dictadura. La represión significó el desmantelamiento de 
lu* Instituciones y figuras más relevantes del quehacer intelectual. La 
Hlugifitud de la empresa estuvo en consonancia con el diagnóstico sobre 
U m ■amabilidad que intelectuales, artistas, docentes y estudiantes 
h.(h|iin tenido en la coyuntura política previa al golpe de Estado. Poroso, 
tu* | f luirí as medidas fueron las destituciones en masa, la clausura de 
«vitiruH culturales y de enseñanza, la censura y la exclusión de la 
MrtlVld.il publica de numerosas personalidades. Este vaciamiento fue 
MMi*ld'tn»4lo una tarea necesaria para asegurar la reconversión moral y 
jmllilca de la*» futuras generaciones En palabras dr El País, so Imponía 


la tarea de descontaminar ese aire, erradicar esa nefasta polución mental 
eso es lo que se está haciendo. Tenemos que recuperar para el país por lo 
menos a una generación enteraque se vio arrastrada por una prédica tan 
corrosiva como eficaz en la obtención de sus propósitos. 313 

Luego de la primera tase destinada a la "depuración". »e intentaron 
modificar las coordenadas ideológicas democráticas. El mismo edituriai 
de El País planteaba que hay algo más que hacer, algo que sea el sostén 
espiritual de lado uruguayo auténtico; una doctrina nacional, ciara y 
definida, o si se prefiere, una mística nacional I I Las etapas del proceso 
de recuperación no pueden precipitarse. Hemos hablado de una genera¬ 
ción perdida. Pues bien; ella equivale al pasaje de cuatro o cinco tandas 
de alumnos por el primer ciclo completo de secundaría, que es donde el 
muchacho adquiere la actitud política que sostendrá cama hombre /.../. El 
rescate de la nación en el terreno psicológico, emocional e intelectual 
—paralelamente a la recuperación material — es una tarea de máxima 
prioridad 313 Como se ha planteado, también Bordaberry reclamaba una 
"enunciación doctrinaria" para el régimen. En ese sentido. 1975 consti¬ 
tuyó el puntapié inicial para el replanteo de las bases culturales y la 
promoción de figuras y espacios alternativos 

Esta segunda etapa se concretó en un conjunto de medidas tendien¬ 
tes a operar una transformación de largo alcance. Especial atención 
concitó el sistema educativo en sus tres niveles. El 2 de febrero de 1975 
se produjo la intervención directa de las FFAAen Primaria y Secundaria, 
constituyéndose la Comisión Supervtsora de la Enseñanza integrada por 
oficiales generales con poder de decisión mayor al del Ministerio de 
Educación y Cultura. Un mes antes, el entonces ministro Atilio Naran cío 
había renunciado u su puesto, sin dar a conocer los motivos de su 
decisión. 314 

SI bien existieron reformas anteriores de programas, los cambios más 
importantes se realizaron luego de 1976. Aunque ya se había publicado 
en 1975. el proyecto del ciclo bcisico estructurado no pudo implementarse 
por falta de tiempo y se mantuvieron los planes de estudio de 1941 y 
1963. 3,9 De todos modos, el Consejo Nacional de Educación aprobó una 
serie de resoluciones para garantizar la plena vigencia de la Doctrina 
Nacional en los liceos. En ese rumbo, la ley 14.101. redactada por Julio 
María Sanguinetti y sancionada el 3 de enero de 1973. se convirtió en un 
insumo fundamental. Citando a Bordaberry. las autoridades educativas 
recordaron que el propósito de esta ley habla sido preservar la enseñanza 
que el Estado imparte de toda infiltración de tipo ideológico y polUico. y 
fundamentalmente, a través ele ello lograr la tranquilidad y la paz para 
que todos puedan ir a capacitarse en la forma que el País lo necesite y 
formar libremente su propia ideología o sus propias convicciones politi 
cas. 316 

Se tomaron varias resoluciones de carácter general sobre los más 
diversos aspectos de la gestión educativa. Ellas abarcaron desde el 


too 


sumario masivo de profesores y la designación de nuevos directores, 
hasta la reglamentación del servicio de cantinas y la prohibición de usar 
barba para alumnos, funcionarios y docentes. Otras normas se ocupa¬ 
ron del quehacer educativo con miras a la implementación de los nuevos 
planes. En ese sentido, puede mencionarse la definición de los cargos de 
adscripción, subdlrrcctón y ayudantes docentes, la regimentación de 
sus funciones, el pormenorizado “Reglamento de calificación y promo¬ 
ción" de los alumnos y el de calificación de funcionarios no docentes. 317 

La formación de la Comisión Asesora de Textos es un ejemplo 
adecuado del ánimo que guió a las nuevas autoridades, lista comisión 
debía trascender los aspectos materiales y priorizar los doctrinarios, ya 
que los libros eran Instrumentos de la acción conspiraliva antinacional en 
el plano de la lucha ideológica La comisión estaba obligada a ser fiel a ese 
glorioso pasado, que encumbro a la Nación en el Continente Americano por 
el níuel de Instrucción del puebla y retomar la sinceridad, el patriotismo y 
la valentía con que (Artigas, Larrañaga. Varda. Vázquez Aoevedo y Elbio 
Fernánrlezl f...¡ lo hicieron. En el pasado, se explicaba, la Nación debió 
distraer tiempo y recursos, y aun contemplar el sacrijlcio de sus hijos 
arrastrada y obligada a enfrentar en todos los terrenos una multiforme 
agresión antinacional Por eso. la comisión debía remediar los males de 
esc periodo, cuando la Nación se vio socavada en y desde los Organismos 
de enseñanza, en una tarea de años, so pretexto de practicar un conscien¬ 
te extremismo liberal, por los enemigos de los principios liberales, demo¬ 
cráticos. republicanos [...]. Finalmente, se exigía a las direcciones de los 
Uceas comunicar la existencia de materiales otj/ehüamcnte contrarios a 
la Doctrina Nacional a la Soberanía Nacional, al Orden gala Segundad 
Integral ilei Estado (...) y pedir autorización para aceptar donaciones de 
libras. 318 

Con ideas similares, el coronel Julio R. Soto, viccdircctor del CONAE. 
dictó en octubre de 1975 una conferencia para los cursos del Instituto 
Mayor de Estudios Superiores del ejército. El documento titulado 
"Proceso de la educación en el Uruguay" fue repartido a todos los 
•loccntes dependientes del CONAE sin mencionarse su destino inicial. 31 ' 3 
Kl autor realizaba un racconto de la infiltración del liberalismo frenético 
que enterró las ideas humanísticas de la herencia hispánica, abriendo 
mniirio a la subversión marxista. Explicaba luego: La destrucción loco 
muy Jiondo pnrln que hay que ir u la esencia misma del problema: el sentir 
i tcl srr humano. Por aquí debe comenzarse el cambio, cambio en las 
ilUrntalidades de los hombres que tra/isitan por los recintos de la Educa 
i tión. Esto solamente se conseguirá con una doctrina pura, única forma de 
ifuif iodos los hijos de esta tierra comprendamos que nos tiene que unir un 
dffisaniienro enteramente nacionalista para vafearlo al bien común de 
Herios los orientales. 334 

, Desde ese marco doctrinario, las autoridades educativas tomaron 
I nteilld.tH para acompasar el plan de celebraciones históricas. Los liceos 

101 


fueron notificado» rápidamente del decreto sobre el encabezamiento de 
losdor"rne n t<M oficiales. Dado que las tareas estudianblesentraban en 

U <WnS;í U iT' nte l T“!: lmn&3 rttnrriab ^ <|UC Vivian el "Ano de 
U Orictalidad . Ademas, el CONAE Instó a autoridades profesores y 

estudiantes a enviar sus Iniciativas a la C.MHS™ Los ceñiros educativos 

a. ranpaftaroi. gustada y auténticamente la evocación sesquianíenaria 

Regandose a la planificación central. Para ello, se aprobó un -Provecto 

Conmemoración del Proceso Iüstóricu del Ario 1825' que los directo 

severamente, para que las actividades se mantengan 

SLSS™'" J>-*» o™, * 

eiei^H^ PrD ^° esUb,fcia los profesores de historia del pnmer 

ros" I ! CC1Ú " * rUatr ° dc 1,18 * h " "Hechos Htatóri- 

Jf Libertadora, la Declaratoria dc Independencia el 

ud T C ?"i la Í M,aUa * Sarandi S* ordenaba que: Su estudrn 
y evocación debe incluir la significación y trascendencia de los mismos y 

destacar la parición de los personajes nacionales mds importaos 

d^^b^ del * eí l 1 ílí > í duqu '' ,enian Hls,orla ' la » profesores debían 
fwiT , ases , íi estud, ° <lp| Movimiento Libertario de 1825 y de las 
Decloratonas de la Asamblea de la Ronda realizando un en/ó^e 

sus “ tolnres y untares fundamentales y permanentes 
t Inalmente. se resolvía. En las restantes clases de Preparatorios ambos 

Dw^-^ZTJ m ^ dOS r, ,OS ÍVo/ps " r '" : <»•« designen las respectivas 
romees - eStab ‘« dmíe ' 1, “ « •* '“*>"«« que éstos es,Unen 

19 ^ n ,T d f ra ' ,,d ‘° * con,aron entre las 500 sedes de los actos del 
re ^ ib ‘ cra n órdenes estrictas sobre la instmmen- 

llnmnn . ‘T dlrCCt ° ri:s <**W«n reglamentar la asistencia del 

ahtmnad» y controlar mediante la firma respectiva en un registro ad hoc 

< ^ rSOna/ QSU cargo. En caso de no concurrencia f.¡ 
E3¡2? f tímaí a sus 5ubo/iemos el juaftflontt» de las causas 
invidentes de su concurrencia La celebración debía incluir la Entonación 
N ^ onal: Pairas alusivas a la fecha a cargo del Director o 
Subdirector Entonación de alguna canción de carácter patriótico elegida 
por ei Director; Entonación de la Marcha "Mi Bandera ” 323 

2” Pes^i C K ma f ? bV0 ^ la acuvidad cobro impulso ron el 
2 Frotlva 1 Natuonal de Coros Uceóles, dados los positivos resultad os 
obtenidos en el pasado ano lectiio. Las canciones se limitaban a las 
partituras editadas por las autoridades dc. secundaria y el 'Himno a la 
Juventud Agraria" ^on letra de dos* Peroro, Rodríguez y nZca di 

rroulía n,to iT Tr^'* en . tonarse con carde,«-obligatorio. Esta decisión 
Pron a, n Tf , 1VÍ ‘ rec ™°“ r la "««vención dc Josefina He.. ún 

u? ri “ !7 y ' *^2 e ap ° y ° <lr 109 v °> u >««i«>s dc Coordinarión 
Socim. De todos modos, se dejaba libertad al director del rom 
autorizándolo a seleccionar una canción del repcrlorio culto o tradicional 


de los países latinoamericanos previa información a los organizadores 
del certamen. 335 

Dada la importancia atribuida al canto coral. se advirtió que no existía 
una canción alusiva a 1825 para que los educandos expresaran su 
patriotismo Para subsanar esta carencia, se convocó a un concurso bajo 
la órbita de la Inspección de Educación Musical Con la finalidad de 
contar can una obra poético musical , que contribuya a realzar la conme¬ 
moración de ion magno acontecimiento. Las bases del concurso estable¬ 
cían que la canción debía ser un himno o una marcha de antoría 
nacional, escrita para una o dos voces con acompañamiento de piano y 
cuya letra enalteciera los valores patrios. Como la composición ganadora 
sena cantada en todos los centros de enseñanza, el compositor deberá 
ajusfarse a una tesitura vocal medía, que facilite la entonación de la 
canción por parte del alumnado. 32 * 

Este concurso fue la iniciativa más Importante dc las autoridades de 
secundan» con respecto a los festejos históricos. Estas colaboraron, 
•demás con propuestas provenientes de instituciones no gubernamen¬ 
tales. Asi. por ejemplo, los alumnos "boy scouts” que concurrieron los 
días 24 y 25 de agosto a la plantación de íbirapítás en la playa de la 
Agraciada lueron eximidos de concurrir a clase. 327 También se auspició 
H ímpetu oficialista de la Asociación de Profesores de Enseñanza Media 
que organizó un concurso de dibujo sobre los “Hechos Históricos de 
1825“. Para garantizar el éxito y resultado del llamado, se estableció que 
loa dibujos se realizaran en los liceos y fueran controlados por la 
1 1 'esencia de profesares.*** 

Por último, las autoridades educativas se plegaron a los otros ejes de 
I • rememoración histórica. Las medidas lomadas en tomo a la repatria¬ 
ción de los restos de Latum* se inscribieron en la pulseada interna de los 
♦lectores gubernamentales. 1.a semana anterior a la repatriación, mien- 
ti rm ac producían graves enfrentamientos entre Bordabeny y las Fuerzas 
Armadas, el Consejo Nacional dc Educación disponía que en todas sus 

• l'lpcndcoiias se dicten clases (...) el 23 del corriente, y asimismo que dicho 
ICntr participe activamente en los artos consiguientes a la repatriación dc 
*• *■ tmttos del Coronel Lorenzo Latorre , con una delegación de la dirección 

■••banderados y cinco alumnos. 225 * Pero un día antes de la repatriación 
r I CONAE decidió suspender las clases en el tumo de la tarde. 330 Además 
•r acompañó el “Año cívico literario” con clases especiales dedicadas a 
!*»• *iutorea celebrados. 33 ' 

A las actividades centrales se sumaron los actos, conferencias. 
fuiii tirsos y pruebas efectuadas por los directores y otras iniciativas de 
Iimi t jrofe sorcg. De esc modo, los festejos patrióticos fueron la nota 

• «i .»* irrtHlira y una actividad habitual de profesores y estudiantes. Las 
f* luí-, patrian ocuparon tantas horas dc clase que difícilmente se 
pndlt’i ,i un interferir con el desarrollo del curso leciiiKt y de I os Programas 
t'HpníhmJ** 


102 



Libros, músicos e historiadores 

Las actividades buscaron también llenar otros ámbitos del quehacer 
cultural estructurados con caerla independencia del poder política. En 
un país orgulloso de su producción artística y de su nivel educativo, era 
inadmisible que la oferta cultural quedara absolutamente vacia. Sin 
embargo, los intentos de repoblar la agenda no lograron ocultar las 
ausencias y las dificultades para hacer realidad una propuesta signada 
por la improvisación. 

La propia CNHS propició emprendimientos “culturales" que ocuparon 
la atención durante vanos meses. Desde una concepción de lo “culto" 
fuertemente teñida por un romanticismo de cuño conservador, propulsó 
una .serie de iniciativas que. al tiempo que Identificaba los repertonos de 
la cultura con la historia del arte, la música clásicay la literatura, incluía 
el folclore gauchesco y alollista. Asi. por un lado, realizó la serie de 
conciertos" 150 años de música uruguaya" organizada en conjunto con 
la Facultad de Humanidades y Ciencias, difundiendo autores nacionales 
de música culta. La CNHS editó una reseña de la actividad redactada por 
Pedro Ipuche Riva. quien agradecía el generoso apoyo de la Comisión 
Explicaba que es un motivo de legitima satisfacción para quienes hemos 
colaborado en esta tarea, el haber podido realizar tan importante apoyo 
a nuestra Cultura, precisamente en el Aña de la (.Mentalidad, deslutado 
a conmemorar las gloriosas hazañas de nuestros Mayores ¡...I. 333 

El plan de publicaciones denominado “Ediciones del Sesquicentenario" 
fue otra de las iniciativas importantes de la CNHS. La colección incluía, 
además de las obras propiamente históricas, vanos volúmenes de 
cuentos camperos y de critica literaria En ambos proyectos culturales 
estuvo prácticamente ausente; la creación artística o la investigación. tas 
“Ediciones del Sesquicentenario" cubrieron un amplio espectro de 
lemas, «ñire los cuales se destacó una linra de trabajos específicamente 
referidos a los "Hechos Históricos". Es necesario recalcar nuevamente 
que la mayoría de estos libros consistía en la reedición de fuentes y 
trabajos realizados anteriormente Las únicas novedades fueron una 
Indagación bibliográfica de Mireya Pintos CarbajaJ y una exhumación de 
prensa periódica realizada por Flavio Garda. 334 

Otra linea editorial de la Comisión estuvo dedicada a la critica literaria 
de autores nacionales, incluyendo investigaciones, artículos de prensa 
y prólogos a las vanas reediciones de escritos de Juan Zorrilla de San 
Martin 535 Otra serie de libros atcmdia a fomentar el criollismo mediante 
estudios folcloristas y literatura inspirada en el medio rural.** Por 
último, se emitió fólleteria sobre las actividades de la CNHS. Mediante las 
diferentes lineas, se buscaba ofrecer una cole«x*lón de libros que repre¬ 
sentaba los nuevos énfasis Identitarios. Con este fin se editaron libros 
a un costo reducido para facilitar su incorporación a las bibliotecas 
personales. A esto refería una publicidad de la CNHS cuando explicaba 
que- Los precios y la calidad de estas ediciones dan testunonio de una 


premisa poco común : el cuidado editorial no está negado con el precio 
popular, que se concreta, ofreciendo como difimos, libros importantes, 
libros hermosos y fundamentalmente. libros a precios populares 

Este esfuerzo editorial contó muchas veces con el apoyo de la 
Biblioteca Nacional, organismo que. además, desarrolló otro conjuntode 
actividades culturales. Revistas, muestras bibliográficas, exposiciones y 
conferencias estuvieron patrocinadas por la institución dirigida por 
Adolfu Silva Delgado. 358 Algunas de estas ocasiones fueron enmarcadas 
en los festejos del sesquicentenario. a los cuales se sumaron otros 
organismos oficiales y particulares. La colección “Clásicos Uruguayos" 
y el “Archivo Artigas" realizaron publicaciones especialmente diseñadas 
para conmemorar la Cruzada Libertadora. Estas publicaciones fueron 
una referencia clave a la ausente polémica historiográfica. Con la 
"Colección de Clásicos Uruguayos" de la Biblioteca Artigas, el profesor 
Pivel Devoto dio su posición desde sus ámbitos de influencia, mantenién¬ 
dose al margen de las actividades más importantes de la CNHS Su 
presencia estuvo marcada, fundamentalmente, por su conocido prólogo 
a los dos tomos de La Independencia Nacional (Biblioteca Artigas 
Colección Clásicos Uruguayo®. Nos. 144-145). libros caracterizado® por 
la sesgada elección de autores claramente alineados en la postura 
‘independentista clásica". 

La segregación de todos los representantes de las posiciones antagó 
nicas fue uno de los factores que provocó la enérgica reacción de Real de 
Azúa. Luego de caracterizar a Ptvel como el “más férreo defensor de la 
tesis iiufcpendenüsta ortodoxa". Real de Azúu lo acusaba de "colocarse 
al margen de todo debate historiográfico factible; tal es el dogmatismo, 
la agresividad y la violencia temperamental que trasuntan todas sus 
aseveraciones" Aun admítitmdo que la selección de los textos se limitase 
a autores anteriores a la década del veinte, señalaba “la unilatcralidad 
y la tendenctosidad" de Pivel al excluir a Juan Carlos Gómez. Aríosto D. 
González, la respuesta de Edmundo Castillo a Gustavo Gallina! y. 
principalmente, la obra de Eduardo Acevedo. caldcando también la 
elección del trabajo de Felipe Ferreiro. 339 

Radiado de cualquier ámbito donde su opinión pudiera alcanzar 
alguna difusión pública. Real de Azúa escribió su lapidaria critica 
historiográfica. Esta adquirió un significado especial, una mayor "beli¬ 
gerancia" y “rotundidad", al decir de Castaño y Rilla. "más que nada Ipor| 
d ‘momento' en el que el autor culmina su redacción. Mil noveclmlos 
retenta y cinco, aquel ‘Año de la Orientalidad’. vino a ser el siniestro 
presente que cargó la indagatoria lustórica e historiográfica. que condujo 
a observar los orígenes de la nación uruguaya desde las ruinas de la 
democracia uruguaya, es decir, desde la crisis de una de sus más visibles 
señales de identidad, aquellas que el propio Real de Azua liabia intentado 
escudrinar demoledoramente durante la década del sesenta'. 1340 

Además de provocar la reacción polémica de Real de Azúa. Pivel 









Devoto llevo adelante otra iniciativa relacionada con loe festejos del 
sesquicentenano. Barreiro y Ramos le editó una serie de Fascículos de 
la Epcpe'ja de 1825, en coautoria con su esposa. Alcira Ranieri. que 
buscaban difundir la historia nacional, transmitiendo un subido conté 
nido patriótico y orientalista.* 1 Por otra parte, desde su cargo de Director 
del Museo Histórico Nacional trabajó en la definición de la política 
conservacionista, elaborando la lista de bienes decretados “monumen¬ 
tos históricos" y ocupándose de las colecciones patrimoniales del Esta¬ 
do. 

El País, por su lado, apoyó al ex Ministro de Cultura E. Narancio 
encomendándole la dirección de una página dedicada a publicar traba¬ 
jas aparecidos entre 1922 y 1953 en el mismo diario La serie se inició 
con la reedición de los “Estudios sobre la Independencia Nacional en 
Homenaje a Oral. Juan Antonio Lavalleja en el centenario de su muerte 
1853-1953". que comenzó en abril y continuo durante mayo y junio. 
E. Narancio prologó este conjunto variado de textos, entre cuyos autores 
se contaba a Marta Campos de Gorabellí. Arbelio Ramírez. Emilio 
Ravignani. Eugenio Pctil Muñoz y Carlos Maggi. El prologuista sostuvo 
la vigencia de los trabajos más antiguos y descalificó las lecturas 
revisionistas, considerándolas meras apticadoras a nuestros orígenes de 
recetas importadas de la geopolítica mandato en desmedro, como siem 
pre, de la verdad. Así. criticó a quienes preferían inventar, en su 
desesperación de flojos . patrias grandes ' a las que agarrarse /.../ más 
peligrosas por sus eventuales aspiraciones que las que nos habrían 
engendrado según lo discurre su mente alucinada. Afirmo también que el 
"Arto de la Orientalidad" era una buena oportunidad para conocer el 
pasado de una comunidad que ha demostrado ser capaz de sobrevivir a 
los más duros embates durante siglo y medio y que ha salido de los 
momentos más df/icües con sus rasgos nacionales cada vez más acentúa 
dos y sin más ángel guardián que su propio patriotismo y dignidad.* 2 

A continuación, el citado diario reeditó la serie “Artigas, estudios 
publicados por El l'ais en homenaje al Jefe de los Orientales en el 
centenario de su muerte", también a cargo de E. Narancio. Estos 
fascículos colcccionahles incluyeron trabajos de Gustavo Gallinal. José 
M. Traibcl, Manuel Flores Mora. María Blanca París. Quenmdi Cabrera. 
María Julia Ardao, Oscar Antunez Olivera. Agustín Beraza. Aurora 
Capilla de Castellanos y Héctor Gross Esplell. entre otros. 343 Como puede 
apreciarse, los criterios asumidos por Narancio y aprobados por El País 
abarcaban un espectro mas amplio de autores que las publicaciones de 
Pivel Devoto, coincidiendo empero en la recuperación de interpretacio¬ 
nes anteriores. Narancio. alejado del ministerio, estuvo prácticamente 
ausente de las celebraciones oficiales, centrando su actividad en las 
páginas del diario que lo defendiera al momento de su renuncia 

De este modo, la interpretación histórica del elenco gubernamental 
prescindió del aporte de las dos figuras más importantes que podnan 


haber colaborado. Narancio e. indiscutiblemente, Pivel eran suficiente¬ 
mente reconocidos en su actuación pública y en sus méritos intelectua 
les como para otorgar a las celebraciones del “Arto de la Orientalidad" el 
sustento de una tradición en la investigación histórica. Es probable que 
su ausencia de la CNHS y de las instancias de diserto del "Arto de la 
Orientalidad" se relacionara con la propia envergadura de dos historia¬ 
dores que podrían haber objetado los visos más patéticos del montaje 
oficial. No es dificil imaginar que las reacciones de cualquiera de estos 
dos Intelectuales hubieran distado mucho de las que seguramente 
mostrara el profesor Assun^ao frente a las sugerencias del general Cristi. 
Quizás haya incidido también la reticencia del elenco gubernamental a 
provocar la ira del uno al convocar al otro, reavivando sus viejos pleitos. 

Entre lineas 

Acalladas o marginadas tixias las voces que pudieran discutir las 
versiones oficiales, la única controversia posible era con las ausentes 
posiciones sustentadas por opositores a la dictadura, ya fuera con 
anterioridad al golpe de Estado o desde el exterior. En la mayoría de los 
casos, se trataba de un monólogo que construía a la contraparte desde 
la referencia negativa y el Juicio. Pero en noviembre de 1975. la voz 
excluida salió a la luz pública tangencialmente cuando el diario El País 
publicó la reseña de un encuentro sobre "Vigencia de la Nación Riopla- 
tense". cclcbradu en Córdoba con la participación del ex presidente de la 
Juventud del Partido Nacional. Juan Carlos Barreiro y del diputado 
Héctor Gutiérrez Ruiz. entre otros. Allí, los políticos y académicos 
uruguayos y argentinos debatieron sobre la viabilidad o no de Uruguay 
como país, provocando la reacción de El País y de Luis Alberto Lacallc. 
En su carta, éste refutaba la interpretación del pensamiento herrerlsta 
esgrimida en Córdoba, afirmando su celosa y férrea defensa del ser 
nocional como realidad inmutable e intransferible. Inspirándose en 
palabras de su abuelo, agregaba que hace tiempo que dejamos el pecho 
y caminarnos solos y no somos pupilos de nadie para que se piense tan 
interesadamente en nuestrofuturo. Menos que menas cuando el “ interés“ 
proviene de vecinos que no tienen sólo una preocupación “científica" por 
nuestro futuro.** 

También Narancio decidió involucrarse en este remedo de polémica, 
destacando las implicancias que tal discusión tenia desde una perspec¬ 
tiva "geopolítica". Luego de reseñar la historia de esta corriente. Narancio 
refería a su influencia entre la intelectualidad nacional, destacando su 
vinculación con los sectores de izquierda y especialmente con Marcha. 
donde un le/ano editorial, reiterado y confirmado en frecuentes colabora¬ 
ciones y en sus folletos, ha sido el principal oráculo con su peculiar estilo 
reptante por el cual, bajo la aparente ecuanimidad de dar cabida y exhibir 
todas las car as de una cuestión la luz se proyecta y da relieve solamente 
a una Seguidamente, el autor atacaba la interpretación revisionista de 





la injerencia inglesa en la independencia, reivindicando la autonomía dd 
proceso. Washington Lockhart respondió a la expresa alusión de Naranrio 
y escribió al diario negando que su opinión pudiera ser calificada de 
factor disolvente de la nacionalidad . MS Claro rala que en estos términos 
era imposible cualquier tipo de debate. Porque, en plena dictadura, el 
epíteto de "enemigo de la nación" acallaba por la fuerza toda voz 
opositora. 

Por ultimo, las opiniones vertidas en el encuentro de Córdoba fueron 
motivo para que ciertas figuras vinculadas al recientemente creado 
Instituto de investigación y divulgación en Geopolítica" dejaran sentada 
su perspectiva nacionalista. Su secretario general. Bernardo Quiagholti 
de Bellis. explicó en las páginas de El Soldado, que los limites que tienen 
hoy nuestras repúblicas no se tos dieron ellas a si mismas Los recibieron 
de la mano de España, propietario común de todos sus territorios, sin la 
mira de hacer por esos limites más rica a una que a la otra de sus 
cotonías. 346 

í>sde la misma posición. Sergio Abal fundamentó en El País que 
Uruguay demostró su capacidad para diferenciarse dentro de la civiliza¬ 
ción occidental y americana porque al nacer sus valores Jueron heroicos: 
había una voluntad de sacar adelante a ¡a patria y se hizo. Hubo que 
resistir sitios . hubo privaciones, pero el valor de heroicidad los hizo 
resistibles: no se podía fracasar en el proyecto colectivo que exigía que en 
la margen izqukrrdu. del Rio de la Plata existiera una Noción diferencia¬ 
da.* 47 De este modo, los ecos del coloquio de Córdoba mostraban una 
latente polémica histortográfica obstruida por el autoritarismo. A su vez. 
la defensa oficial de un nacionalismo acérrimo contribuyó a cargar de un 
contenido antldíetatorial las veladas posiciones disidentes. 

No se puede saber qué hubiera sido de la controversia historiográfica 
si no hubiese existido dictadura. Seguramente. Ptvel habría publicado 
igual sus polémicos libros y Real de Azúa le hubiera podido responder 
públicamente. Y. sin lugar a dudas, muchas otras voces se hubieran 
incorporado al debate. Pero en 1975 el gobierno dictatorial existia y se 
habia preocupado especialmente por anular las posiciones criticas 
utilizando todos los medios a su alcance. Censura, clausura de diarios, 
radios y revistas, intervención de la enseñanza, detenciones, exilio y un 
clima de miedo e inseguridad fueron características salientes dd "Año de 
la Oriental!dad". A pesar de t«>do. las criticas se hicieron oír. Algunas 
debieron leerse entre lineas y otras aparecieron recién en los años 
siguientes, fundamentalmente en 1976 y 1977 

En pleno 1975. cuatro días antes del 25 de agosto, apareció un 
pequeño libro prologado por Tabaré Melogno, con el expreso propósito de 
recoger de la historia lecciones que vayan mus allá de la pura fanfarria. 
Hebert Suárez. su autor, analizaba someramente las leyes de 1825. 
procurando evitar la intolerancia exhibida por "unionistas" y “netos". Se 
proponía señalar las dificultades para definir efemérides y los peligros de 


las interpretaciones que. teñidas por la añoranza y la impostación vana, 
deforman a su paladar /os ecos de la historia. Asi. sostenía que han 
abundado los Uranos sangrientos, que han repletado cárceles y cemente 
ríos para saciar su sed de poder, aunq ue no les hayafaltado muchas veces 
la Justificación de tos " grandes ideales' y las doctrinas ' redentoras “. 
Criticaba también a los Historiadores y profesores de historia [que] se h an 
envuelto en un torbellino apasionado que abarca desde el chovinismo 
anacrónico más despreciable hasta el escepticismo más agudo y más 
negativo Se ha dado el caso de docentes que fian prohibido a sus alumnos 
de Preparatorios, bajo pena de reprobar el examen, sostener que el 25 de 
agosto no se había declarado la independencia absoluta ¡...¡Y ha habido 
quienes manifestaran que la Ley de Unión era un ejemplo de entreguismn 
de las oligarquías orientales a la dictadura portuaria bonaerense.* 4 * 

Por último, d autor exponía sus propias conclusiones sobre los 
"bcclios históricos", afirmando que se ha demostrado sm hujar a dudas 
to noluntad unionista de tos orientales. Sólo cenando los ojos a la 
evidencia de los hechos puede negarse la realidad de que en ningún 
momento pasó por la cabeza de tos hombres del 25 algo parecido a la 
Independencia absoluta. Pasaba luego a la polémica sobre la celebración 
de nuestro día nacional para expresar que puestos a elegir entre los 
acontecim lentos del lustro inaugurado con la Cnizada de Ahril. es indu¬ 
dable que ninguna fecha es más significativa para la gran celebración 
patriótica, que el 25 de agosto. /.../No es necesario para ello, sin embargo, 
defonnar la verdad histórica y adjudicar a tos reixíluctofianos orientales 
propósitos que Jamás tuvieron.** 9 Aparentemente, la beligerancia de 
Hebert Suárez. profesor de secundaria de Rivera apartado de la enseñan¬ 
za pública, pasó desapercibida. Pito su libro testimonió la existencia de 
una corriente de opinión que en la mayoría de los casos no pudo 
expresarse públicamente. 

1.a ‘Nómina de los Treinta y Tres Orientales" decretada por el Poder 
Ejecutivo provocó también comentarios críticos La edificación del 
conocimiento histórico mediante sanción oficial, mereció un juicio 
sarcástico de El País. Esta vez el diario se permitió bromear sobre la 
voluntad de dirimir el problema por la via del decreto. El articulo 
recordaba: Hubo una larga polémica sobre muchos nombres, pues en 
determinado momento eran más de tremía y tres aquellos que figuraban 
en la lisia de intrépidos. (...I Aunque hay día se tiene una certeza total sobre 
quiénes Jueron los patriotas, queda la polémica que casi siempre lleva 
encima todo hecho histórico.™ 0 Sin embargo, los mimbres exactos han 
sido un tema menor en las polémicas historiográticas nacionales. 
Mientras el significado de la Declaratoria de 1825 suscitó controversias 
que involuiTaban distintas versiones de la fundación nacional, la 
Identidad de los integrantes de la Cruzada habia carecido de toda 
proyección política. Pero el decreto dictatorial le imprimió un sentido 
autoritario que abrió la discusión sobre las modalidades de relación con 
•i) pasado 


109 


108 


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A diferencia de los trámites cumplidos en 1Q7S Rarr< n . rx . 

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episodio trascendente de sus nidos /.../.«* ^ - /ísfco> ^ ,m 

Las letras nacionales 

Otra serie de proyectos -culturales" organizados ñor U rNHc 

S^=f££35=SiH 

arias medidas que se fuero,, cumpliendo en los meses sigulenles. 


realizándose, además, otros eventos de homenaje. Varias organizaciones 
contribuyeron con los organismos del Estado en las recordaciones 
Desde la Universidad, la Biblioteca Nacional y la Intendencia de Monte¬ 
video. hasta los Rotarlos, los canillitas y El País, pasando por diversos 
comités patrióticos y juntas locales, manifestaron su admiración por 
esta particular triada. 354 

La sola voluntad oficial de respetar las coincidencias del calendario 
podía haber reunido a tan disimiles personajes en un mismo podio. La 
denominación de los festejos los unía bajo el adjetivo de cívico. Junto con 
el de literario. Se retomaba así una expresión usual para referir a las 
empresas literarias nacionales desde la época de. la independencia hasta 
después del novecientos. De esta forma, el autoproclaniado régimen 
cívico rruliiur rendía honores a tres escritores que habían sido llamados 
cá'ico-literarios en su época. Se recuperaba un apelativo que connotaba 
la intención patriótica de los escritores más antiguos y la contribución 
de los más recientes a la literatura nacional. 355 En este caso, la 
calificación ciwco para un gobierno instaurado por militares prctendia 
recalcar la compartía legitimante del presidente constitucional Además, 
el empleo de esa denominación buscaba insistir en las inquietudes 
culturales de los militares. Asi, se trataba de rescatar a las letras 
nacionales rie su asociación a los ámbitos de creación cultural denostados 
por la dictadura. 

Desde esta preocupación, se realizaba una lectura fuertemente 
nacionalista de los autores conmemorados, obviando los contenidos 
explícitos de sus obras para enaltecerlas en tanto: Valores /.../ de un 
momemo de autenticidad plena de las letras, cuando las tortuosas 
ideologías foráneas todavía no habían inoculado la Intención demagógica. 
Y se podía cantar al hombre, a sus inquietudes, sus nietos, sus miserias 
y sus irfrtudes, como Individuo y como engranaje social, sin implicar 
posturas políticas, sin más compromiso literario que la belleza de laforma, 
la inspiración espontanea, la honestidad conceptual y el sano objetivo de 
la dignidad y superación del hombres* 6 

Esta mirada negaba aspectos notorios de la vida de los homenajea¬ 
dos, explicando, por ejemplo, la presunta sumisión a ki droga de Herrera 
y Reissig en una enfermedad conyénUu del corazón, que lo alunnerüura 
en la juventud y obligara al médico a suministrarte morfina 357 De igual 
forma, las vagas evocaciones biográficas velaban determinados rasgos 
de la personalidad e ideas de Vaz Ferreira y Sánchez. Asi. en medio de 
los festejos del "Año Internacional de la Mujer", la explícita rebeldía de 
las costumbres de la primera se diluia en las coordenadas vitales de una 
mujer que. a principios de siglo, fue y quiso ser mucho más de lo que era 
posible en el rígido contexto del medio social que le impuso sus prisiones 
inexpugnables. :iñH Asi también cierto sesgo de la critica social de Sánchez 
»€ convertía en su imagen mítica de bohemio transido de humanidad .■“• 

De esta forma, los tres autores del novecientos eran despojados desús 



facetas más revulsivas en prn de una recuperación rnoralizadora y 
nacionalista. A este respecto, resulta especialmente revelador el hecho 
de que no se llegara a editar obra alguna de estos escritores. Los honores 
se tradujeron, en cambio, en la publicación de estudios y en otras 
modalidades festivas que eludían el contacto directo con sus creaciones. 
La relación con estos intelectuales fue. quizás, el modo más directo de 
acoger al Uruguay del novecientos en las celebraciones oficiales. De esta 
manera una etapa signada por el cueslionamlentoal “statu quo" sólo fue 
evocada bajo la forma de un parnaso artístico. Los pertlies propios de 
escritures y plásticos se desdibujaban hasta que desaparecía la brecha 
entre los valores enaltecidos por el elenco gulxmamental y los transmi 
tidos por su obra artística 

En una perspectiva histórica tradicional, el pasado era considerado 
la fuente de los valora éticos y morales que podian ser inculcados desde 
el Estado En un régimen dictatorial, las autoridades pretendían castigar 
cualquier desviación de una pauta moral sancionada de una vez y para 
siempre. El ejemplo más acabado de este intento fue el proyecto de ley 
elaborado por la Comisión de Educación y Cultura del Consejo de Estado 
sobre la creación de una "ComisKín Honoraria de defensa de la moral y 
represión de los vicios sociales". En ésta, que probablemente haya sido 
de las iniciativas más importantes del organismo legislativo, se planeaba 
que la Comisión Honoraria: Velará, y buscará el cumplimiento y la 
efectividad, represiva de todas las disposiciones legales referentes a la 
pomogrqfla. vicios sociales y al odio de clases o sectores, que disgrega la 
familia y qfecta a la concordia de los orientales. (...) Bregará para que se 
cree una conciencia nacional a través de los diversos centros educativos, 
culturales y de los distintos medios de comunicación social, en favor del 
enaltecimiento del nivel moral del pueblo y de la unidad de la familia y de 
los ciudadanos de la Nación - 360 

Este proyecto fue severamente criticado par algunos consejeros, 
como Enrique Viana Reyes, que sostuvo: Bajo el signo de la moraL señor 
Presidente, se han llevado a cabo en el mundo las mayores injusticias. La 
Historia enseña ron múltiples ejemplos que los tribunales de vigilancia de 
la moral, confesionales o no. degeneran con el tiempo en verdaderos 
tribunales de censura, llegando con innúmeros pretextos a coartar la 
libertad de pensamiento. Porque, ¿dónde radica como estricta la barrera 
de la moral?* 1 Finalmente, la iniciativa fue rechazada por d Consejo de 
Estado aunque seguramente hayan influido otros factores además de las 
argumentos sostenidos por el consejero. 

Junto con una apropiación rnoralizadora de la cultura del novecien¬ 
tos. la exaltación de sus literatos comportaba la “defensa" de las letras 
nacionales y del idioma español en su versión vernácula. Tal asociación 
entre la literatura y una serle de valores morales y de factores Identitarios 
animaba asimismo el reiterado homenaje a la memoria de Juan Zorrilla 
de San Martin y de Eduardo Acevedo. 3 ® 2 Parecida forma de cnaltecimien 


to tiñó los numerosos homenajes a los autores de estilo costumbrista y 
nativisU 383 

La literatura se hacia objeto de veneración patriótica cumu manifes¬ 
tación suprema de una identidad objetivada en su idioma. Raza, lengua 
y religión aparecían como datos que contribuían a consolidar cierta 
"personalidad colectiva'’. En ese sentido, el teniente coronel Loureim 
Leal sostenía en El Soldado que el país estaba dividido entre quienes 
hablaban el verdadero idioma y quienes lo desvirtuaban. Según este 
planteo, lengua equivalía a ser nacional, de forma que recuperar a 
nuestro país significaba volver a hablar un mismo idioma. Este idioma 
expresaba a la Nación, como integración de diferentes elementos materia¬ 
les y morales que precisaban de un orden institucional sano que los 
conservara. En esta concepción, un sustrato común de valores espiri¬ 
tuales materializados en hábitos y costumbres debía ser garantizado por 
un sistema político adecuado. Por estos medios, se buscaba explicar el 
control autoritario de las instituciones cuyo cometido era velar por la 
“defensa" y rJ "mantenimiento" del idioma. 164 

Esta lectura autoritaria puede visualizarse también en la forma de 
utilizar el lenguaje del concierto gubernamental Sin intención de hacer 
un análisis exhaustivo, algunas características resultan tan llamativas 
que no pueden dejar de mencionarse. En cale sentido, el uso de las 
mayúsculas, la profusión de adjetivos y el empleo de frases hechas, 
hablan de una “gcstualidad emblemática y grandilocuente" que busca 
fijar en palabras el sentido univoco y sacralizado de los contenidas 
transmitidos. 365 Asi. según el contexto y los conceptos que se quisieran 
reafirmar, algunas palabras eran distinguidas con mayúsculas: Hechos 
Históricos. Patria. Nación. Prócer. Libertad. Gobierno, País. Desarrollo. 
Oriental Seguridad, fueron frecuentemente resaltadas mediante ese 
mecanismo 

La adjetivación recargada era otra forma habitual de compensar la 
recurrencia a un conjunto limitado de conceptos. Las palabras citadas 
anteriormente refieren a un discurso que busca convencer mediante la 
reiteración de los mismos apelativos. Expresiones como santuariopalrto 
del arenal de la Agraciada, juramentación de los buenos orientales, los 
más alíos valores nacionales, recogida evocación del heroico voto fueron 
una constante en los discursos oficiales del periodo. 368 Además, la 
utilización de frases hechas se convirtió en un mecanismo para asegurar 
el respeto a los contenidos avalados por el régimen. Restringiendo el 
vocabulario a un con|unto cerrado de combinaciones entre sustantivos 
y adjetivos, cualquiera podía reproducir la gestualidad dictatorial. 

Los aspectos formales y estilísticos pretendían reproducir los énfasis 
asignados a objetos, valores y momentos. Se trataba de utilizar estos 
recursos de modo tal que el mensaje no admitiera ninguna otra lectura. 
Pero las coincidencias tuvieron también motivos alejados de la comunión 
doctrinaria. En vísperas de Iniciarse el "Año de la Orientalidad" un 






decreto del Poder Ejecutivo definió “caracteres militares" para las 
alocuciones públicas de los integrantes de las Fuerzas Armadas. Se 
establecía *1} mantenerse en el marco dd tema. 2) parquedad y 
exactitud en los conceptos, 31 .sencillez y claridad en la expresión. 
4) circunspección en actitudes y gestos". 387 Esta reglamentación es de 
por si docuente de la obsesión por d control de la liturgia pública y de 
las diferencias a la interna militar. 

La importancia dd idioma y las letras nacionales se vio reflejada 
también en el otorgamiento aJuana de Ibarbourou de la “Condecoración 
Protector de los Pueblos Ubres Gral. Artigas". Recientemente creada, la 
distinción no tenía aún un soporte material que pudiera ser entregado 
a la poetisa en los actos dd 25 de Agosto. El "Arto internacional de la 
Mujer" agregaba otra motivación a la iniciativa. Por si esto fuera poco, la 
poetisa se había casado con un Capitán del Ejército, por loque, como dijo 
su hijo, tenia gran ufuiidad can las Fuerzas Armadas. Tenemos sangre 
militar, papá era militar y mamá lo quería mucho... 368 El gesto simbólico 
de la entrega condensaba la apropiación dictatorial del héroe nacional 
indlscutldo. su ilación con la Cruzada Libertadora y d homenaje a la 
cultura nacional La apelación a estos referentes iden ti tartos se resumía 
en ni elogio a las habilidades poéticas y al manejo del idioma, desde una 
concepción de la nación fuertemente anclada en sus “datos naturales". 


VI. LOS SALDOS DE UN AÑO HISTÓRICO 

A lo largo de las páginas anteriores se ha intentado mostrar las 
apuestas liistóricas realizadas durante el “Arto de la Oríentalidad". El 
trabajo indagó en la proyección de estas medidas hacia d conjunto de la 
opinión pública, buscando conocer las iniciativas y celebraciones que 
cualquier uruguayo pudo apreciar. Se rastreó, de este modo, la presencia 
de esos festejos en la vida cotidiana y su capacidad para signar el espacio 
público. Se abordaron también los apoyos sectoriales de estas activida¬ 
des. ya desde sus impulsores, ya desde sus receptores. 

Esta indagación no se proponía demostrar una interrelación entre 
historia y política, que fue un presupuesto básico al comenzar el estudio. 
La preocupación se centraba, entonces, en detectar lo que a este respecto 
había hecho la dictadura uruguaya. Frente al usual menosprecio de las 
políticas culturales de la dictadura, este trabajo muestra un arto caí gado 
de iniciativas, una preocupación Insistente por ocupar la escena pública 
mediante un gran despliegue centrado en la historia nacional Esta 
constatación es el punto de partida para la discusión sobre las peculia¬ 
ridades de las lecturas históricas subyacentes a este año conmemora! i- 
vo. En particular, permite interrogarse sobre su calidad de “proyecto", es 
decir, sobre su sistematicidad. planificación e ideas rectoras. 


114 


Las celebraciones estuvieron signadas por la improvisación y la 
urgenc ia. por la falta de un diserto global con la antelación necesaria para 
la dimensión que terminaron adquiriendo El proyecto se aprobó a 
escasos meses de comenzar 1975 y no contenía demasiados indicios de 
la envergadura que iban a tener las conmemoraciones. A lo largo dd arto, 
se fueron agregando otros motivos de celebración y organizaciones 
promotoras, mientras los festejos conquistaban nuevas modalidades y 
se extendían en diferentes direcciones La organización de la CNHS 
estuvo tensionada entre auspiciar las iniciativas particulares y contro¬ 
larlas centralmente. Además, no existió un equipo profesional capaz de 
coordinar las actividades y dotarlas de una matriz interpretativa común. 
Este desorden, que abarcó desde el desfile militar hasta la forestación, 
se correspondía con un ensamble caótico de temas y miradas del pasado. 
El alud Imprevisto de inieiativas no oculta una cierta unidad de propó¬ 
sitos que estableció los cauces y sentidos de las celebraciones. 

Si por un lado pudo verse la apropiación de diferentes tradiciones 
ideológicas e interpretaciones históricas, es posible afirmar que estas 
vertientes de pensamiento confluyeron en un discurso referencial uni¬ 
ficado bajo el signo del autoritarismo. Es conocida la interpretación que 
niega los referentes nacionales de los sustentos filosóficos y doctrinarios 
de la dictadura, concibiéndolos como implantaciones mecánicas. Desde 
esta concepción, la dictadura aparece como un proyecto sin vinculación 
con tradiciones de pensamiento de larga data en el país y con escasa 
capacidad de incorporar las peculiaridades de la realidad nacional. 

Este trabajo pretendió mostrar, por el contrario, que durante la 
dictadura se integró el pasado y la cultura nacional desde perspectivas 
ajenas a la tradición democrática y liberal En esas concepciones, se 
conjugaban ciertas corrientes doctrinarias que. aunque marginales, 
poseían antecedentes en el país, con otras de implantación mucho más 
reciente. En este sentido, catolicismo, hispanismo y un nacionalismo 
místico no habian estado totalmente ausentes de las interpretaciones 
históricas más importantes. La innovación radicó en d estilo fanático 
que adquirió con Bordabcrry y en su asociación con la Doctrina de la 
Seguridad Nanonal. linea predominante en las Fuerzas Armadas. De 
esta forma, el “Año de la Oríentalidad" se apoyó en una interpretación 
histonográfica que. con notorios matices, había fundamentado la 
parafemalia conmemorativa del Estado desde la segunda mitad del siglo 
XIX. 

Claro está que en ese lapso cada gobierno había signado con sus 
propios contenidos una línea interpretativa común. Claro está también, 
que los formas democráticas habian habilitado la discrepancia y la 
manifestación de opiniones disidentes. El autoritarismo, en cambio, 
convirtió a la lectura oficial en la única interpretación admitida sobre los 
orígenes nacionales, descalificando en términos de exclusión política a 
•o is contradictores. Es cierto asimismo que la dictadura hizo una síntesis 


115 





caricaturesca de los postulados básicos de la “tesos independentista 
clásica”, despojándola de los rasgos más salientes de la tradición liberal 
de sus principales autores 

Asumida por un gobierno autoritario, la interpretación de la indepen¬ 
dencia que suponía la predestinación del Estado nacional exacerbó su 
tono apologético. Unido a la Doctrina de la Seguridad Nacional, el rastreo 
de la voluntad autonomista se convirtió en la afirmación de una 
colectividad en actitud defensiva contra la ‘penetración extranjera". 
Desde el catolicismo conservador del presidente, la concepción “román 
tico providencialista" de loe orígenes nacionales se tiñó de un tono 
inquisitorial. Los consejeros de Estado, por su parte, pretendieron 
vanamente asumir el rol de “Juez histórico" que en otras oportunidades 
habían asumido los organismos legislativos. 

Al señalar los énfasis distintivos que los voceros oficiales imprimieron 
a una vertiente clásica de la historiografía nacional, se buscó mostrar la 
continuidad con una relevante tradición cultural. Se trató de analizar las 
políticas culturales de la dictadura, atendiendo simultáneamente a su 
poder de innovación y a su necesidad de reformular viejos referentes. Es 
decir, se pretendió señalar su fuerte componente de violación de las 
tradiciones liberales y democráticas, sán olvidar sus propuestas de 
recuperación de ciertas corrientes de reflexión del espectro ideológico 
nacional. Aunque en menor medidu. fue posible percibir incluso la 
pervivencia de la matriz ideológica que había signado las políticas 
estatales anteriores. 

Estas tensiones no lograron resolverse en una nueva síntesis, capaz 
de fundar una interpretación histórica acorde con una reformulación de 
la escena política Pero las imágenes del pasado son sólo un nutriente 
más de la conformación de sustentos ideológicos y simbólicos de un 
régimen. Por eso. la capacidad de la dictadura uruguaya para concitar 
apoyos sociales no puede reducirse a sus apuestas históricas. De todos 
modos, como se ha intentado mostrar, los proyectos de relectura del 
pasado fueron Inmovilizados por la necesidad de producir nuevos 
sustentos históricos sin atreverse a demoler los viejos símbolos y 
representaciones de la colectividad. Se produjo, entonces, un estanca¬ 
miento fruto de la adopción de un calendario creado para celebrar otros 
principios políticos, sin animarse a alterarlo radicalmente o a sustituirlo 
por una serie alternativa de efemérides. Ambos movimientos pueden 
visualizarse en la irrupción de Latorre en el “Año de la Orientalkiad”. 
romo si hubiera parecido evidente la necesidad de rotularlo con los 
galardones de la institución militar. 

Es difícil precisar hasta qué punto los azares del calendario definieron 
los perfiles de las conmemoraciones de 1975. Es decir, hasta dónde 
incidió el hecho fortuito de que la Cruzada Libertadora cumpliera ciento 
cincuenta años a poco de producido el golpe de Estado. Sin lugar a 
dudas el poder cautivante de los grandes aniversarios condujo a la 


historia al centro de la escena pública y demando lecturas del pasado que 
se transformaron en argumentos políticos. La recreación histórica 
entonces, pretendió contribuir a la reformulación de los tradicionales 
vínculos políticos y sociales que la dictadura había agredido. Sin 
embargo, el elenco gubernamental carecía de una posición uniforme 
sobre el proyecto alternativo a los lazos de ciudadanía abolidos. La 
puesta en escena de la historia estuvo atravesada por las disyuntivas y 
dilemas que no fueron resueltos hasta la deposición de Bordaberry. Por 
eso. el “operativo sesquiccntcuarío" y los discursos históricos fueron, 
muchas veces, las formas de manifestación de las tensiones a la interna 
del gobierno. Peni también fueron el hilo sobre el que se intentó mostrar 
el apoyo de la opinión pública. 

En este último sentido, la profusión de instituciones propiciada desde 
los ámbitos gubernamentales vino a suplir los antiguos espacios funda¬ 
dos en vínculos de ciudadanía política. I-a exaltación patriótica se 
convirtió de este modo en un vehículo adecuado para la conformación de 
núcleos de sociabilidad en los que el gobierno pretendía sustentarse En 
1975 la atracción de los festejos históricos habilitó el surgimiento de una 
serle de iniciativas particulares, velando pronunciamientos más explíci¬ 
tos y haciendo de la veneración nacionalista un modo privilegiado de 
participación social. El dcnco oficial, por su parte, encauzaba estas 
manifestaciones en una corriente inaprensible de apoyos tácitos. De este 
modo. las apelaciones a la historia constituyeron una fuente de legitima¬ 
ción. no sólo como trama argumcntal de las posiciones políticas, sino 
como sustento de una red social alLernaüva a los anteriores mecanismos 
de expresión del consenso. 

El “Año de la Orlentalidad". entonces, hizo de la afirmación naciona¬ 
lista on eje de los asuntos de la colectividad. Para ello, se apoyó en una 
lectura histórica tradicional que transformaba al pasado en parangón de 
los valores y actitudes prescriptos e interpretaba los designios históricos 
en una clave mística. Esta concepción fue erigida autoritariamente en la 
única versión pública del significado de los “Hechos Históricos", convlr- 
tiéndola. además, en un tema articulador de la escena política vaciada 
de sus contenidos y modalidades habituales. De este modo, se conjugó 
un discurso patriótico y nacionalista Junto a una obsesión veneratlva del 
pasado, canalizados en políticas autoritarias de gobierno. Esta combina¬ 
ción otorgó una proyección propia a un montaje histórico por si mismo 
bastante fragmentario. Lo que aún hoy distingue y unifica la percepción 
del mausoleo, la Imagen de la Plaza del Ejército y la figura de Latnrre es 
esta conjunción que terminó tiñendo todas las iniciativas lustóricaa 
oficiales realizadas durante 1975. 

Pero los saldos más significativos de aquel “año histórico’ son. 
indudablemente, sus improntas en la percepción actual del pai» y su 
trayectoria Frente al monopolio dictatorial de las lecturas públicas de la 
historia, los ámbitos privados se convirtieron en canales de transmisión 






NOTAS 


de otras visiones drl pasado. En esc sentido, cabe pensar en la incidencia 
de la historia en la argumentación política y en la socialización ciudada¬ 
na alternativas al régimen. Junto con las consecuencias de la saturación 
patriótica, es necesario conocer los electos de la insistencia opositara. 
Estas son dimensiones imprescindibles para detectar hasta qué punto 
las propuestas de la dictadura influyeron en las concepciones históricas 
de los uruguayos. 


1 Isahdn Cosse- Van la Maricartan, Memoria* de la historia. Una aproximación al estudio de la 
candencia histórica nocional Montevideo, Ediciones Trilce. 1994. pp. 108-111. 

2 Maren v Marcelo War, fracturas de memoria, Montevideo Ediciones Trilce, i 983 

3 Eric Habebawm. A erados amperios (1875-1914), Rio de Janeiro. Editorial PaxcTerra. 1980. 
pp. 14-16 Todas las citas tontadas de textos en idioma extranjero fueron traducidas por las 
auleras. 

4 Fierre Nora. 'L'cre de la conunernoraUun". pp. 977-1012. en Plore Nora (Dtr.1. Les Hewt tic 
mémore NL Les Flanees 2 TradiUons. Séws. Oalknard. 1992. p 979 

6 Cario* Real de Azúa. Los orígenes de la nadonnUdad uruguaya. Montevideo. Editorial Arca. 

neo. p. 2i5. 

6 trekw afiliados a U testo'todepmdenttstadá Mea* piieriemendnnanie a Franrtaronauzá. 
Carias Marta Ramírez. Juan Zorrilla de San Martín. Pablo Blanco Acevcdo. Mano Falcno 
Espolia La poaiaóu "dWdaite* fue sostcnkid. entre otro», por Eduardo Acevedo y Anoslo 
González. Los promotores de Alejar el 25 de agosto de 1825 fuemn lo* calorado* .loa* G. 
Anilina y Pablo Blanco Accvedo. Ibéd.. pp. 227-242. 

7 Ibéd. p 56 

8 Gerardo Caetano. 'Identidad nacional e imaginario colectivo en d Uruguay. La *fnlesis 
perdurable del Centenario', en Hugo Achujar - Gerardo Caetano kumps.l Identidad 
Uruguaya ¿Mito, crisis o q/lrmorlón?. Montevideo. Ediciones Trilce-, 1992 p. 86 

9 Gerardo Caetano - Raúl Jacob, El nodmfenío del temsmo. Tomo III. El palpe de Estada 
Montevideo, fckbduncsdc la Banda Oriental. 1991. pp. 140-155. 

10 Esthrr Ruu. Escuela. Estríelo y soaedad en H Uruguay de la modernización (1877-1938). 
Montevideo. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, mime». 8.1 . pp. 88-89 

11 Corlo* Real de Azua. 'Introducción', pp. 1 59. en Carlos Real de Azua. Antología de i Ensayo 
Urugtetyo Contemporáneo. Tomo I. Montevideo, Universidad de la Reptihíca 1964. p. 58. 

12 Carlos Demasi. "La dictadura militar un tema pendiente', pp. 29-49. en Alvaro Rico Icump 1. 
Uruguay cuentas pendientes. Montevideo. Ediciones Trilce. 1995. pp 34 -35. 

13 Flrandsco E. Panizza. Uruguay: DailHsmo y después. Montevideo. Ediciones de la Banda 
Oriental. 1990. p. 181. 

14 Patriria Funes. “¿Quées una nación?”, ponencia presentada a las V.lomada* Interesruela* 
Departamentales de Historia y I Jomadas Miopía tenses Universitarias de Historia. Monte¬ 
video. setiembre 1995. 

15 C. Real de Azúa. las orígenes de la nacmnolidad uruguaya, oh. di. pp. 164-165. 

16 DSCE. 25/8/74. Tomo 6. pp. 438-439. 

17 DSCE. 24/9/74. Ton» 7. p. 262. 

18 Ibfci 

19 Actos ins&ucianales ¡Decretas Constitucionales] Nos. 1 al 9. Montevideo. Editorial Teailca. 
1980. pp 12 26. Decretos Constiludonulcs I ol 4. 

20 l-uto Eduardo González. Transición y restauración democrática" pp. 101 -120. en Charles 
Glllespie y otros. LYugnay y la democracia. Tomo III. Montevideo Ediciones de la Banda 
Oriental, pp. 104 105. Cesar Atfului. 'Perspectivas de demoaaüzudón ai el Uruguay 
actuaT. pp 6 48. en César Aguiar y otros Apertira y Concertaaón. Montevideo. Ediciones 
de la Banda Oriental. 1985. p. 42. 

21 Geranio Caetano - José Rilla. Bnax historio de la dictadura. Montevideo. CLAEH. Ediciones 
de La Banda Oriental. 1987. pp 23-24. 

22 Junta de Comandantes en Jefe. Las Fuerzas Armadas al pueblo oriental TomoII. £1 procesa 
[joHücv Montevideo. Fucrzus Aninslas uruguayas. 1978. pp. 341-342 y 347. 

23 En su Breve historia de ¡a dictadura. G Cadanoy.l Rilla plantean que 1975 estuvo nignailo 
por una doble encrucijada en la cual confluyeron d debate poético y d hlstoriogralko (1. 
Caetano - J RÜLv Breve historia de la dictadura, ob at.. pp 22-28 

24 O País 25/1 /75. "Auspirio»a Labor de la Comisión de Hechos Históricos”, p. 4. 




25 DSCE. 24/9/74. Tira» 7. pp. 204-205. 

26 RNL. Decreto 100/975, 4/2/76. p. 217. 

27 EF flnis. 25/1 /75. ~CNH5 realiza un estulta dd arto de nuestra Independencia". p 4. 

28 Slhrte Campodóniro Erna J. Maasera - Nhidca Sala Ideología y educación dietmte la 
tanadum. V.uutcvxieo. Edkiones de la Banda Oriental. 1991 pp 27 28 

29 aPais, 26/8/75. "BorJabcny: Til pueblo i mpone y protagoniza el proceso poli Üoo actual que 
es irvuludanario”. pp. 4 y & 

30 [b£d. 

31 El prcsédenlr v su familia den lustraban públicamente un catolicismo practicante En 1975 

se hu» iniinÜLStu ci entrelazamiento entre d ardo v las posiciones publicas de Barriaherrv 
El 16 de noviembre asistió a la misa que afino d Sacerdote Airidca Sghirln celebrando su 
retomo ■ la Pareoquia Nuestra Señora dd I tuerto de donde lo habla retirado Monseñor 
ParleMi. Según lo manifestado por los consejaos Areos Péne y So»lana, sghiria estaba 
profundamente i-tnaiudo a ¡ajüasofla ¡..Ja lapcditku que tiene el Gobierno y »*, ntrstntda 
Síédurklad con b que podría Iku^turse b pasf.im antinumdstu. que informa et proceso que 
estamos uniendo en la ROU. Flanqueado por las banderas nacional y cid Vaticano, este cura 
afirmó Ptxnsueces en tu Historia, los crVólims hemos Ivnkic elorqtiílo uer a un/Vsidcnlc 

lu/ ilulIv cti la Catedral Y esto no es puiilka. Que Dios bendiga t W Presidente Bordnhi’mj £} 
País. 17/11/75. 'Histórica misa ofloóayer dSaoenlote Dr. AlddrsSrfiirla". p 11; DSCE 
11 /11/73. Tomo 14. pp 37-40. 

32 Ef País. 20/4/75. Xamblo* constitucionales para el nuevo Estado Las FFAA. seguirán 
alendo d sustento dd gobierno', p. 6. 

33 S. Campodónico - E. .1 Masacra N. Sala, oh dt. p 13a 

34 Carlos Drena si. De orientales o uruguayos trepase a ¡as translckxvs de ki identidad) 
Montevideo, mimeo. 1996. p. 12. 

.35 C Real de Azua. Los orígenes de la nadonaUdad uruguaya, ob. dt.. p. 270. 

36 C. Demasj. £>■ orlo litas a un***» ^ írcyxiso u ¡as ímn-arX**»«; de In fcfe» iólíc*Ü. ob. dL o. 12. 

37 Ibid.. p. 18. 

38 F Panizal, ob. dL. p. 195. 

39 El Soldada, agosto 1975. "Rdteramos la bendita testarudez llamarla Fauna*, pp. 10-11. 

40 Alfonso Lcssa. Estada de guerra Déla gestación del golpe del 73 a In mirlo de Borr/nU-oy. 
Montevideo. Editorial Fin de Siglo. 1996. p. 180. 

41 Junta de Comandantes en Jefe. ob. dt.. p 93 

42 Se realizaron múltiples gestiones Intentando conseguir los registros de las campañas 
televisivas de 1975. Según las fuentes consultadas, estas grabaciones no se conservan a 
causa de las técnicas de la época y a la ausencia de publicas destinadas a remediar sus 
limi bidones. 

43 Claudio Rama - Gustavo Delgado. El Pistado y luaitura en Uruguay. Montevideo Fundación 
de Cultura Universitaria. 1992. pp. 37-57. 

44 Néstor Gama Canelinl. Culturas hibrtlas Estrategias para entrar y sahr de la mx^mdruL 
México. Editorial Grijalbo. Consejo Natkxud pora la Cultura y las Artes*. 1990 o 135 

45 Elfriís. 8/4/75. Publicidad, p. 7. H 

46 a Rús. 8/3/75. "Desembarco enla Agradada v encuentro de los Compadre* conmemoran 
en el mes de abril*, p. 6. 

47 E3 País. 18/4/75. Publicidad, p 5: 29/4/75. Publicidad, p. 7; 7/5/75. Publicidad p 7- 
24/8/75. Publicidad, p. 17. 24/9/75. Publicidad, p 6; 11/10/75. Pubbcriad. p. 29: 
30/12/75. Publicidad p. 9. La CNHS celebraba como aniversario de la "Abolición de la 
esclavitud" d 7 de setiembre de 1825. fecha que en realidad refería a la abolición dd trafico 
de esclavos y a la hherrad de vientres. 

48 EtPrtís. 18/5/75. Publicidad, p. 16: 18/6/75. Publicidad, p. 7; 17/7/75. Publicidad, p 11 . 

49 a PaIs. 24/4/75, Publicidad, p. 7: 16/5/75. Publicidad, p. 5; 17/5/75. Publicidad, p. 3; 
27/5/75. Publicidad, p. 6; 14/6/75. Publicidad, p 4. 24/6/75. Publicidad, p. 9 2/12/75 
Publicidad p. 7. 


50 El País. 18/4/75. Publicidad, p 5. 

51 E¡ rafa. 2/12/75. Publicidad, p. 7. 

52 Emilio Ingnyeii. Del Monte Ottm/jo a la pendlanurri uruguaya. Montevideo, mimen 1995, 
P- 24. 

53 EtPcds. 1/4/76. Publicidad, p II 

54 El País. 20/4/75. 'Estudiantes y trabajadores junto a la ciudadanía en los quinientos actos 
patrióticos', p. 9 

55 Ef PnLs. 25/6/75. 'Un lema para reflexionar", p. 5 

56 Elíseo Verón. Sentíosla de lo ideológico ydeipoder. La mediación. Buenos Aires. Facultad de 
Filosofo y Letras. UBA. 1995. p. 107 

57 El .Soldado. nhrU 1975 “El fin de una leyenda negra". P 3 

58 C&nnaPerelh. Lra rrtftores y tapestJónpúbficu Montevideo. Pdtho. 1990. p 14. Como otro® 
analistas políticos, esta autora analiza d proceso de transición hacia la democracia, 
mostrando la presencia de una matriz, ideológica en clave ciudadana en la propia decisión 
de refrendar por vía eleccionaria los cambios institucionales. 

59 Ibid 

60 El Pnis 28/6/75, Publicidad, p. 6. 

61 El País 31/7/75. Publicidad, p. 9; 14/8/75. Pubüddad. p. 10:21/8/75. Publicidad, p. 7: 

11/9/75. Publicidad, p 12; 19/9/75. Publicidad, p 13; 25/9/75. Publicidad, p 10. 

62 El País 30/9/75, Publicidad, p. 7. 

63 Ef Ata. 21/10/75. Publicidad, p. 7; 24/10/75. Publicidad, p 13; 25/10/75. Publicidad, 
p 7 8/11/75. Puhliddad, p 7. 

64 El País. 19/10/75. Publicidad, p. 10. 

65 El Puis. 26/10/75. "Uruguay, de ayer y de hoy'. Edición especial, p. s/n. 

66 S. Campodórdco - E. J. Maasera • N. Sala. ob. dL. p. 46. 

67 DSCE. 24/9/74. Ibrao 7. p. 203 

»»8 GerardoCaeiano JoséRilki. Histonact»UemporwiendelLkiigiiay. DélacolavaalMetrosiir. 
Montevideo. CLAEH. Editonal Fin de Siglo. 1994. pp. 262-264. 

DSCE. 24/9/74. Tbmo 7. p 203 

70 DSCE 11/12/74 Tomo 8. p. 473y p 490; 11/3/75. Tomo 9. p 94. 

71 DSCE. 24/9/74. Tbmo 7. p. 206. 

72 Ana Frega. La construcción nrxiurnetiíal de un héroe. Montevideo, mimeo. 1995. p. 12. 

73 Gabdd Pdufló, "Crisisde un Inventarlo", pp. 63-73. en II. Achugar - G Caetano (campa), 
ub. di., p. 68. 

74 Ihki. también A. Fraga, ob. oL. p 11 

75 A este respecto. Jürgen Habermas plantea: "En la conciencia nacional se da una tensión |...| 
entre las oríaitadoncs universalistas de valor dd Estado de Dercrl» y la democracia por 
un latió, y el parUculansmode una nación que se delimita a si mi» na frente al mundo externo, 
por otro". Jürgen Habermas. Identidades nocionales y pos ¡nocionales, Barcelona. Temos 
1965. p. 91. 

76 DSCE. 3/9/74. Tomo 7. p. 207. 

77 El País 6/9/75. "Emástón de sellos postales", p. 5 

7H El Ata 22/3/75. "Hcstiarran b Playa de la <V 9 ?idada. un Escenario Natural de la Histeria", p. 1. 

79 EIPnis. 18/4/75. "Selloaluslvo a los33 Oriéntales", p. 6. La vo«cllsco«ifoniiedd'Rlatellsto* 
no se hizo esperar y señaló que el sello era demasiado grande, que no mencionaba al 
Scsqulccmcnario v que el ciclo era blanca. El País. 28/4/75. "Sella de Ira 33". p. 5. 

80 Ef Pe ils. 2/3/75. "Bocdabeny campana íntemadonal de calumnias y de falsías Caita dd 
Presidente a un Universitaria canadiense", p. 1. 

81 DSCE. 4/11/75. Tumo 14. p. 5. El País. 27/8/75. "Sdlos españoles alusivos a trinas 
uruguayas", p. 5. 

02 N. Garda Canelinl. ob. tíL. p. 177. 

ai Ibld.p 150 

04 RNL Decreto 109/975. 4/2/75. p 229. 


2 

orientales” pp. 125-1.18 o. Batatín HtstortaSÍ/^¿T!^49 l T5TM^i y Sífí 1 "*!!* 

J^cr W Qírdto. Departamento de Mor^*,,. Errado 

«7 El Aaís. 23/8/75. Un ranobv» relato de la gesta" pp 8 v 12 

SíSKJY" ^ *“ ^ * i-i» — * te Treinta y Irás 

»nS 17«/re :!^;i Jen °‘T 33 0rtcnUtes ' y ’»«=•- °»«s' a CoíoolaV, p 8. 
i*, “ ” ¡I' 4 ' 75 - l^oí^an calles con nombres de héroes* D 5 

?I «5?¿? /4/75, " E1 UcaL CrWl «*und6 las obras de l975” P p ». 

92 aftjls.23/8/75. Edición Extraordinaria -Labordrli (VimUh. a» u 

94 N Garda Candín!. ob.dL, p. 182 

l SiS¡£ 5‘5 

96 RNL. Hcsolunnti 1097/975. 8/7/75. pp. 47-50 

97 fbíd. 

9« RKL. Decreto 1006/975. 29/12/75. p 1966yDSCE 12/8/75 Tomo 12 nn A..7 rw. 

<*« O n^cntrnlen^ 

M^amT En,rT Hfc * ^ lc "lennonamr la ex quinta de 

W lar nada es d próximo poso en la recuperación del Hotel Carras.»" n 91 
99 N. üarda Candín!, ob. dt p. 184. i-arrasro p. 9). 

¡00 RNI, Resolución 1280/975. 7/8/75. pp. 332 335 

^ ^ ^ ^ Montevideo. ImpraiU Don 

üríssüE’E' - 9 

Mnntrvldeo". p. 6, " m,nCUmM ‘ b ““ P 3 ™ *ü monummlo a Uwlk*, „ 

106pt onlv.oT' dlol l „yv, -JuanAntonio UwlkJ,-. pp. l t ao.on CNHS BasesMcmcuwp on, 

£7 f^MontovtCí^ 

107 liad 

108EI ftiis 17/6/75. Publicidad, p. 9 . 

!SKJKY/^- 2 T!J 7 ¡£ ™ - 5 

: »££ ss& íssrnsr * J »■ 5 

1I3DSCE. 25/11/75. Tomo 14. p. 63 
ii4n»d H 


122 


!!Ií r lh Ley i 44,>4/75 - 29/l2/7íl p - '«3: D8CB.29/12/75.Tbmo 14. pp. 500-501 
1 IBA. riega. ob. dt., p. fi. 

119C. Real dr Aaia. ¿osorígenes de la nnrin niAlHnrl nn ^ mniv» ob ^ n vr> 

1209*1 p. 180. 

121 E1F\iͣ, l/4/75. "Desde la fctndackm de Durazno harta boy", p. 11; 20/7/75 Batalla dd 
Rhicxm p. 26 y RNl.. Resolución 1097/975. 8/7/75. pp 47-50 

122 ® 2/6/75. "Cajo del ádxrl ik- Fructuoso Rima ae plantará aquí", p. 8; 29/11/75 

TJucvo Monumento Histórico" p. 5 

1230 Arus. 15/4/75. Publicidad, p. 11: 23/9/75. Publicidad, p. 10 

124 £2 País 9/9/75. "Se revivirá en Flores una histórica marcha de Rivera", p 16. 

125CNHS. Exposición EJ Nocftiriento de Nuestra .Nación. JflJ J a 1830 JCbtóknrt Montevideo 
Imprenta Colarobino. 1975. p s/n 
I36t*d. 

127 El ftiú. 24/8/75. "Significado histórico del Abrazo dd Monzón", p. 19. 

* ^ /T^PubUrtdarl p 5 No pu«le dejar de señalare la referencia u Ure-Teniente» 

de Artigas . nombre de la loga del ejército que Impulsó H golpe de Estado «le 1973 Debe 
mencionare también que el urbano oficial dd Centro Militar Ilustro su carátula dr man» de 
i ® 75 00,1 rrlnUos * Campbell. Andrés Latorre. Andrés Ailteis Blas Basuakto 
GírrgoriJo Agráv y Femando Otor^iés. bajo el Ululo "Los teniente* de Articas" H S,élotlrz 
mareo 1975. p. 1. ' 

¡ 29 £1 Aiis, 3/5/75. "De LavaDeja a su esposa Ana Monterroao de LavaDna". p 5. 

I M í¡ m * T °T* 1x1 Aiac “ n f ‘ rn ’' ‘ WÍ, ík ' " u 4*tr Monlrvideo. Arca. 1995. pn 2S26 
¡i fMthropnln rpe de iEtai. Paria ArmaixJ CoBn edlteur. 1990. p 19. 

I U 1XK.E. 22/7/75. Torno 11. p. 24-1 

MSaotoreUpráctlca de la "goicalofiía pragmática" en d Uruguay Carlos ZubUUga. GeneoMi 
r/listona; vi caso umpuai/o Moráevidco. mimen.. 1968. pp. 52-55 
134 í líuidir» Rama Gustavo Delgado La tuxmatkta cultural dil Uruguay. Marros jtmtlkxn 
S0wm>l y oiganimnanak? delacuhum. ¡940-1990. Montevrrleo. Fundación de Culture 
l inivrniJlan.i. 1992, p. 75. Se trata dd Decreto-Lev 14562/76 24/8/76 
l initsi E. 7/10/75, Tbtno 12. p. 218 

I an « Allí. 4/ 10/75. -Pequeña «Jesccndlcnlede LavaBcja bautizada rn Catedral de MonírvUlrt,". 

! i' SiS?* 2?ÁtíTí ‘ 5 -°? P ^f"“ 11 ^ rr,n «Ver liasta la Playa de la Agradada' p 9 
I MI 11 a K 8/4/75. Torno 9, p, 260. 2/12/75. Tomo 14. p. 180. 

I «•« Alt*. 5/7/75. "Asa vivió Mdo los festejos de sus 180 años p 6 

SÍSÍÍÍ 4 -ÍÍÍ 75 J?Í2I!Í l ‘ yamiy na ' Dr V «J'^aonrtn.s-an lia» del Ejército', p 9. 

a/10/75. “liaza dd Ejército”, p. 8. 1 

14 I /.I /bis. 20/4/75. "El ürai Cristi anuncio las obras de 1975". p B 

i”«,ir. ™ jd > 

14 11 I 18/2/75. Tbtno 9. p.19: 19/3/75. Torno 9. pp 163 165. 

n [l** 150 ártmles que simbolizan los Imlrus liistóncos* p 9. 

»< • 10 A6«, 26/8/75. "El Gotürmo se reunió 150 añuy después rn Florhla". p 2. 

pm ym s> 

14« M !'««•. 19/7/75 Arto Nolmuir en I1«un Constitución", p 7. 

• "'J « mm« i.» c HiK'ihil. rih ril, p. 158. 

' ^Í 1 EdWón Extraordinaria. "LábordclaOorrtslúr. 

ISI Mñu ilrtoOslaHHWifica'.p. 10 y DSC E 13/5/75. Tomo lü p 40 

l%l M Arlo ™ /7/7ñ, 1>raunsn a Muaeo Montáis, b. Añeja Aduana «le <áltw' p 8. 9/9/75 

.V '" n,hU,, ^ n ' r, ^ ,rn ‘'' P 4 3/10/75. PubhrtdscL p 5; 

I». V í l-i,, “ n,c »«frtt*»sdo H Museo Juan M.mud Blanes". p G 

' ■”*“ Dismocmi dr Monumento liirtorii»". p 5. <i/7/75 legarlo al 

PtantánlSro". |I 13: 28/10/75. ‘Biblioteca AmrrlrAniMii en la arde del m, BatVxi dr 





Londres .p. 5: 10/11 /75. 'El Museo Naval inició traslado de sus mezas hada la Aduana de 
Oribe . p. 9. 

I53« País 3/4/75 “Scsquicenienario La A.U.P. Invitó a Alemania para jugar unHatoso en 
oct ubre *, p. 1; 13/12/75, *?ara el recuerdo: MusenrV! PtitboJ". p. I. 

!54C. Rama • O. Delgado. El Estado i, hoiíhiraw Urugimj oh cit. po. 99-100. 

155 ® *“**■ 22/B ^ 75 «**» precedente» en H Cono Sur Acontecimiento artístico 

excepcional cae] Museo Municipal Precolombino*, p fl 

156 £1 Puis. 16/4/75 Rescatan piezas tavOgenas .le Lis islas de] Sallo Orande*. p. 1. 

157 En la revista EUZMadodri Centro Militar aparecieron vanos artículos sobreestás tenias, en 

rtr * < ' p>I IUi pcr^pcrLxi vino dada a las nuevas exploraciones y descubrimientos (Q 
SMdaüo. lebrero 1975 T^ii«Mroliortmfiteaih\iralüK!«cr.a-.p.23 : fehrero 1975,-Laniúalra 

mírelo»cliamjas’.p.22: abril 1975. "Laniacra«níacharrúa sucuhunimatenar iiu 44 - 

45.1 o a la tradicional vinculación éntrelos Indios y d proreso ir. depet «dentista (ElSotfnrii. 
diciembre 1975. "La constitución de la Nacionalidad uncnüd* p 461 

158 Ef Priis. 3/10/75, Publicidad, p 5. 

159 Estado Mayor del Boxita. Departamento de Estudios Hiatáricos FbitalezadeSanta Teresa 
5 Historia, «rgantoarión 'rukhir en ef siglo XVW. Montcvklco. Universidad de la República! 

160.N Garda Candín! ob. dt. p. 132. 

161 n Pilis, 18/7/75. Nacimiento de nuestra nación vibrante acto en el Palacio*, p 1. 

162 £3 País 1R/7/75. ‘Narimlenlo de una nación: hoy abren muestra al publico*, p 4. 

163 La exposición aprnver halta d titula "Nacimiento de una nación*, conocida película de 1915 
del director D. W Grifihh sobre kt Guerra de Secesión norteamericana 

164 CNHS. ob. cit.. p. s/n 

I65C Real de /Vais. Los orígenes de la nacionalidad umatoaja ob. dt p 54. 

166 CNHS. oh al., p. */n 

167 Gerardo Caetano y José Rilia. Prólogo* pp 5 12. en C. Real de Azúa. Los orígenes de la 
mnonulkkid uruguaya, ob dt.. p 6. 

I68C. Real de Azúa. Los orígenes de lo nanunciUdud umquatn .5b ett up 173-174 
109 Eírtrís. 13/7/75. Publicidad, p. 6. W 

170 La -Comisión de Acuñaciones Conmemorativas de los Hechos Histórico» dH arto 1825*. 
dependiente de la CNHS. realizó un llamado a concurso para la reaiutu ción de ocho bocetos 
dti anverso de medallas cor urtemoratuns / ../ «Aiís. 1/4/75. Publicidad, p. 11 El ganador 
del concurso fue Santos Marta ir/ KocIl cuyos bocetos fueron expuestos en la referida 
exposición E/ftife. 25/4/75. Publicidad, p. 6. 

171 £3ftus. 22/7/75. 'Moda Caído en d Palacio l^glsfciUwj* p. 1. 

172 En 1976. la CNHS continuó con su pfan de pubbcanones de la colección -Ediciones del 
Scstjuicentenarto* editando este libro prolijamente ilustrado por Federico Hdfly Femando 
Assun^ao. Pichas criollas. Montevideo CNHS, 1976. 

173CNHS. ob di., p. s/n 

174 DSCE. 22/7/75. Tomo 11. p. 236 

175 El Rus. 15/7/75 “El nacimiento de nuestra Nadóri la historia agruparla eu d Palacio* 
p. 10. 

176 El País. 11 /7/75. *N acimiento de una Nación: d IB comienza muestra histórica* p G 

177 N Garda Canchni ob. dt.. pp. 160-171. donde d autor realiza un pormenorizado análisis 
del Museo Antropoideo de México. 

178El País 20/8/75. *70 mil personas visitaron *E1 nacimiento de Nuestra Nadón” p 5 

179 DSCE. 24/9/74, Tomo 7. p. 203. P ’ 

180 El País. 8/1/75. “Veintiorlm proyectos de Mausoleo para el Prócer*. p.6: 18/1/75 "En diez 
días inician mausoleo de Artigas*, p l 

181 ¡3/5/72^ SlOfl 23 ^ 0775 ' PP- 1164-1167 I nuil nen RNL. Resolución 762/U75 

182 a Puis. 19/7/75 Entregan las ofertas de precio» dd Mausoleo del Oral Artigas*, p. 4: 


lfi/8/75. 'Inician antesde linde mes la conaducdóndd Mausoleo*, p. 9; 10/9/75. *TVni»ajri 
en Mausoleo: a 14 días del fin de excavación sin resto» históricos en la Plaza Indcpendcrada’ 

p. 8. 

183 George 1. M&w. lo nazlonahzíazlone deÜe rtnsse. Sbnboksmopoítlíco e moílmenti di matM 1 
in Germanfa HUIS I033L Bologna, Ed. n Mulino. 1975. p. 69 

184 El País. 15/11/75. ‘Bardaberry es d momento de devolver a Artigas su papel como d 
UnJficadar". p. 1. 

I850AMS» 6/5/74. p 1 cuCEIU. El L/ru^uaydelacrisóia b dictadura f/967-1985). CrontÁrjIn 
corrparada f 1 974-1985). Montevideo. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación 
Centro de Estudios IrUrrdlsdptlnarin» del Uruguay, s f 

186 A Lrssa. ob. dL. p. 163. 

187 ¡H Aiis 15/11 /75. ‘Horda berry es el momento de devolver a Artigas su papel como el 
Unificadcr*. p. 1. 

lNBfbid 

189 Gerardo Caetano -José Rilla. ‘Izquierda y tradición en Uruguay*, en La Lupa. Brecha I julio 
•le 1968. 

l90Canm Perefli. Someter ocorwentxr. El discurso mtfAar Manlevtdeo. CLADE. Fdldorvesdr ki 
llanda Oriental, 1987, p. 19. 

1ÜI Esta visión había sido usada anteriormente fompartndolo incluso con Cristo, comolilclcni 
Mario Ecbegnyen (presidente de la Asamblea General) durante los homenajes al hirmtn m 
no dd oslaba o del prócer. El Pnis. 20/6/64. "Solemne turuaiajc ai paladín del federalismo 
y la democracia rindieron los poderes púhlíros*, p. 7. 

IWOAtua, 24/9/75. 'Emotiva recordación de Artigas en Plaza Independencia a los 125 artos 
de su muerte*, pp. 4 y 15. 

||«S WC6. 5/8/75. Torno 11. p. 335. 

I *4 DSCE 8/7/75. Tomo 11. p 222. 

196 A. Froga, ob. dt. 

I"6< NI B. Inauguración del m o num e nto al general José Artigas en Madrid Montevideo. CNHS. 
Imprenta Uruguaya Colombino. 1976. p. s/n 

|U? Yanuuidu González. Un siglo de acción gremal g prdngñgicn dd magisterio. 50 unos de lucha 
>1,- la WM Montevideo. CIEDUK FESUR. mi meo. 1996 p. 9 

IWM D‘a E 19/11/75 Tomo 14. p 116 

>' rl < / Aun. 28/6/75. 'Antea y después del 27 de junio de 1973". p. 7 

VI"11J Alte, 23/10/75. Publicidad, p. 11. 

Viil Et l\ús 20/4/75. "CamhioA constitucionales para el nuevo Estado. Las FF.AA. seguirán 
deiKlo H sustento dd gobierno*, p. 6. 

7112 lililí 

v» M M Aas. 26/8/75. “Este no e» un proceso de un día*, pp. 4 v 8. 

20# UmI 

TOfISiéd 

Vt"i. Imita de Comandantes en Jefe. ob. clL. p. 383 

SNI7I. K González. 0(1 cit.. pp. 106-107. 

MONA Cwnptulónlco B. J. Masacra. N. Sala. ob. di.. p. 29. Existían en el elenco gubernamental 
«Hiña exponentos dr e»la vertiente docinnaria. en c^icrial en el Consejo de Estarlo Al 
iMNNcnajcar n Franco a mi murrlr. varios tonsrjeio» 11 unlfnUiron lid niisrripción IdeolóRií n 
UdMilfe Al KM tlr. }«u ejemplo, so»tuvo: El nnutílndr hay recita empieza a con qrns u ter d pelero 
/■mziiniivo flt -la irunslón dd mtmismo y kiJt wma en que las verdades rrxLs travr-ndenhúc \ 
fOmn Hbrtrlad yktdernucmcta. son uitoarirK por esta corran le puliilro fOusqjktiprira tnutucnr 
•rriilrlnrii's históricas DSCE. 25/11 /75. Tomo 14 p. 161 

viHUi I Mnv* oh. rit . |)p 20-29 

V MI IU Arta, 24/9/75, Emotiv i recordadán de Artiga» en Plaza lialqirtMlmLiu a los 123 hOc* 

<t** mi muerte*, p|> 4 y 15 

71 | >l‘Mr l.ulat .istiignoLi PatikiMlrre».H(tmguaijdelodktailiva/Wrj 19851 V.3 lakUsé^jta 
f fukmlr la dklnduru. Montrvulro. Edldones ilr la I5.rn.1i Orlmuti. 1989. pp HO H7 



212JJ mis 18/6/76.-Paülóljco desfile de Eacolarre* p 6 

in ^' rBd ° •»« ^ ra**» P . & 

2¡;sís »■ 

2l6£ÍPais. 12/4/7T5. “Prayertarjacloapara loa225udosddCordón, p. 5-15/6/75 ‘MuntAidro 
««cumpteartos 

? ¡I !? 23/S/75 ‘ brandes ^o» para honrar la fecha*, p 4 

;a32 Moiücvldco Talleres Blcqgloy Bnto. 1932:Asocianón Patriótica del Uruguay Prtnvr 
S2S^T Dd-l * W 25 **”***** «« Montevideo. '¿¡SSE 

219C ‘ militar: un tema penitente*. oh dt. pp . 41-44 Puede díame a 

Lori ^ M 3° ram ‘ r,,to * ^ Cortos que sustituyó a la Junta 

Lr*aJAutonama y canalizo demandas postergarla, Durante 1974 y 1975 propuso al 
Intendente Interventor Hebd Bardos un conjunlode merfiri.tsquc abarraron deJfcSrjw de 

d^re!i*is!rrivtnrk'hasta lareaperturade^hft>llolccapw!dSh^a!^4iKlas 
re*indlc.»dones. eqiedalmente las relaciona.tas can la actividad cultural fueron 
concrwaiKkisc en los artos «guientea. Marrdo González y niros. *U dictadura u oh lar m San 
Cadoa (una apuumnación desde lo político parudunor pp. 147 177 en aa w Htskrim 
Oí***, Tomo 1. Son Corte. MoWo. CLWSH.1996 

2?M ^^ w U r ^ ClJ *^ ra mfl ‘ U,r 1111 tCma P**B*r. oh. dt . pp. 41-44. 

221 M González y ota*, ob. dt.. pp. 154-156. 

£5 1/6/73 ' Crifhra rtún en Salto dd 25 de afínelo*, p. 10. 

223 RNL. Decreto 220/975. 18/3/75. pp. 506-507 H 

224 ¡SOSf^ü “ EstUdiant “y ^podares jumoa!ladudadania en los quinientos actos 
225DSCE. 9/9/75 Tomo 12, p 104 

226 íf'Jíf ^ anpl °' la Eecuda Experimental de Las Piedras colocó una placa ni tumor a Sahas 
OUizoLa ptonoo de la educación experimental de los artos treinta £2 A** ] 5 / 9/75 -se 
"WÍ»Mw«n U» Htatnu, un ™<cta ra™ta, rj na a Sab., OUtnJa ' 

^^^T°*J¡^ yb ^‘ rfrald ' S<lnjMt !”<.«**>.tnnr«nmnl<i a l a n«*l a , 
uríír t; y Cám “ n ‘ ** pu * in h -Rama» 

pU; 35/3/7s - ’ EI ** .— 1 — * 

f * W75.-a*^ 

229 Cfr . por ejemplo. DSCE. 13/5/75. Tomo 10. p. 50. 

23 ? pledra ^ “"h ® 10 P*™ acufl “' u™» moneda*, p. 10 

3/5/75 ' 

232 ^JT^'LÍJL 230 ' anK ' rrsar *° * ,a tildad de Artigas, por ejemplo, fuerais bnuakrtas 

•233Hftfe 15/9/75- “Cruzada de la OrtentalidacT desde Sauce a Asunción* p. II ie/9/75 

^ Solar de AdJfías en la noble üeJ^uÍa^ u * 
Ma» 1 ? fl^r y un poco de tierra para un homenaje*. p. 10 . P 

234 £1 Soldado, febrero 1975. *El pueblo ya hizo eoudcnds*. p 6 . 

,rad ‘ d< “'“'’ » 315 «" »—*• "* ‘9. M«™. a-nt. 
23b £1 País 28/6/75. Publicidad p. 4 . 

SI £££ wíJ4 .'t^TpT, -"■—* «—» ■* -p 7 


126 


Ota S í? 4 * - l SfSfZ ^ anCkm f a * ^ PaÜla cuirTdn * rión ^Dairtc: fue emlUdo el Mío*, p I 

240 0 Was 17/3/75. Inspirada tetra tiene la canción Trímero Oriental', p 1; 17/3/75 KJ 
Ttatro íiolis vivió ayer grata Jomada* p. 31. 

241 RNL. Resolución 503/975. 1/4/75. pp 580 581. 

oí? , l ?. / f /75, ’ Conifenz * n a Preparar el 2* Festival Canciones a MI Patria*, p. 9. 

l /U /7 l‘ Al . luncUl1 d y FrfítJVÍÚ folklórico Oriental de Canciones a mi Patria*, p 7 
244 F. Hcbstxiwin. TYadiciones unmtadas*. oh ni d 8 
245RAL. p. 9. ‘ 

246 N Ganda CandínI. ob. dt„ p. 201. 

247 DSCE. 27/6/75. Tomo 10. p 80. 

248 a Soldada, febrero 1975. *Y Defía otro Carnaval* p. 27 
249DSCE. 19/8/75. Tomo 12. p. 5. 

250 H Rriis, 22/7/75. Puhliridad. p 17. 

261 E. Hoh.sh.iwm. Tradídanea inventadas*, ob. dt.. p 9. 

252 H SoUado. agosto 1975. 'Primer Congreso de nruiüdpte v fuera* productivaa de la mOón 

este dd pais se realizó en Minas*, pp. 12-13. 

.*53 RNL Decreto 98/975. 30/1/75. pp. 210^211 
254 A Lenta, ob. di. pp. 168 171 

J55C PereHi. La s miliares i/ la gestiónpúUfca ob. rit.. n n. 

S5i : 27 ítn^i PubU ? dad - P 10 Hf * J ,u¿nH amumentadocoiilrariamente a la resolución 
r”? Ejccuth-o. rechazando *que loa resii* dd Coronel Lalorre descansen en el panteón 

^?™«!^!i^' nnia:!0/11/74 ^S">CEIU.atv Iw ^d S l.m»utadkto í un, 

(1967 1985f. Cmnoloyia compararla (19741985) ob dt 
2970fhk 4/5/75. PuhlkirLvl. p. 8. 
ifWiUrtiís. 27/4/75. Publicidad, p 10. 

W» « País 23/5/75. Publicidad, p 3. 

: r,’ 7, Wl "" ^ •» lU*™' p» > v 7 

2112 A Ijrwa. ob. dL. p. 91 

Jta "í 1 <V* mayo, un día antes de enviar la carta a Vadera, bordahrrr,’ se habiu dirigido al 

|'»l««lnite Oscar Raclietti expresándole la misma preorupudun. 

8t4ll4rl.p 170-171. ^ 

JhftM IWs. 24/6/75. “Colocan Placa donde estuvo su casa Emotivos actos en puerto y 
reiiwiterto , p. 4. * 

/?5 ' ~ R *P <>trt *f m 108 ^ Lorenzo Lalorre durante el próximo mes de 

» P « a vonúauM de arto Uts FFAA hablan tnaugurado el Lirm Mtttar N* l can el 
.'""•"•r de Coronel Lorenzo Lalorre RNL Decreto 13/975. 2/1/75. no 22-23 
211/ W 8A 26/4/75 *Wep.itri.w ion de los restos del Cnd Latorre* p 5 
Wfl M.Snlrlnrio abril 1975. ‘Honrosa y patriótica misión del Coiond ííañl Fentáivlw. Monteavarr, 
•t iMKiKM Airrs’. pp 10-11. 

'T7 .• ,975 -2" , “ re ™ lrt » 1 '(ue 0 ( r r ü ü aa ta«ftoraInMLa.omr^R™,,, p,, 
I» c nuiiséCH) de Damas de nuestro Centro*, p. 4 

i/tu l'nrDi L« indilurrr, y la flesitónpúbikxt ob. dL. p. 15 
2/11’ Psniotti. ob. cit. p 181, 

2/2 Mus ailA de I.m limonlav.ihler, diferencia* existente» entre las diferente» \rrslonm dd 

pwiiiloraainou niyiyo .vanosdesuaautorrainiscanocldoacolncldteronenealarvaluadon 

í. ?’ hm " n,Pn ' rt **• pw trapío tanto Roberto Ares iVs* en 

""*7 ^«Ki» «MMo» Alberto Methol Pené a, El as.x»,mAI«rw 

y« ... te Mtu lindo en su Mistarla d.» te Orferttate sertafcuon la Importancia <lrl goblrroo .fe 
l.-i.»rrn,HsBsiua«i,ir.ii...HKMartoni«femr. En l975Alon*oFrnwi*fe7< abrrBl,*.Ute 

.H. lila.. »2..r I. .fe srsuetiai taterpretadones de corte revtstanlsu Perú admAa. 

r “'.¡¡¡V '*"***' alud irruir... t, iwlmilndán ron H Intorrlmmo prufsqp ,n,U i* s 

la daisditis Bn ew snitidn. aAnnalM qur Lntnrrr f,s- lB i nulitar mdiv.i que Rrotaó .líim 




pastíwa y trascendente y. sá; ezagervr ei tiempo de su pennanentíct pragmático y suspicaz, 
seJue pasada la necesidnrí apremiante que habla explicarle su empresa. Alonso Fernández 
Cabed*. Corone'. Laborve. su gobierno, su obra. suJuiaL Montevideo. Serie Hatees. 1975. 
pp. 5-6 

273Por ejemplo, Jo mt Pedro Barcón - Benjamín Nahutn. ¡fisiona rural det Uruguay moderno. 
Tbmol Montevideo. Ediciones de la Banda OrleiitaL 1967. especialmente "Paite 111: La base 
política La crean ón ciH Estado moderna y ei militarismo". 

274 El Soldado, abril 1975. "El fin de una leyenda negra", p. 3. 

275 Ibxl 

27G B Saldado abril 1975. "Síntesis biográfica dd Gobierno dd Coronel Latarre". pp 12-19. 

277 El Soldado, abril 1975. "El fin de una leyenda negra", p. 3. 

278 El Soldado, abril 1975. "La[orre y su época", pp. 20-23 

279 fii mí 

280 El Soldado, mayo-junio 1975. "Latone y su época", p. 10. 

281 Semanario Búsqueda 11/7/96. "El Ejéraio ‘cumplió con su misión en la cristo que arahó 
en el golpe de Estado de 1973. opinó el historiador Reyes Aliadle", p. 13. 

282 CE1U El Uruguay de la crisis ala dkiathauíiy67¡98&I CrvMÁjgiucvriipurudat1967- ¡973). 
Montevideo, muneo. 1995. también revista Posdata. Edición Especial: "Secretos de la 
dictadura", febrero 1996, p. VI. 

283RNL Decreto 006/975. 5/8/75. pp. 284-296. 

284 O Ras. 15/4/75 14 de abril ‘Que aquella insania no transforme las mente» de nuestro 
hijos", p. 11 

285a Puto. 17/5/75. "Homenaje recordatorio a tos soldados caídos por la patria", p. 10; 
18/5/75. "Les rinden Honores militares vecinos entonaron el himno ante sus cuerpos", 
p 5. 

286 a Pilis. 6/8/75. “Homenaje a victima de la sedición en Trinidad", p 7.20/8/75. “Tres arios 
de cobarde crimen de la sedición", p. 11 y a Soldada agosto 1975, "Capitán Julio Cesar 
Gutierres", p 8: “A tres artos de la tragjca muerte dd Coronel Artigas Alvarcsc". p. 11 

*287 H Soldarlo, agosto 1975, "Julio César Gutiérrez, p. 8. 

288 S. Campodóniro - E. J. Masacra - N. Sala, ob dt.. pp. 77-78. 

289Jcrónic Hclic. "Les armes", pp. 237 282 en P Nora (Dtrl. ob. clL. p. 238. 

290 a Soldado, mayo Junio 1975 "El rincón de recogimiento espiritual" p. 38 

291 El Soldada, lebrero 1975, “Corond Ramón Trahal. ‘...es otra tributación, que de su sangre. 
uUmdon las FFAA. ol altar de la Patria"', p. 7. 

292 a País. 20/12/75. "Emotiva remuonla al cumplirse un ario del asesinato", p 15. 

293 El País 14/12/75. PubUddad. p. 14 

294 C Percllt. Someter o convencer, ob. di., pp. 19-20. 

296C PrrrHi. Las militares i/ In gestón púbtirn. oh dt. pp 18-19. 

296 O País. 12/11/75. Publicidad p. 7 

297 RNL. Decreto 170/975. 4/3/75. p. 391 Decreto 876/975. 18/11/75. p. 1300 

298 a Soldado, lebrero 1975. “Ante H 68* Aniversario del Batallón de Infantería No 9". p 26. 

299 a País, 2/3/75, "Bordabeny: campaña internacional de calumnias y de ialstas. Corta dd 
Presidente a un Universitaria canadiense*, p. 1. 

300A Lesea, ob. ai., p. 162 

301 a País, 22/3/75. "El por qué de tos dificultades uruguayas", p. 5. 

302 Cfr.. por ejemplo. O /tato. 21 /10/75. PubUddad. p. 7. 

303Soto. JuUo R-. Proceso de la educación en ei Uruguay. Montevideo. Consejo Nanonal «Ir 
Educación Secundarla Básica y Superior. 1975. p. 10. 

304A. Lcssa. ob. dt. pp. 27-28. 

305 Las escasas referencias al temsmo fueran realizada» por consejeros de Estado fundan ru 
talmente para argumentar resoluciones sobre la gestión legislativa (DSCE. 18/2/75. 
TIhuo 9. pp 17 181 En general los consejero» no sabúur a qué antecedente» remitirá para 
definir sus atribuciones y funcionamiento frente a un parlamento tan denostado como 
tradicional Ipor ejemplo. DSCE 18/3/75. Ton» 9. p, 1331 


306B. Ruíz. ob. dt.. pp. 88-91. 

307 £3 Soldada, febrero 1976. *9 de febrero de 1973", p. 4 

308C. Pereilt. .Someter o cnnoencer. oh. dt . pp. 21-22. 

309 El Pais. 28/6/75. "Antes y después dd 27 de Jumo de 1973", p. 7 

31U kl Rus. 28/6/75. "Celebran Creación del Consejo de Estado", p. 8. 

311 D9CB, I /7/75, Tomo 11. p. 9. 

312 El/tato. 25/5/75 "Un tema pat a reflexionar' p. 5 

3l3lbíd 

314 El Pato. 8/1/75. "El Profesor Narundo le presento su renuncia al Presidente Unrdabrrr 
p. 1; 22/2/75. "Instituto Histórico: Narando se aleja de la Presidencia" p. 5. 

315 CONAE, DGESBS Nota Circular 10/975/JCF. 21/2/75. 

316 Mensaje dd Presidente de la República del I de marzo de 1973. citarte m CONAE, DGE .11 
Nota Circular 1372/975/JCF 9/5/75. 

3I7CONAE. DGESBS. Nota Circular 1346/975/JCK. 13/1/75: 1349/975/66/74. 13/2/1 
1393/975/JCF. 13/7/75: 1408/975/JCF. 5/9/75. 

3I8CONAE. DGESBS. Nota Circular 1371 /975/JCF. 9/5/75. 

319 S. Campodónieo • E. Masera - N. Sala. ob. ciL. p. 85. 

320 J R Soto. ob. di., p. 25. 

321 CONAE. DOEBS Nota Circular09/975/JCF. 17/2/1975: CONAE. DGESBS. Nota Circuí 
39/975/JCF. 25/4/75. 

122 CONAE. DGESBS. Nota Circular 20/975/JCF. 12/3/75. 

323CONAE. DGESBS. Nota arrular 27/975/JCF. 3/4/75. 

124 Esta asociación de cometidas sociales fue un esfuerzo de Josefina Herrón Puigde Borrtol vi 
pora prestigiar la luí agen de su marido y dH Poder Ejecutivo. Entre otras actividad 
‘Voluntarios de Coordinación Social" organizó a nivel nacional d concurso de dibu 
infantiles auspiciado jwc la UNICLE. U» trabajo» debían dingirne a to Sra. de Pordal* < 
Residencia Presidencial. El País. 20/G/75, "Dibujo» de Ntrios Uruguayos van a Gr 
Concurso Mundial", p. 6: 22/6/75. Publicidad, p. 28. Véase también Ef Ras. 3/12/; 
Publicidad p. 13. 

325 CONAE. DGESBS. Nota Circular. 30/975/JCF. 15/4/75. 

.126 CONAE, DGESBS Nota Circular 07/975/JCK. 30/1/75. 

327 CONAE. DGESBS. Nula Circular 98/975/JCF. 20/8/75. 

328 CONAE. DGESBS Nota amular 103/975/JCF. 27/8/75 

UliCONAE DGESBS Nota Circular 53/975/JCP. 17/5/75. 

330 £3 Rato. 22/5/75. "Cañar suspendió clases mariana de tarde" p. 9 

331 CONAE. DGESBS. Nota arrular 88/975/JCF. 6/8/75. 

332 CONAE. DGESBS. Nota Circular 20/975/JCK. 12/3/75 

333 Facultad de Humanidades y Ciencias. Cotwervalorio Universitario de Música: 1 50 años 
música umquoya* «-ido de 22 conciertos a realizarse en ei Rmmínfb de ia Uiuoersut 
Montevideo CNH5. Mosca. 1975. En d mismo sentido, se convoco a un concurso de peen 
sinfónicos y a otro de pintura, inspirados en tos "Hechos Histórico» de 1825" Ef R 
16/4/75, Publicidad, p. 10; 28/4/75. Publicidad, p. 2. 

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346 £3 Soldado. mayo-junio 1975. "Uruguay-Paraguay y las puertas de la tierra-, p. 40. 

347 El País. 21/12/76. 'Lloviendo sobre mojado", p. 19. 

346 Hcbert Suárez. 25 de aposto. Interpretación y cumpruntsa. Ed Hrbert Suárrz FYanoo. Tallen» 
Gráficos 33. Montevideo. 1975. pp. 12. 93 84. 96 97 y 10(M01. 

349 Ibíd.. pp 93-9*1 

350 £3 ftais 5/2/75, ”EI Poder Ejecutivo determinó ayer la nómina oficial de los Treinta y Tres 
Orientales', p. 4. 

351 Aníbal BarríosPintos. Los libertadores de ¡825. Montevideo Ediciones de la Banda Oriental 
1976. En setiembre de 1975, el autor había recibido d Premio Nacional de Literatura en la 
categoría de msuyos estéticos o tflemríos por su 'Historia de la Ganadería en Uruguay'. D 
/tais. 3/7/75 'Otorgaron premios* de literatura", p. 4. 

352 A. Barrios Pintos, ob. cli. 

3S3DSCE. 8/4/75. Tbmo 9. pp 337-341 

354 El /tais, 21/6/75. 'Homenaje a la Universidad a tres escritores uruguayos", p 4; 25/6/75. 
'Rolary Club: evocaron a Herrera y Rrisslif. p 15; 7/11/75. "Florencio Sánchez 1910- 
7 de noviembre 1975*. p. 14: 21/11/75. 'Inauguraran un busto a Fiat cutio Sánchez en 
Cardona", p. 2a 

355 Hugo Adiugar. 'Letras. La década del veinte: vanguardia y UiUlismo. El Intelectual y d 
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35G El Salrladt> marzo 1975. 'Julio Herrera y Rdsstg • Floren rio Sánchez. En d Centenario Nd 
dos figuras rutilantes de las letras nacionales', pp. 16-17. 

357 Ibíd. 

358 Biblioteca Nocional. Muría Eugenia Voz Ferretm. ¡875-1975: FkNtoginJkt. Montevideo. Impr. 
Uruguaya Colombino. 1975, p 1 

359 Biblioteca NadonaL Florencio SAnrhez: centenario de su nudnúenta 1875 1975. Blbfogrqfla. 
Montevideo. IMM. Publicaciones y Prensa. 1975. p 3. 

360 DSCE 25/2/75. Tbmo 9. p. 41. 

361 DSCE. 4/3/75. Tomo 9. p. 75 

362 Por ejemplo. H /tais. 31/12/75. 'El Ministro Darrarq resaltó la personalidad de Zorrilla', p. 5. 

363 Por haber muerto en enero de 1975. d homenaje a Fernán Silva VakVz resumió lol 
eiiiiltcvinliento dd canto a las cosas nuestras y el elogio a la kxspirtKktn de un [torta que 
cmiurtió sus sueñasen H altar que rwenmeia ki saeta de in Poíno £3Soldado, iihu/o 1975. 
"Fernán Silva Valdez Un poeta na»!vista en olas de la eternidad’, p. 17. 

364 F3 Soldada febrero 1975. 'Para recuperar a nuestro t Jmguay. hablemos un mismo tdlom.i 
Pabla', p. 12. 


365 £. Irtgoyen. ob. cil.. p 22. FJ autor utiliza estas categorías pora analizar La ( «it ínula dr bn 
Dioses, una obra de teatro dr 1831 de Joaquín Culebras. 

366 £1 ftais. 19/4/75. Publicidad, p 24. 

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comparada 11974-1966¡. ob. dt. 

368a /tais, 30/8/75, 'Juana de Iharburou; He de tener mis sauces, mis mastines... niim 

1 antea..."', p. 4. £3 ftais. 26/8/75. "Una justiciera coiKiccuradón a Juana de niartiuurou |nr 

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Kl PAIS. Directores: Martin Agulrre. Washington Bellrán y Daniel Rodrigues: Lamtá. Montrvii I... 
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EL DIA. Directores: Baltasar BruniyCésar Balilc Pacheco. Montevideo, agosto 1925: Jubo !•» u» 
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EL SOLDADO Redactor Responsable tentarte coronel Alberto P. Lourdra. Montevideo. 1975 

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1975. (DSCEJ 

NOTAS CIRCULARES DE LA DIRECCION GENERAL DE EDUCACION SECUNDARIA BASICA 
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FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS Conservatorio universitario de música, i50 años 
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JUNTA DE COMANDANTES EN JEFE: Las Fltérras Armadas al pueblo aríenlaL Tomo I l/i 
subversión. Montevideo. Fuerzas Anuarias uruguayas». 1977 
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proceso poütko. Montevideo Fuerza* Armarlas uruguayas. 1978 







S* terminó de imprimir en el mea de octubre de 1996 
en Pettirossí srl. 

Adolfo Lapuente 2289. Montevideo. Uruguay 
Edición amparada en el Art 79 de la Ley N a 13 349 
Depósito Legal N° 303 501 




rara miuk 


El imperativo de lo memoria hizo del posado dictatorial una preocupación 
para la colectividad toda En cierto sentido, lo historio de los períodos 
cercanos se construye siempre bo¡o b oresión de b memoria. Pero este se 
ogtoiza cuando se trota de sucesos que marcaron hondamente la vida 
personal y social. 

Partiendo de que los "fracturas de memoria" no se relocionobon solamente 
con bs violacones de los derechos humanos, sino que se vinculaban también 
con gestos cotidianos que afectaron, entre otras muchas cosas, la relación de 
lo comunidad con su posado, bs autoras se interrogan por lo escena público 
durante la dictoauro, por las medidos que afectaron a los habitantes del país 
más alió de su posición (rente al régimen 

Desde una preocupación por la memoria social, se centran en el progromo 
de conmemoraciones de bs ciento cincuenta oños de la Cruzado Libertadora, 
realizado durante 1975, bajo el rótulo de ' Año de la Oriental dad". 
Describen la porafernaiia patriótico que saturó b escena público y analizan 
el uso político de to historio durante 1975. En ese año, desfiles, actos y 
orengos nacional slas fueron promovidos como instancias de comunión, en 
sustitución de bs bzos sociales abolidos. Al disolver los formas tradicionales 
de organización político y social, d gobierno dictatorial buscó durante sus 
primeros oños conformar espacios alternativos de ratificación En ese 
contexto, las conmemoraciones históricos contribuyeron o encauzar b 
búsqueda de apoyos y b necesidad de contrdor bs moni Estaciones 
públicos. 

Este libro busca trascender una lectura demasiado apegado a bs ovatares 
políticos coyunturales e intento abordar los tradiciones nacionales en su larga 
duración, en sus continuidades y rupturas a nivel historiografía? y pal tica, En 
resumen, esta investigación indoga en los esfuerzos de los sectores dictato¬ 
riales por reformubr los contenidos y modalidades de la identidad nocional 

Isabela Cosse |19óó| y Vania Markarian 1971) investigadoras en 

Histono han centra¬ 
do su trabajo en 
memorb social, iden¬ 
tidad nacional y en 
estudios soPre la 
concienciu histórica 
nacional. Publicaron, 
conjuntamente, Me¬ 
morias de !a Historia. 
Una ap: oxidación al 
estudio de la canden- 
ckj/ustó'K.a TKJcional 
(Trilce 1994) 

TRILCE